Félix Gil, presidente de Tecnara y CEO de Integra
En 2026, el debate sobre el talento TIC en España ya no va de "si habrá demanda", sino de quién llega preparado y quién se queda mirando cómo otros se llevan la ventaja.
La digitalización sigue apretando, pero la diferencia es que ahora la inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa para convertirse en una palanca real de productividad. Y eso cambia las reglas: las empresas están pasando de la experimentación a la implementación en procesos clave, y ese salto no se sostiene solo con tecnología. Se sostiene con personas capaces de rediseñar trabajo, decisiones y operaciones con criterio.
Europa lo está diciendo sin rodeos: apenas un 55,6% de la población tiene competencias digitales básicas, y la disponibilidad de especialistas TIC con capacidades avanzadas sigue siendo baja, con brechas que afectan directamente a ciberseguridad e IA. La consecuencia es obvia: si el listón mínimo aún no está garantizado, el listón avanzado (el que marca la competitividad) se convierte en un factor de desigualdad entre empresas.
Hablamos de tener en plantilla a gente que entienda datos, automatización, gobierno de la información, seguridad, arquitectura cloud y, cada vez más, cómo se integra IA sin romper el negocio.
España parte con una paradoja interesante. Por un lado, el país tiene un volumen relevante de especialistas TIC en términos europeos: en 2024 había algo más de un millón y España representaba en torno al 10% del total de especialistas TIC empleados en la UE, según Eurostat.
Por otro, esa cifra no elimina la tensión: el mercado está estirado, la competencia por perfiles es dura y la conversación real en muchas organizaciones no es "a quién contrato", sino "cómo convierto a mi gente actual en el talento que necesito". Ahí entra la oportunidad de 2026: upskilling y reskilling como estrategia empresarial.
La IA es el acelerador. Cuando una empresa implanta IA en atención al cliente, en ventas, en compras, en finanzas o en operaciones, lo que cambia no es solo la herramienta: cambia el flujo de decisiones, el criterio para priorizar, el tipo de incidencias que llegan a un equipo, la forma de documentar y auditar. Y eso exige competencias que no se improvisan.
El Foro Económico Mundial estima que, globalmente, el 39% de las competencias "core" cambiarán de aquí a 2030. En España, además, varios análisis apuntan a que una parte significativa de la fuerza laboral tendrá que mejorar sus habilidades para seguir siendo empleable en 2030, precisamente por automatización e IA.
Y la integración de la IA requiere tres capacidades que hoy no están tan extendidas como creemos. La primera es la capacidad de negocio: entender el proceso y detectar dónde la IA aporta valor sin generar riesgo operativo o reputacional.
La segunda es la capacidad técnica aplicada: saber trabajar con datos, herramientas, modelos, automatización y seguridad con una mentalidad de producto.
La tercera es la capacidad humana: comunicación, pensamiento crítico, aprendizaje continuo y una relación madura con la tecnología (ni miedo, ni euforia).
Por eso el talento TIC en 2026 no es solo "talento de TI". Es talento en todas las áreas con alfabetización digital real, y con un nivel suficiente como para colaborar con perfiles especialistas sin convertirse en un cuello de botella.
La empresa que lo entienda antes tendrá una ventaja acumulativa: podrá rediseñar puestos, reducir fricción interna, mejorar tiempos de respuesta y elevar la calidad de servicio. La que lo deje "para luego" vivirá en modo parche: herramientas nuevas encima de procesos antiguos, equipos saturados y decisiones lentas.
La buena noticia es que esta urgencia tiene solución, y además es una solución con retorno rápido cuando se hace bien. No hablamos de formar por formar. Hablamos de planes de capacitación ligados a procesos concretos y a métricas de negocio: automatizar tareas repetitivas, mejorar la calidad del dato, reforzar seguridad, reducir tiempos de ciclo, elevar conversión comercial, bajar incidencias, acelerar cierre contable.
La IA permite medir mejor el impacto del aprendizaje porque obliga a definir casos de uso, responsables, datos y resultados. Y eso convierte la formación en una inversión con trazabilidad.
2026 es un año bisagra. La ventana de oportunidad está abierta, pero no va a estarlo siempre. El mercado ya está premiando a quien avanza con método y penalizando a quien se queda en piloto. El talento TIC (en sentido amplio) es el motor de ese avance.
Y aquí va la urgencia: si tu empresa no está formando hoy, tu competencia sí. La diferencia entre liderar o sobrevivir no la marcará la herramienta que compres, sino la velocidad con la que tu gente aprenda a usarla para cambiar el negocio desde dentro.