Octavio Gómez Milián, profesor y escritor

Octavio Gómez Milián, profesor y escritor

Opinión

Alhucemas capital Caracas

Publicada

Uno de los actos olvidados del año Franco fue el aniversario del desembarco en Alhucemas. Cien años desde la pacificación del Ifni. Todos callados no vaya a ser que molestemos a Mohammed VI y la izquierda de Malasaña con tanta referencia a las columnas de Sanjurjo y el coronel Francisco Franco.

Diez décadas, veinte lustros y Primo de Rivera, padre (el del parque, el parque Grande, no se me confundan), mandando telegramas al Borbón de turno. Y es que en política exterior las cosas cambian muy rápido, como en la interior: antes nos reuníamos en torno a la virgen del lugar, pasamos a las pancartas y ahora, ahora tuiteamos fuerte y progresista contra la intervención de Trump en Venezuela.

Es cuestión de cabalgar contradicciones, como decía mi exministro favorito, el anaranjado Pablo Iglesias (cómo se queda el rostro, pétreo y sin ambages, cuando te pilla el desprecio al derecho internacional esquiando), fíjate yo mismo, que voy de liberal y me pongo en la puerta del instituto para ver si el presidente Azcón nos pone administrativos y líneas de autobuses regulares.

Y es que funcionario o no, construir un diorama del desembarco español en la playa con figuras de Lego sale muy caro, así que acabo comprando los materiales para el blocao en páginas de China. Puede que cuando me lleguen se me hayan pasado las ganas de los juguetes.

Me pasará como a la candidata Alegría, que ha pasado de cantar las bondades de la financiación para Cataluña a marcar líneas (rojas, por supuesto) con el tema. Eso sí, como las siga moviendo acabará en una esquina y no podrá ir a votar.

La candidata Alegría y el presidente Azcón son más de interior que otra cosa. Una juega con cartas tan marcadas que casi da un poco de pena. Luego ves al golpista Junqueras salir de la Moncloa riéndose de Aragón y se te pasa. Pilar y el concordato con el independentismo catalán, Jorge y sus colegios concertados.

Para seguir este partido, cambio de canal. Y vuelvo a las arepas y el petróleo. Política internacional era la de antes. ¿Antes de cuándo, Octavio? Antes de que el presidente Zapatero (también le llaman el presidente Midas, por el tema del oro) se quedara sentado frente a la bandera norteamericana.

Para hacer eso, mejor que no la saquen, que la guarden. La foto de Aznar, Blair y Bush. Ahí sí que teníamos bien sazonado el guiso, de perejil y guindilla. Militarizaremos los carteros antes de la derrota final. Qué frío hace en Alaska, cantaba Lou Reed. Más en Groenlandia. Es lo que tiene de satánico la democracia, que solo se puede combatir democráticamente.

Estiremos los límites de las quejas. Que parece que no os acordéis, pero aparte del pobre Rommel Fernández (delantero centro del Albacete) estaba Noriega. Y con el Canal (y las vías de transporte) no se juega. Tú es que eras muy crío, le digo a mi fisio, pero entraron en Panamá y aquí paz y después gloria. Y es que si quieren Groenlandia será por algo. Es como volver al Ifni, claro.

Parece que es tener por tener, pero, más bien, es una cuestión de imagen. Nos queda la pataleta. O elegir virreinato. Yanquis, chinos o rusos. Malvinas argentinas y Gibraltar español.