Javier Borrego

Javier Borrego E. E.

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Javier, de pedir la regularización a ayudar a otros inmigrantes: "Sin las entidades sociales, el sistema habría colapsado"

El proceso de regularización extraordinaria finaliza el próximo martes, con más de 20.000 personas habiendo presentado su solicitud.

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Zaragoza
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A contrarreloj y con la esperanza puesta en un futuro más estable, miles de inmigrantes apuran estos días el plazo para presentar su solicitud de regularización dentro del proceso extraordinario impulsado por el Gobierno de España.

Para muchos, se trata de una oportunidad única de salir de la invisibilidad administrativa y acceder a derechos básicos como el trabajo legal o la atención social, abriendo así la puerta a un nuevo horizonte de integración y estabilidad tras años de incertidumbre.

Una de las 20.000 personas, según datos de la Delegación del Gobierno, que ha solicitado este proceso de regularización es Javier. Ingeniero de 62 años, llegó a España a finales de 2024 procedente de un país de Centroamérica, y la regularización de su situación le permite alumbrar el futuro con una mejor perspectiva.

Pronto quedó enamorado de España y, en concreto, de Zaragoza, pero su visa únicamente era válida hasta abril de 2025. Aunque su plan original era regresar antes de que caducara su visa, unos amigos que llevaban años en el país le animaron a quedarse ante los rumores de un próximo proceso de regularización, ofreciéndole apoyo para dar el paso.

Al principio, logró sustentarse gracias al apoyo de sus amigos, quienes le dieron alojamiento y comida, y un dinero que trajo de su país de origen, realizando algún pequeño trabajo "en negro". Sin embargo, llegó un momento de crisis en el que sus ahorros se agotaron y se vio obligado a acudir a las entidades para recibir apoyo.

“Tomé la decisión de estabilizar mi vida aquí en España, y tenía claro que tenía que estar de manera regular, estable y legal”, dice.

Al quedarse sin recursos, Javier acudió a entidades sociales. Primero fue a la Cruz Roja, donde recibió un apoyo fundamental: le otorgaron productos alimenticios, recursos mínimos de aseo y pudo participar en talleres para aprender a manejarse en la sociedad española, enseñándole sobre mecanismos bancarios y el uso de aplicaciones útiles del Ayuntamiento de Zaragoza.

A pesar de no tener papeles, Javier logró empadronarse, lo que le permitió inscribirse en el centro de salud a los tres meses de su llegada. Gracias a esto, pudo acceder a la sanidad pública aragonesa.

“Siento vergüenza de estar recibiendo atención médica y ayudas de entidades sociales, teniendo la capacidad física e intelectual para contribuir con el resultado de mi trabajo”, lamenta Javier.

El proceso de regularización

Ante ello, surgió la oportunidad que llevaba esperando con el proceso extraordinario de regularización y acudió a la Fundación Federico Ozanam para conseguir el informe de vulnerabilidad. Los primeros días del proceso en el ayuntamiento fueron caóticos, con multitudes desesperadas haciendo largas filas, por lo que decidió esperar a que Ozanam abriera su propio proceso unos días después.

“Me impactó muchísimo apreciar el desespero de las multitudes de inmigrantes en el Ayuntamiento, solicitando cita para su informe de vulnerabilidad y empadronamiento histórico. Desconocía la magnitud del problema y era evidente que muchas de los que estaban allí eran o aún son vulnerables”, añade.

Finalmente, obtuvo su certificado con Ozanam e, impactado por la situación de otros inmigrantes, se ofreció como voluntario en esta fundación durante unos 15 días para ayudar en la emisión de certificados a otras personas vulnerables.

“Llegaron mucha personas para recibir su certificado, otros desde la noche anterior y en la madrugada para alcanzar ser atendidos en el día. Eran personas desesperadas, desorientadas, sin el idioma español para poder comunicarse, otras que no tenían una residencia fija... Gracias a los trabajadores de Ozanam, con muchísima preparación, paciencia y amor en el trato, lograron orientarlos en los pasos a seguir y toda la documentación que debían aportar”, resalta.

Actualmente, el proceso se encuentra a la espera de una resolución definitiva, pero Javier ya ha recibido un NIE provisional con una validez de 3 meses, y se inscribió en la bolsa de empleo del Inaem. En cualquier caso, consiguió su número de Seguridad Social y abrió una cuenta bancaria con el objetivo de estar completamente listo para ser contratado.

Mientras, Javier sigue buscando vías de integración y contactó con el centro de formación Lacor, donde está realizando un curso de formación profesional centrado en el montaje y mantenimiento de sistemas de automatización industrial. Durará hasta octubre y le otorgará un certificado de profesionalidad, lo que espera que le permita conseguir un empleo estable para mantenerse por sí mismo y devolver a la sociedad el apoyo que ha recibido.

“Zaragoza es una ciudad con un desarrollo industrial real en los muchos polígonos que tiene alrededor. Está en una zona muy estratégica, en medio de conexiones entre Madrid, Barcelona o el Mediterráneo. Veo muchas perspectivas”, destaca.

La importancia de las entidades en el proceso

A diferencia de la gran mayoría de personas que tuvieron que presentar sus solicitudes de forma individual, Javier pudo contratar a un abogado que le llevó toda la documentación.

Sin embargo, no duda de que estas entidades desempeñaron un papel absolutamente vital en todo el proceso de regularización ante la enorme avalancha de solicitudes. Solo Fundación Ozanam ha emitido 3.650 certificados de vulnerabilidad y ha acompañado a los solicitantes en 200 procesos completos.

“Sin esos apoyos, las instituciones gubernamentales hubieran colapsado a una magnitud mayor. Estas entidades descongestionaron el colapso que tenían. Cruz Roja, Ozanam y la Casa de la Cultura habilitaron a personas o trabajadores sociales que con mucha paciencia y cariño dieron respuestas a las necesidades y las orientaban en los pasos que debían seguir”, sostiene Javier.