Pablo, el aragonés que viaja hasta Madrid para hacer roscones de Reyes.

Pablo, el aragonés que viaja hasta Madrid para hacer roscones de Reyes. E.E Zaragoza

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Pablo, el aragonés que viaja hasta Madrid para hacer roscones de Reyes: "Preparamos 11.000 en cinco días"

El joven ayuda todos los años a su tío, que trabaja en el obrador Camarpan.

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Hay algo que no falta nunca en las casas españolas el día 6 de enero: el roscón de Reyes. Este tradicional postre, símbolo indiscutible de la mañana más mágica del año, llega a miles de mesas gracias al trabajo intenso y silencioso de pasteleros que, durante días -y noches-, se afanan para que todo esté listo a tiempo.

Entre ellos está Pablo Ferraz, un joven aragonés que cada año hace las maletas y viaja hasta Madrid con un objetivo muy claro: ayudar a su tío a elaborar miles de roscones en tiempo récord.

Pablo no va a la capital ni de vacaciones ni por turismo. Su destino es una pastelería madrileña (el Obrador Camarpan) donde trabaja junto a su tío y otros profesionales del sector durante los días previos a Reyes. "Vamos desde año nuevo hasta la noche del día 5 de enero", explica.

Un maratón laboral que se concentra especialmente en los últimos cinco días, cuando la producción se dispara. En ese corto periodo de tiempo, el obrador llega a preparar alrededor de 11.000 roscones.

La organización es milimétrica. En total, participan cuatro pasteleros principales, repartidos en turnos: dos trabajan de noche y dos durante el día. Pero el equipo se amplía con más personas encargadas de las tareas clave para que la cadena no se detenga.

"Por la noche estamos los pasteleros y cuatro más haciendo roscones: poner la fruta, el azúcar, limpiar las bandejas, cortar, rellenar y empaquetar", detalla Pablo. Durante el turno de mañana, el número de trabajadores aumenta, sobre todo en la parte de empaquetado y venta.

El horario no es para cualquiera. Pablo trabaja de 12 de la noche a 10 de la mañana, prácticamente sin descanso. "Lo más duro es trabajar de noche, estar despierto sin parar, siempre de pie, de un lado para otro", señala. El cansancio, además, se acumula.

Especialmente en los últimos días, cuando los pedidos no dejan de llegar y el cuerpo empieza a notar el cambio de horario. "Los dos últimos días son muy duros, cuando ya nos dedicamos a dar todos los encargos y es un poco lío diferenciar el de nata del de crema ", admite, añadiendo entre risas que "alguna vez hay confusiones".

Lo único que lo hace más llevadero es la compañía. Durante la noche, las conversaciones entre compañeros sirven para mantenerse despiertos: anécdotas, historias personales y charlas improvisadas que ayudan a que las horas pasen un poco más rápido.

Aun así, el esfuerzo tiene recompensa. Por cada noche de trabajo, Pablo gana unos 100 euros, lo que se traduce en unos 500 euros al finalizar la semana más intensa del año para las pastelerías. "Está muy bien", reconoce sin dudar. Pero más allá del dinero, Pablo admite que lo hace sobre todo por ayudar a su tío.

Reconoce que hay algo especial en saber que su trabajo formará parte de celebraciones familiares en toda la ciudad. "Es emocionante saber que estás aportando algo a las comidas familiares del día de Reyes", admite.