Alex y Adrián en su nuevo restaurante.

Alex y Adrián en su nuevo restaurante. Cedida

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Alex y Adrián abren un nuevo restaurante en Zaragoza: "No hacemos cocina asiática pura. Le damos nuestra vuelta"

El gastrobar se inspira en un callejón asiático, y propone una cocina de fusión entre el producto local y el oriental.

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Zaragoza
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Abrir un restaurante ya es complicado de por sí. Abrirlo después de meses de obras, una inundación inesperada y con los bomberos pasando por el local, todavía más.

Pero si algo transmiten Álex y Adrián al hablar de SOI es que las ganas podían con todo.

El nuevo restaurante se ubica en la calle Baltasar Gracián, muy cerca de la zona universitaria. Detrás del proyecto están estos dos zaragozanos que, después de años trabajando juntos en hostelería, decidieron dar el salto y montar algo propio.

Vienen de trabajar juntos, y se han lanzado a subir su persiana con la idea de dejar atrás el “lujo y el ego” de la alta hostelería para apostar por un concepto más cercano, libre e informal.

“Un local diferente, sin lujo, sin normas, por decirlo así. Que te sientas a gusto, que puedas hablar de la barra a la mesa sin problema” subraya Alex en una entrevista con El Español de Aragón.

Nems fritos, sobrasada de latón de la fueva, queso Arzúa y ketchup de plátano. Soi

Nems fritos, sobrasada de latón de la fueva, queso Arzúa y ketchup de plátano. Soi

La propuesta gira alrededor del producto local pero con técnicas y sabores inspirados en Asia y una experiencia informal. Aquí no hay manteles ni protocolos. En las mesas hay una caja con servilletas, cubiertos y palillos para que cada uno se sirva como quiera. "Queremos que la gente esté cómoda, como en casa", explica Adrián, el chef.

La cocina es el terreno donde más se nota la personalidad del proyecto. Adrián lleva prácticamente toda la vida entre fogones. Empezó con 15 años trabajando con su madre, estudió cocina y después pasó por algunas casas de referencia, entre ellas DiverXO y los restaurantes de Ricard Camarena.

Pero más allá de los nombres, hay una influencia que aparece constantemente en la conversación: el sudeste asiático. "Tailandia me cambió bastante la forma de entender la cocina", cuenta.

Desde entonces ha viajado varias veces por la zona, formándose y aprendiendo técnicas que ahora traslada a SOI.

Eso sí, deja claro que no buscan reproducir recetas tradicionales al pie de la letra. La idea es jugar con ellas.

En la carta aparecen dumplings de carabinero, panes al vapor rellenos de choco en su tinta o platos cocinados al wok con producto local. "No hacemos cocina asiática pura. Le damos nuestra vuelta", explica.

Vieiras a la brasa, leche de tigre de maracuyá y ají, jerez y pimentón. SOI

Vieiras a la brasa, leche de tigre de maracuyá y ají, jerez y pimentón. SOI

También han querido alejarse de otra cosa: los precios desorbitados.

"Venimos de sitios donde ir a cenar era algo que te permitías una o dos veces", señala Adrián. En SOI, los bocados arrancan en torno a los seis euros y ningún plato supera los 19. "Queríamos que pudiera venir todo el mundo", afirman los emprendedores.

Reforma del local

La aventura empresarial tampoco ha estado exenta de sobresaltos.

Según cuentan, la reforma fue más compleja de lo esperado. "Lo vimos muy bien al principio, pero luego empiezas a trabajar y descubres problemas que no se ven en una visita", explica Adrián.

Interior de Soi.

Interior de Soi. Cedida

Lo que parecía una reforma sencilla acabó convirtiéndose en una cadena de imprevistos. Uno de los más recordados llegó cuando estaban instalando una estantería en la cocina. Taladraron una tubería, el local se inundó y tuvieron que intervenir los bomberos. "Fue un desastre", reconocen entre risas.

En medio de todo ese caos apareció una figura clave: el abuelo de Adrián. Con 82 años, les ayudó con la instalación eléctrica, la fontanería y buena parte de los trabajos técnicos del local. "Le tengo que dar las gracias porque nos ha ayudado en todo", asegura.

Es más, la inversión ha sido de unos 40.000 euros con el traslado y todo; pero si no hubiera sido por el manitas de su abuelo, "habría sido muchísimo más".

Y no solo eso. También se ha convertido en uno de los primeros críticos gastronómicos de la casa. Adrián lo pone de ejemplo para explicar que la cocina en el SOI, aunque oriental y con propuestas exóticas, puede gustar a todos: "Si le gusta a mi abuelo, le puede gustar a cualquiera", bromea.

Por ahora, SOI arranca con un equipo pequeño: ellos dos. Adrián en cocina y Álex en la barra. El local tiene capacidad para unas 30 personas y la idea es crecer poco a poco, sin perder la esencia.

Porque si algo repiten durante toda la conversación es que no querían abrir un restaurante para impresionar a nadie. Querían abrir un sitio al que ellos mismos irían a comer. Y eso, en los tiempos del postureo gastronómico, casi suena revolucionario.