Una mujer se protege del sol y del calor. EFE
El refrán aragonés que no entiende el resto de España: un consejo perfecto para combatir el calor del verano
En Aragón se usan muchos refranes tradicionales que guardan una gran sabiduría popular.
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En Aragón, nueve meses de invierno y tres de infierno. O eso decía mi abuela cuando acalorada entraba a su casa al mediodía los meses de verano.
Los refranes son pequeñas cápsulas de sabiduría popular que han sobrevivido al paso de los siglos gracias a la memoria de nuestros mayores.
Con ritmo, musicalidad y una sorprendente capacidad para sintetizar enseñanzas, hablan de todo: de amistad, el trabajo, el dinero, el campo y, por supuesto, del tiempo.
Mucho antes de que existieran las aplicaciones meteorológicas o las alertas por altas temperaturas, los habitantes de los pueblos observaban el cielo y la naturaleza para anticiparse a los cambios de estación.
Y ahora que el calor aprieta y Zaragoza se acerca a una nueva ola de calor, recuperar algunos de esos dichos puede resultar más útil de lo que parece.
Aragón conserva un rico patrimonio de refranes vinculados al clima, aunque hay uno especialmente singular que apenas se conoce fuera de la comunidad. Dice así: "Cuando da vuelta el sol, prepara la dalla y deja el tizón".
La frase hace referencia al momento en que, a finales de junio, el sol modifica su recorrido y los días alcanzan su máxima duración. Es entonces cuando, según la tradición del Alto Aragón, llega la hora de preparar la 'dalla' (la guadaña utilizada para segar) y abandonar el 'tizón', símbolo del fuego de la cocina y de los rigores del invierno.
En otras palabras: comienza la temporada de cosecha y el calor ya es protagonista.
Pero este no es el único refrán aragonés que encierra una lección sobre cómo convivir con las altas temperaturas. Otro de los más repetidos es "Sol de mañana a todos sana", una sentencia que reivindica los beneficios de las primeras horas del día.
La sabiduría popular consideraba que los rayos matutinos tenían efectos positivos sobre el cuerpo y el ánimo.
Hoy sabemos que la exposición moderada al sol por la mañana favorece la síntesis de vitamina D, ayuda a regular los ritmos biológicos y contribuye al bienestar general. Además, en muchas localidades del Alto Aragón, el sol temprano era fundamental para secar la humedad acumulada durante la noche.
Frente a esta visión amable del astro rey aparece su contrapunto: "Sol de las doce a pocos conoce". El mensaje es sencillo pero encierra una gran verdad.
Mientras que el sol de primera hora resulta beneficioso, el del mediodía puede convertirse en un enemigo. Las insolaciones, los golpes de calor y el agotamiento asociados a las horas centrales del día explican por qué, según el refrán, el sol de las doce "conoce a poca gente": casi todos buscan refugio lejos de sus rayos.
Las campañas de prevención actuales insisten en recomendaciones que ya forman parte del sentido común: caminar por la sombra, hidratarse con frecuencia, utilizar sombrero o evitar la actividad física durante las horas de más calor.
Consejos que hoy repiten las administraciones públicas y los cuerpos de seguridad, pero que, en realidad, llevan siglos resonando en la tradición popular.
Porque mucho antes de los termómetros digitales y las alertas meteorológicas, el refranero ya hablaba del calor. Y, como ocurre con frecuencia, no iba desencaminado.