Agnita y Bianca.

Agnita y Bianca. E.E.

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Agnita y Bianca, dueñas de la pastelería de Zaragoza con los postres de moda: "Hacemos todo desde cero y cuesta mucho"

Estas amigas, naturales de Rumanía, están al frente de Dulce Paladar desde hace un año, y han conquistado a la ciudad gracias a elaborar los postres en forma de fruta más virales de Francia.

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Zaragoza
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Agnita y Bianca son dos amigas naturales de Rumanía que se conocen desde hace muchos años. Lo que nunca imaginaron es que terminarían abriendo su propia pastelería y que serían pioneras en Zaragoza.

Cada una tenía su trabajo, pero como apasionadas de la pastelería y tras haber hecho muchos cursos, una noche surgió la idea: “¿Por qué no miramos alguna pastelería?”. Así pues, comenzaron a mirar locales, tantear el mercado y encontraron uno que les gustó, el actual en la calle de Pano y Ruata, 9.

Era precisamente lo que ellas buscaban, un espacio pequeño y con obrador. Y así, en abril del pasado 2025 comenzó la aventura de Dulce Paladar.

Eso sí, cabe destacar que años atrás ya habían dado un primer paso: abrir una página de Facebook, que luego fue Instagram, para publicar sus productos. Así pues, preparaban algún pedido para Navidad, Semana Santa o cumpleaños.

Con conocimiento en el oficio, pero sin haber dirigido nunca un negocio, Agnita y Bianca fueron poco a poco trabajando y llegando a los vecinos de la zona.

Sin embargo, a día de hoy, estas amigas pueden presumir de haberse hecho un hueco en un sector con mucha competencia. Más allá del cariño y la atención, ha sido gracias a elaborar los postres más virales (y bonitos) de las redes sociales. No son otros que los postres en forma de fruta del pastelero francés Cédric Grolet (conocidos como ‘trompe-l'œil’, postres trampantojo).

En Zaragoza no había ninguna pastelería en la que encontrarlos hasta que en verano ellas decidieron incluirlos. En su caso, explican que fue porque en Rumanía se llevan mucho. “Fue un boom, hay unos chicos que son buenísimos que han ido a hacer el curso en América. De ahí surgió la idea de hacerlos nosotras. Como no había nada, probamos”, reflexiona Bianca.

Escaparate de Dulce Paladar.

Escaparate de Dulce Paladar. E.E.

No tiene nada que ver con los de Francia. La calidad del producto no es igual, porque nosotras no nos podemos permitir gastar lo que gasta él, por ejemplo, en el chocolate”, confiesa Agnita, que defiende que tampoco se paga lo mismo.

En el caso de los originales de París, señalan que mínimo se pagan 18 euros, mientras que el de pistacho se va a los 35 euros. En Dulce Paladar, oscilan entre los 8 y los 9 euros.

“Sabemos que no es lo de allá, pero intentamos que el sabor sea lo que representa. Trabajamos mucho en esto”, explican las dueñas.

En este sentido, insisten en que hacen todo ellas “desde cero” e in situ para conseguir un producto de buena calidad, aunque sea en menor cantidad. “Esta es una pastelería artesanal, como lo que te hace tu madre en casa”, detalla.

Además, elaborar cada una de las “frutas” es un proceso largo, que se va haciendo durante días. Desde comprar la fruta, hacer la mermelada, congelarla, montar el postre…

Sin duda, estos postres han sido un antes y un después para el negocio, aunque hasta que la gente de Zaragoza supo que las vendían, pasó un tiempo. En esto, destacan el impulso que suponen las redes sociales.

Dentro de su escaparate, al que se va la vista paseando por la calle, pueden elegirse diferentes tipos de frutas y, según desvelan las propietarias, todos se venden mucho. La lista actual la componen el de mango, pistacho, frambuesa, cacahuete, cacao, limón, arándano, cereza, palomita, café, cruasán, coco, zanahoria y naranja.

Otros productos

En su pequeña tienda, Agnita y Bianca también ofrecen alfajores, galletas o tartas como la Red Velvet, “diferente a otras”, y otras personalizadas casi a medida para cada cliente.

Todo se vende muy bien y algo que les ha sorprendido han sido los ‘borrachos’, un pastel que empezaron a hacer pensando en el público rumano, pero que se llevan más los españoles.

“La gente que ha venido a por las frutas y ha visto que hay algo más y se han atrevido a probar”, finaliza las pasteleras.

Su ilusión por su trabajo, que sigue siendo su pasión, se refleja en su rostro con alegría y humor. También con el objetivo de seguir recibiendo nuevos clientes y sorprender con cada bocado.