Joseba Bonaut, profesor de Comunicación en la UZ.

Joseba Bonaut, profesor de Comunicación en la UZ.

Opinión

La crisis de la narratividad en el cine

Publicada

La pasada semana pude ver, y disfrutar, la última película de Steven Spielberg, “El día de la revelación”. Maltratado por la crítica, este filme revisita el universo del director estadounidense, reconfigurando y actualizando su visión de la vida fuera de nuestro planeta, que ya planteó brillantemente en películas como “Encuentros en la tercera fase” o “E.T.”

Sin querer entrar en los debates sobre si es una de las peores obras de Spielberg, si se considera un fracaso, o bien si es una joya que se debe reivindicar, sí que sé, con toda seguridad, que salí del cine con una gran sonrisa y con la sensación de haber vivido un carrusel de emociones que me transportaron al cine que viví de pequeño, allá por los años 80.

Ahí me di cuenta de la diferencia existente entre creadores como Spielberg, Coppola o Scorsese, grandes narradores, y la mayor parte de los cineastas actuales.

En definitiva, me pregunté sobre las razones que provocan que la mayor parte de los filmes actuales sean superficiales, fragmentados, sin apenas hilo narrativo y, por desgracia, condenadamente largos.

Y creo que la clave de todo está en la crisis de la narratividad en el cine, aunque podría ser extensible a otras formas artísticas (literatura, música, etc.).

Es decir, hemos perdido la necesidad básica del ser humano de ser persuadidos por el arte de contar historias, y nos hemos abandonado a los meros impactos audiovisuales, a un mundo fragmentado con una ausencia evidente de sentido.

En definitiva, gran parte de las películas actuales se deslizan narrativamente durante más de 120 minutos sin profundizar en los conflictos de los personajes, sin definir a estos, sin explicar sus motivaciones, sus deseos y sus frustraciones. E incluso también se ha perdido algo básico en toda buena historia: el humor. Esta ausencia dice mucho de nuestro tiempo.

El filósofo Byung-Chul Han, en su obra La crisis de la narración explica este fenómeno afirmando que “la sociedad actual ha sustituido el relato unificador por el exceso de información”. Y añade, en completa relación con lo explicado anteriormente, que “las narrativas tradicionales otorgaban sentido, cohesión y comunidad, mientras que la información fragmentada convierte a los individuos en consumidores aislados, extraviados sin una historia que dignifique su vida”.

En definitiva, el pensador surcoreano incide y contrasta el consumo rápido que caracteriza a la información, frente a los vínculos duraderos que genera el relato, es decir, la narración.

Es, tal y como sentencia Byung-Chul Han, un resultado de la crisis de nuestros días: “la falta de un relato vital se vincula a su filosofía sobre el tiempo fragmentado, donde la vida carece de una duración y un orden que le dé sentido trascendente”.

Y es ahí donde los grandes “cuentistas”, como Spielberg, superan esta visión reduccionista, ya que son capaces de trascender y dar sentido a las historias, generar preguntas y reflexionar sobre los eternos problemas del ser humano, pero entreteniéndonos, dejándonos sentados en la butaca de la sala de cine embobados, haciéndonos partícipes de un acto comunitario que, cuando finaliza, nos hace sentir que la vida puede ser mágica.