Alicante
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La prestigiosa revista de viajes National Geographic ha situado a Altea a la cabeza de los pueblos más bonitos de España. Esta joya de Alicante, conocida popularmente como la "cúpula del Mediterráneo", cautiva a los viajeros por su ubicación, sus casas de piedra blanca que reflejan la luz del sol y las representativas cúpulas azules de la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo.

Dentro de su casco antiguo, conocido como el Fornet, se esconde el verdadero motor de su vida comercial. La calle Sant Miquel se alza como uno de los ejes peatonales más concurridos y famosos de toda la localidad. Al conectar las zonas de subida con la plaza de la Iglesia, esta histórica vía destaca por su pavimento empedrado tradicional y sus casas blancas encaladas con balcones repletos de flores.

Para los visitantes, recorrer la calle Sant Miquel es lo más parecido a adentrarse en un mercadillo de arte al aire libre debido a su gran concentración de tiendas. El gran atractivo que destacan quienes la recorren es que aquí no se encuentran los típicos recuerdos de plástico convencionales. Al contrario, la calle ofrece una cuidada selección de piezas de diseño local, cerámica artesanal y prendas de lino de alta calidad.

En el ámbito de la moda de estilo autóctono, la calle destaca por boutiques icónicas como La Buena Juanita, especializada en prendas atemporales, vestidos vaporosos y moda femenina de estilo mediterráneo donde el lino es el gran protagonista. Muy cerca, los paseantes encuentran Blue & White, un local de inspiración ibicenca con tonos claros, prendas frescas de verano y complementos playeros.

La oferta textil se completa con tiendas de estilo boho que atraen a los compradores con sus vestidos estampados, sombreros de paja y bolsos de rafia. Además, los amantes del calzado tradicional pueden adquirir alpargatas de esparto cosidas a mano, menorquinas y calzado de piel fabricado en la Comunitat Valenciana y el resto de España.

La artesanía y la joyería de autor también reclaman su espacio en este paseo. Pequeños talleres venden exclusivas piezas de plata de ley y piedras semipreciosas inspiradas en motivos marinos. Al pasear, también es imposible no detenerse ante las vajillas artesanales, azulejos pintados a mano, jarrones y figuras de estética costera expuestas en las tiendas de alfarería tradicional.

Los sentidos de los transeúntes se activan al pasar frente a Aromes, un establecimiento muy valorado por sus velas botánicas aromáticas, jabones naturales al corte y fragancias con esencias del Mediterráneo como azahar, higuera o lavanda. Junto a estas fragancias, las tiendas de decoración rústico-chic tientan a los visitantes con lámparas y textiles elaborados con fibras naturales como el yute y el mimbre.

La cultura y el arte local terminan de dar forma a este mercadillo urbano. Diversas galerías exponen y venden lienzos, esculturas y acuarelas con paisajes de Altea creados por artistas locales y residentes internacionales. Incluso los recuerdos más sencillos se transforman en arte mediante láminas ilustradas y postales de fotografía artística que huyen de lo industrial.

Quienes ya han disfrutado de esta experiencia coinciden en algunos consejos prácticos. Debido a las empinadas cuestas y al pavimento empedrado, es fundamental llevar calzado cómodo para disfrutar del recorrido. Asimismo, aunque los precios en las tiendas de la zona alta pueden ser algo más elevados, los viajeros aseguran que el encanto de la experiencia y el trato personalizado de los tenderos lo compensan con creces.

Aunque Altea es hermosa a cualquier hora, los visitantes recomiendan recorrer esta emblemática calle especialmente al atardecer o durante la noche. En ese momento, la agradable iluminación de las tiendas, el ambiente de las terrazas y la brisa del mar de fondo crean una atmósfera mágica para redondear un día perfecto de verano.