Alicante
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Ahora que las temperaturas son un poco más amigables con la llegada del otoño, pasear a cualquier hora del día por las calles de pueblos de la provincia de Alicante es sin duda un plan muy apetecible.

Así, cuando viene el fin de semana, además de poder ir de ruta y no morirse de calor, coger el coche y hacer parada en algunos de los pueblos más bonitos se convierte en la excursión ideal.

Una de esas paradas obligatorias en la provincia de Alicante es sin duda Altea. Al acercarse ya el mes de octubre, los turistas veraniegos ya se habrán marchado, dejando un casco antiguo casi vacío e ideal para pasearse.

La "cúpula del Mediterráneo"

Conocida como la “cúpula del Mediterráneo”, Altea reúne en su casco histórico, conocido como El Fornet, calles empedradas de trazado irregular, fachadas encaladas, balcones de forja y buganvillas que estallan en color contra el blanco de las paredes.

El conjunto, declarado Bien de Interés Cultural en 2013 con categoría de Conjunto Histórico, conserva la estructura urbana de origen medieval y los vestigios del antiguo recinto amurallado, con accesos como el Portal Vell y el Portal Nou.

En la parte más alta del núcleo se alza la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Consuelo, construida entre 1900 y 1910 sobre el solar del antiguo castillo, con planta de cruz latina y dos cúpulas de tejas vidriadas en azul y blanco que se han convertido en el icono más fotografiado de la localidad.

Desde varios puntos del litoral y del propio pueblo, esas cúpulas azules dibujan en el horizonte la silueta inconfundible de Altea, visible casi desde cualquier ángulo.

Del casco antiguo al mar

Tras recorrer el casco histórico, el paseo puede continuar hacia el frente marítimo. El Paseo Marítimo Joaquín Planell —o simplemente “el paseo”, como lo llaman los alteanos— recorre cerca de dos kilómetros bordeando la costa, desde el río Algar hasta el puerto deportivo, con palmeras, terrazas y vistas directas al mar.

En esta zona, la oferta de restauración permite cerrar la excursión con arroces, pescados frescos y productos de la huerta, en una gastronomía que resume el Mediterráneo en cada plato.

Y si el día acompaña, siempre queda la opción de bajar a alguna de las playas o calas próximas, ya sin el bullicio del verano, para disfrutar del contraste entre el azul del mar y el blanco del pueblo encaramado en la colina.

Otoño, la mejor temporada

Mientras julio y agosto llenan Altea de visitantes, la primavera y el otoño ofrecen buen tiempo, menos agobios y una luz especialmente bonita para pasear y fotografiar el casco antiguo. En septiembre, además, las fiestas patronales en honor a la Virgen del Consuelo añaden un extra de color, con procesión y fuegos artificiales sobre el mar que convierten la visita en una experiencia aún más especial.

Con su casco histórico protegido, sus calles empedradas y su iconografía de cúpulas azules, Altea se perfila como uno de los mejores planes de otoño en la provincia de Alicante: un pueblo para recorrer a pie, sin prisas, dejando que la historia y la luz mediterránea marquen el ritmo del paseo.