Elena Tomás, portavoz de Zaragoza en Común, en una de las bodas que ha oficiado. Zaragoza
La cara más romántica del Ayuntamiento de Zaragoza con sus concejales del amor: "Es lo más divertido del trabajo"
Los ediles, más allá de sus funciones políticas, tienen la obligación de oficiar matrimonios civiles y convertirse, por unas horas, en los 'casamenteros' de la ciudad.
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En el Ayuntamiento de Zaragoza no todo son plenos y disputas. También hay espacio para el amor.
Y es que, entre sus múltiples funciones, los concejales tienen la obligación de oficiar matrimonios civiles y convertirse, por unas horas, en los particulares 'casamenteros' de la ciudad.
Aunque para muchos de ellos se trata de una tarea que va "mucho más allá de un trámite administrativo".
La propia alcaldesa, Natalia Chueca, ha ejercido varias veces de maestra de ceremonias. La última, este mismo fin de semana.
"Hay momentos en los que ser alcaldesa te toca especialmente el corazón. Casar a dos personas que se quieren es uno de ellos. Compartir sus nervios, sus miradas, la emoción de sus familias… y tener el privilegio de acompañarlos justo en el instante en el que se dicen 'sí' y deciden comenzar un proyecto de vida juntos es algo realmente especial", admitía en sus redes sociales.
Los hay que, además de emocionarse, son unos auténticos enamorados de las bodas e incluso consideran que esta parte de su profesión "es la más divertida".
Así lo ve el concejal socialista Horacio Royo, que este pasado fin de semana ofició ni más ni menos que 12 bodas. "Es un chute de buen rollo, en comparación con nuestro día a día. De repente llegas ahí y te encuentras a un montón de gente sonriendo", asegura.
Aunque, eso sí, se trata de una tarea que no está exenta de complejidad. Sobre todo porque, "esas personas están confiando, de alguna manera, uno de los días más especiales de sus vidas en ti", explica la concejal de Movilidad, Tatiana Gaudes.
Incluso la portavoz de Zaragoza en Común, Elena Tomás, quien se define como una persona que no cree "nada" en el matrimonio, confiesa que en la mayoría de bodas que ha oficiado se ha emocionado.
En su caso, al igual que en el del resto de líderes de los grupos, no tiene la obligación de oficiar enlaces matrimoniales como el resto de compañeros. Es por eso que, los que ha hecho, y los que tiene pendientes, "son de gente conocida que pide el favor".
"Eso hace que que te emociones mucho, es un momento tan íntimo y tan bonito que es inevitable muchas veces", asegura.
Recuerda, por ejemplo, una boda en la que el padre de la novia se emocionó "muchísimo" leyendo el discurso.
"El pobre hombre llevaba el micro y los papeles que casi no podía aguantar las dos cosas. Así que me puse a su lado, le puse una mano en la espalda para darle ánimo y le aguanté el micrófono mientras leía", cuenta con cariño.
La preparación
En cuanto a la preparación, cada maestrillo tiene su librillo. Los hay, como Horacio Royo, que llevan tantos años que se saben de memoria lo que quieren decir. Aunque no todas las parejas son iguales, por lo que muchas veces "toca improvisar un poco sobre la marcha".
El socialista, por ejemplo, tiene ya la capacidad de leer las caras de los presentes. "Si les gusta, les hace gracia o les interesa lo que les cuento sigo para delante. Si no, cambio de rumbo", admite.
Otros, en cambio, se preparan de 'pe a pa' todo lo que quieren decir. La portavoz de Vox, Eva Torres, reconoce que quiere saber todo tipo de detalles de los novios, como "quiénes son, su edad, qué tipo de boda quieren, si hay muchos invitados o, incluso, si se trata de su primera vez".
Tatiana Gaudes, concejal de Movilidad, en una de las ceremonias que ha oficiado. Zaragoza
Un trabajo previo que le sirve para ejecutar a la perfección su papel y, sobre todo, "hacerlo como realmente quiere la pareja".
Se le viene a la cabeza una vez en la que los novios querían una boda exprés. "No querían nada, ni lecturas, ni anillos, ni votos... nada. Y entonces pensé 'bueno, pues vale', después entré, los saludé y leí los tres artículos y punto pelota. Casi que me iban echando conforme leía", recuerda.
Gaudes también es de las que se vuelca por conocer los deseos de los novios. Confiesa que, en su caso, "desearía poder saber más de ellos antes de casarlos porque, a no ser que sean conocidos, los detalles que se trasladan son los mínimos".
Las primeras veces
Desde luego, si hay una ceremonia que ninguno olvida es la primera. Todos admiten que estaban "muy" nerviosos, pero en su mayoría "todo salió como la seda".
Aunque, en el caso de Royo el sabor final fue algo agridulce. Recuerda que se preparó "muchísimo" el que iba a ser su primer discurso, esperando encontrarse a una pareja "enamoradísima".
La realidad, sin embargo, fue que cuando llegó a la boda "cada novio entró por su lado" y le dio la sensación "de que ninguno se quería casar y que lo hacían por conveniencia".
En ese momento, explica que se le pasaron por la cabeza dos opciones: "O hacer un discurso rápido y leer los artículos, o soltar lo que me había preparado hablando del amor para siempre".
"Obviamente, elegí la segunda y no, no salió bien", admite entre risas.
El concejal Horacio Royo en una boda, este pasado fin de semana. Zaragoza
Tomás, por su parte, asegura que "en un primer momento no estaba nada nerviosa". O eso creía, porque a la hora de la verdad dice que le "temblaba todo".
"La poesía me la sabía superbién. La había leído un montón de veces y era una de las que más me gustaban de Patricia Benito. Pero al final tuve que empezar como dos veces porque estaba tan nerviosa... De hecho, miro las fotos de ese día y me veo una cara de tensión al principio. Sentía que estaba haciendo algo muy importante para esas personas", explica.
Esta, que le surgió durante la campaña electoral del 2023, es de sus favoritas. Aunque también guarda en su memoria con "muchísimo cariño" las que ofició de sus compañeros de partido, e incluso, de periodistas de Zaragoza.
Eva Torres, portavoz de Vox, en una de las bodas que ha oficiado. Zaragoza
Y es que entre sus recuerdos, los concejales acumulan miles y millones de anécdotas. Y, en su gran mayoría, más que románticas "son muy divertidas".
Precisamente, este pasado fin de semana Gaudes vivió una de las más épicas que recuerda. "Cuando llegué al salón de ceremonias estaba todo ambientado como un juego de rol, porque los novios se conocieron en una partida. La verdad, fue una pasada. Una vez que di el discurso me relevó otra persona que se metió a tope en el papel y los novios incluso tiraron unos dados a la hora de dar el 'sí quiero'", rememora.
Aunque si se tiene que decantar por alguna, asegura que elige las de personas más cercanas. "He tenido la suerte de poder casar a amigas de la infancia y de la carrera. Es algo súper especial y emocionante", expresa.
Y, es que, tal y como lo plantea Torres, "a veces las bodas casi son más especiales para el concejal, que para la pareja". Aunque hay excepciones, claro. "Los hay que vienen muy enamorados y la ceremonia es bonita, entrañable y muy familiar. Otros no tanto, pero tiene que haber de todo", concluye.