Constancio Navarro, presidente de la Unión Vecinal

Constancio Navarro, presidente de la Unión Vecinal E.E.

Opinión

¿Y si?

Constancio Navarro, presidente de la Unión Vecinal
Zaragoza
Publicada

Pocas veces somos conscientes de la importancia que algunas decisiones tienen en el desarrollo y el futuro de una ciudad. Una de ellas ocurrió en el año 1998, siendo alcaldesa Luisa Fernanda Rudi y presidente del Gobierno de Aragón Santiago Lanzuela Marina.

Ese año ya se preveía la llegada del tren de alta velocidad; anteriormente se había convocado un concurso para construir una estación central de autobuses (hasta 2007 había unas cuantas estaciones de autobuses en Zaragoza, dependiendo de su destino y operador) junto a la estación de tren de Campo Sepulcro.

Todo parecía indicar que los terrenos de esa estación se convertirían en la gran estación intermodal que Zaragoza ya necesitaba. Una estación en el núcleo de la ciudad, cercana, con terreno suficiente para poder desarrollar una infraestructura moderna, similar a las de otras ciudades españolas.

Sin embargo, ese año 1998 se tomó una decisión sorprendente: basándose en un solo informe, se decidió que la nueva estación se construiría en la avenida de Navarra, junto a la antigua estación de Delicias o de Caminrreal, liberando de uso ferroviario los terrenos de la estación de Campo Sepulcro.

Una estación alejada del centro de la ciudad y mal comunicada. Poco después, en 2002, se constituiría la sociedad Zaragoza Alta Velocidad para gestionar los terrenos a su alrededor. La nueva estación se inauguró el año 2003, el año 2007 la estación central de autobuses y en 2008 comenzó a funcionar la primera línea de cercanías, denominada C1.

Es cierto que las grandes infraestructuras han tirado siempre de la ciudad, como la Feria de Muestras de Isabel la Católica, que atrajo el crecimiento de la ciudad, o la actual, que ha producido también un tirón fundamental hacia ella (Arcosur). Lo mismo puede decirse de la estación intermodal de Delicias; la posibilidad de una operación urbanística de grandes proporciones (luego frustrada por la crisis económica) constituyó, sin apenas dudas, uno de los motivos para su elección.

A estas alturas (2025) todavía no se han logrado las plusvalías esperadas y un vial subterráneo entre la estación y Anselmo Clavé permanece inconcluso.

Pero, ¿y si la estación se hubiera construido sustituyendo a la de Campo Sepulcro? Seguramente contaríamos con una infraestructura también moderna, bien comunicada, similar a otra como Atocha en Madrid.

Imaginemos que al igual que en Atocha, se cubría una gran parte del terreno con una gran bóveda ligera, transparente, abierta, que albergara unos jardines protegidos de la climatología. Lo que no habría serían plusvalías enormes con terrenos reclasificados para hacer muchas torres de viviendas de gran altura. Y no parece creíble que el tráfico de vehículos supusiera un gran problema.

Pero eso nunca lo veremos; la decisión se tomó con base en un informe que tenemos que suponer que valoraría las dos opciones. Pero hay que recordar que fue una gran sorpresa para casi todos.

Podríamos seguir con otros ejemplos. ¿Y si se hubiera construido un aparcamiento público bajo en paseo de la Independencia? En este caso, la presión vecinal lo impidió, además de la aparición de restos de cimentaciones que en cualquier mapa antiguo se podían adivinar y el inconveniente del paso de determinadas infraestructuras bajo el suelo.

Se señaló que ya había suficientes aparcamientos en las cercanías y que se colapsaría el tráfico de la ciudad. Se contrapuso la potenciación de un eje comercial potentísimo frente a estudios ¿fundamentados? sobre los problemas que originaría a la ciudad. Pero también se estaba en contra de la generación de nuevas plusvalías para "los de siempre".

Tampoco lo veremos nunca, pues la evolución actual de las ciudades mira hacia la supresión de los vehículos privados por el centro de la ciudad. Pero ese es otro tema; es el de qué hacemos con los automóviles en la ciudad, ya sean de combustión, a pilas, con conductor, sin ellos … Si el transporte público no satisface las necesidades de los ciudadanos los vehículos privados no desaparecerán.

¿Cómo los aparcamos y dónde? ¿Habrá que construir edificios en altura para aparcarlos? Tampoco parece que vayan a ir por ahí los tiros.

Es imposible predecir el futuro, pero se puede determinar, y a veces con unas decisiones poco explicadas o poco fundamentadas. En cualquier caso, imaginar cómo podría haber sido la ciudad cuesta poco. Y no suele servir para nada. Ni siquiera para aprender de los posibles errores o aciertos.