A escasos minutos del centro de Alicante y de la estación de tren, Benalúa vive un momento de transición. Algunos comercios históricos bajan la persiana tras décadas de actividad mientras otros empresarios confían en que las nuevas promociones de viviendas, la transformación urbanística y la llegada de nuevos negocios impulsen una nueva etapa para el barrio.
Dos visiones distintas conviven hoy en uno de los enclaves con mayor tradición comercial de la ciudad.
Con cerca de 9.500 habitantes, Benalúa es uno de los barrios históricos de Alicante. Nació a finales del siglo XIX como un proyecto urbanístico pionero para la época, concebido con amplias calles, espacios ajardinados y numerosos servicios públicos, y desde entonces ha mantenido una estrecha relación con el comercio de proximidad.
Desde EL ESPAÑOL de Alicante hemos hablado con dos comerciantes que representan esas dos formas de ver el presente y el futuro del barrio: Rafael Juan, propietario de una histórica charcutería que cerrará este mes, y Roque Pérez Prados, presidente de la Asociación de Comerciantes de Benalúa.
La historia de Rafael Juan está ligada a Benalúa desde hace generaciones. Su familia lleva dedicada a la carnicería y la charcutería desde que sus abuelos llegaron a Alicante procedentes de Orihuela hace más de un siglo. En total, cuatro generaciones han pasado por el negocio y una quinta continúa vinculada a la actividad.
Sin embargo, el próximo 22 de agosto cerrará definitivamente La Ermita, su establecimiento de Benalúa. El comerciante asegura que la situación económica ha terminado por hacer inviable continuar.
Rafael Juan, dueño de la charcutería 'La Ermita' en Benalúa
"Nos están asfixiando a impuestos", afirma durante la entrevista concedida a EL ESPAÑOL de Alicante. A los costes fiscales suma el pago de alquileres, cotizaciones sociales y los gastos derivados de mantener empleados, una combinación que, en su opinión, hace "imposible trabajar así".
Rafael considera que el comercio tradicional ha perdido terreno frente a las grandes superficies y las compras por internet. También lamenta la falta de relevo generacional y asegura que el perfil de los consumidores del barrio ha cambiado notablemente en las últimas décadas.
"Hace 32 años Benalúa era el mejor barrio de Alicante", recuerda con nostalgia. Entonces, explica, las calles estaban llenas de panaderías, zapaterías, peluquerías y pequeños negocios que daban vida al barrio.
Un portal del barrio de Benalúa en el que duermen personas sin techo.
Además de las dificultades económicas, también muestra su preocupación por cuestiones como la iluminación nocturna, la seguridad o la futura implantación de la zona azul y naranja, una medida que teme que reste todavía más clientes a los establecimientos.
"Benalúa tiene futuro"
Frente a esa visión, Roque Pérez Prados, óptico y presidente de la Asociación de Comerciantes y Afines de Benalúa, lanza un mensaje mucho más esperanzador. "Benalúa es un barrio con futuro", asegura.
Para él, el barrio atraviesa un momento de cambio que acabará siendo positivo gracias a las nuevas promociones residenciales de Benalúa Sur y a los proyectos previstos en el entorno de la estación intermodal y de la avenida de Aguilera.
Roque evita incluso hablar de "pequeño comercio". Prefiere utilizar el concepto de "comercio de proximidad", al que define como un "gran comercio" por el papel que desempeña en la vida cotidiana del barrio.
Gran parte de la población de Benalúa es gente mayor
A su juicio, Benalúa sigue siendo un auténtico "centro comercial al aire libre", con establecimientos históricos y especializados capaces de ofrecer un trato personalizado que las grandes superficies no pueden igualar.
Los retos pendientes
Pese a su optimismo, el presidente de la asociación reconoce que todavía existen importantes desafíos. Entre ellos cita la limpieza de algunas calles, la mejora de la iluminación y la seguridad, cuestiones que asegura trasladan de forma constante al Ayuntamiento.
También habla de la okupación que sufren algunos locales vacíos del barrio, como un antiguo comercio próximo, un bajo en el que antes había un banco o la antigua sede de la Asociación de Vecinos, donde además las personas que lo habitan son "conflictivas", y la policía ya ha tenido que intervenir.
El gerente de la óptica con el mismo nombre del barrio señala algunos problemas relacionados con la limpieza de algunas calles o la falta de luz de la plaza Navarro Rodrigo, que ha estado durante dos semanas sin luz. Aunque también reconoce sentirse escuchado por el Ayuntamiento, que parece mejorar el problema o solucionarlo en el caso de la falta de iluminación.
Un local cerrado con el cartel colgado de 'se alquila'.
"Echamos de menos la figura del policía del barrio". Roque explica que antes un agente de la Policía Local se paseaba diariamente por las calles del barrio, algo que se notaba. De hecho, la Comisaría de la Policía Nacional está a menos de 5 minutos de la plaza Navarro Rodrigo, un factor clave cuando hay un problema por la rapidez de actuación.
"Siempre les pido a los policías que se den una vuelta por aquí si pueden", con el fin de disuadir a los delincuentes.
También admite que el relevo generacional preocupa a muchos comerciantes. Él mismo explica que sus hijos han optado por otro camino profesional, una situación que se repite en numerosos negocios familiares del barrio.
Uno de los últimos restaurantes que han abierto en Benalúa.
Aun así, destaca que continúan abriendo nuevos establecimientos y que la asociación trabaja para atraer clientes mediante iniciativas conjuntas, además de promocionar el comercio local entre los turistas que llegan a Alicante en crucero.
Roque habla con orgullo de los comercios con historia que hay en el barrio, y pone de ejemplo algunos que "llevan toda la vida" y que "es una pena que se pierdan". Pone de ejemplo a la Heladería Sirvent, en la que parece haber cogido el testigo una nueva generación, o la Bodega Bernardino, una empresa familiar fundada en 1942.
