David Fauquié, director de Auren Legal. E. E.
De todos es sabido que unir experiencia con innovación puede dar grandes resultados.
Pese a ello, durante años, el ecosistema empresarial se ha movido entre dos polos casi opuestos. Por un lado, las startups: empresas jóvenes, ágiles con ideas innovadoras y disruptivas basadas en tecnologías emergentes. Por otro, las empresas de corte tradicional, con experiencia operativa, redes comerciales sólidas y conocimiento del mercado.
Hoy, en un contexto de aceleración digital arrolladora, aprovechar esta dicotomía se ha convertido en una oportunidad estratégica. La Open Innovation (Innovación Abierta) se presenta como la fórmula idónea para aunar la frescura del emprendimiento con la estabilidad estructural de la empresa ya consolidada. Todo ello para multiplicar valor.
Y no hablamos de una teoría bienintencionada, sino de una fórmula contrastada. Programas de innovación abierta tanto globales como locales han demostrado que las sinergias generadas por estas dos visiones impulsan el crecimiento, el empleo y la competitividad. En España, donde el 99% del sector empresarial son pymes, esta colaboración ha de convertirse en la regla (y no en la excepción) para no quedarse atrás en la carrera global.
En la Innovación Abierta se sustituye la externalización por la co-creación, posibilitando que la magia surja de las complementariedades: Las startups aportan agilidad y visión de futuro, creatividad disruptiva, talento digital nativo y capacidad de pivotar ante cambios (IA generativa, blockchain y otros) mientras que las empresas maduras contribuyen con recursos, escala, experiencia y credibilidad en su entorno para validar soluciones en mercados reales. El resultado es claro: proyectos que escalan con mayor velocidad y con menor riesgo.
En España podemos encontrar casos de éxito como el de SEAT que, a través de su iniciativa CODE (Center of Digital Innovation), colabora con emprendedores en proyectos de movilidad autónoma, aunando experiencia automovilística y datos predictivos.
BBVA, por su parte, ha impulsado procesos de codesarrollo en ámbitos como los pagos inmediatos o ciberseguridad, mejorando así su propuesta de valor y la experiencia de cliente. También Repsol, Telefónica o Mercadona, con su conocidísima 'Lanzadera', son otros ejemplos que han demostrado que la colaboración con el ecosistema emprendedor no es una moda, sino una estrategia de competitividad.
En nuestra tierra aragonesa contamos también con iniciativas de este tipo. Bajo el impulso de entidades como CEEI Aragón, CIEM Zaragoza, ITAINNOVA o el propio Gobierno de Aragón, florecen programas e iniciativas orientadas a conectar la industria local con el talento emergente y el ecosistema emprendedor.
Empresas aragonesas de sectores como el agroalimentario, el retail o la logística han integrado, entre otras, soluciones de IoT, trazabilidad blockchain y otras tecnologías disruptivas apoyadas por startups de la Comunidad. El resultado ha sido la optimización de procesos demostrando que la Innovación Abierta prospera en entornos colaborativos, máxime cuando cuenta con un apoyo institucional capaz de acompañar y mitigar los riesgos iniciales.
Por tanto, no se trata de una cuestión de tamaño de empresa sino de que exista una voluntad de avanzar, innovar y mejorar sobre la base de la colaboración y el trabajo conjunto.
Además, más allá del beneficio directo de quienes conforman estas iniciativas, las dinámicas de Open Innovation generan, a su vez, un efecto arrastre en el tejido económico. Con el establecimiento de conexiones entre emprendedores y organizaciones consolidadas, se potencia el empleo cualificado, la transferencia de conocimiento y la atracción de inversión. En definitiva, no solo se fortalecen proyectos concretos: se fortalece el ecosistema.
Estas aventuras, sin embargo, no están carentes de riesgos. Las diferencias culturales entre ambos mundos suelen generar fricciones inevitables. Mientras las startups priorizan la velocidad y la adaptación ágil, las empresas tradicionales resultan más prudentes y someten sus decisiones a tiempos más prolongados. A ello se suman cuestiones como la titularidad sobre la propiedad intelectual surgida de esta colaboración, el tratamiento de datos sensibles, el reparto de beneficios y otros muchos puntos que se han de sortear en el camino a recorrer.
Pero, como casi siempre todo tiene solución. La clave reside en articular una gobernanza híbrida, apoyada en una alineación contractual de intereses. Y para ello resulta fundamental contar con un asesoramiento experto que permita navegar por estas aguas complejas.
Porque el acompañamiento especializado actúa como ese “pegamento invisible” que marca la diferencia entre proyectos efímeros y proyectos transformadores. Ese apoyo especializado en cuestiones clave tanto en el plano jurídico como tecnológico permite alinear los intereses de ambas partes a través de soluciones diversas como: la creación de Joint Ventures o Corporate Venture Capital (CVC), la protección de la Propiedad Intelectual mediante licencias cruzadas, la fiscalidad óptima (deducciones I+D+i, coinversión) o la protección reforzada en materia de protección de datos, entre muchas otras.
Conviene, por último, no olvidar la apuesta de la Unión Europea por la Open Innovation, canalizada en España a través de los PERTE (Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica). Estas ayudas pretenden facilitar grandes proyectos sustentados en la colaboración entre empresas tractoras, pymes y startups, propiciando el aunar las distintas capacidades y fortalezas para acelerarla modernización de la economía.
El siglo XXI premia las alianzas inteligentes y la capacidad de unir experiencia, talento y tecnología. La Innovación Abierta no es solo una estrategia, sino una forma de transformar el conocimiento en valor tangible y sostenible para todo el tejido empresarial.