Cuando el sábado despunta en Alicante y el calor empieza a pedir planes lejos de la arena, existen planes que siempre vienen bien para cambiar la rutina y hacer algo diferente.
Y es que el sol abrazante del verano en Alicante hace que algunos planes se vuelvan una tortura y las altas temperaturas hacen que el disfrute no sea completo.
En este sentido, pasearse por un mercadillo de antigüedades puede ser una excelente opción, de esos planes que invitan a caminar sin prisa, a tocar madera envejecida, a husmear entre libros con olor a tiempo y a charlar con quien vende historias detrás de los objetos.
El Rastro de Antigüedades de Xaló, también conocido como Jalón, ofrece exactamente eso. Un sábado tras otro, las calles junto al río Gorgos se llenan de vida y de más de doscientos puestos que desgranan muebles de otras épocas, cerámicas con memoria, lámparas que parecen esperar un nuevo hogar, juguetes que fueron de otros niños, joyas con brillo antiguo y textiles que cuentan modas pasadas.
Caminar por este mercadillo es como viajar en el tiempo sin salir del presente. Muchos vendedores conocen al detalle la procedencia de sus piezas, y escucharles es casi tan valioso como llevarse algo a casa.
Un entorno que acompaña
El paisaje regala además un toque especial gracias a los viñedos que se extienden hasta donde alcanza la vista, la arquitectura tradicional que abraza el mercado y el murmullo del agua que fluye junto a los puestos y pone banda sonora al paseo.
Es un lugar para conversar, para dejarse sorprender por un hallazgo inesperado y para disfrutar del ritmo pausado que ofrece la Marina Alta lejos del bullicio del litoral.
Más que antigüedades
Aunque el rastro es famoso por sus piezas vintage, también hay espacio para la ropa de segunda mano con estilo, para pequeños productores que ofrecen comida local y para quienes buscan un regalo con personalidad.
Entre pasillo y pasillo, el olor a café recién hecho se mezcla con el aroma de la tierra húmeda y el dulce perfume del moscatel que espera en las terrazas del pueblo.
El remate perfecto
Después del recorrido, nada como sentarse en una terraza y degustar un vino moscatel de la zona, que concentra en cada sorbo el sabor soleado de Alicante. Así, entre montañas, antigüedades y sonrisas, el sábado se convierte en un plan redondo perfecto que reúne historia, encanto y un ritmo que invita a volver.
