Alicante
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A dos pasos del Mercado Central, donde late buena parte de la vida cotidiana de la ciudad, decenas de personas luchan cada día por aprender e integrarse en la sociedad alicantina.

Erika Hernández es la directora de marketing y operaciones de Proyecto Idiomas, el paraguas que engloba Proyecto Español —la marca especializada en español para extranjeros— y las líneas de enseñanza de otros idiomas como inglés (Instituto Berlín), alemán y lenguas “minoritarias” como francés, italiano o incluso ucraniano.

Desde ahí coordinan un ecosistema que va mucho más allá de “dar clases”. Acompañan a quienes aterrizan en España con una maleta, muchas ganas de aprender y, casi siempre, un montón de dudas.

Proyecto Idiomas trabaja con un abanico de edades que arranca en bebés de un año y llega hasta adultos que buscan reciclarse o abrirse nuevas oportunidades laborales.

En el caso de los idiomas “clásicos” para residentes —inglés y alemán sobre todo— el formato es el de academia de barrio: cursos de entre 2 y 6 horas semanales para personas que ya viven en Alicante, estudian o trabajan, y que integran el idioma en una rutina ya de por sí apretada.

La foto cambia por completo cuando hablamos de español para extranjeros, el corazón del proyecto.

Aquí los ritmos se intensifican y la escuela ofrece programas de 10, 20 o 25 horas semanales, con grupos internacionales y un enfoque inmersivo.

La pandemia dejó, además, una herencia inesperada: el alemán se ha desplazado casi por completo al formato online, lo que les ha abierto la puerta a estudiantes de muchas partes del mundo, incluidos españoles que se han mudado a Alemania y siguen conectados con la escuela a distancia.

Red de cuatro ciudades

Aunque la “base” está en Alicante, el mapa de Proyecto Español no se queda ahí. Cuentan con otra escuela propia en Granada y colaboran con academias en Madrid y Barcelona.

Esto permite que un alumno que reserva su curso con Proyecto Español pueda, por ejemplo, hacer una semana en Madrid, otra en Alicante y continuar después en Barcelona o Granada, construyendo su propia ruta lingüística y vital por España.

La idea de red no es solo geográfica, también identitaria: en todas las sedes se repite el mismo modelo de enseñanza de español, con profesores nativos, grupos reducidos y actividades que sacan al alumnado a la calle para que la ciudad sea también aula.

No es casualidad que la escuela de Alicante presuma de una mezcla de nacionalidades en la que ninguna supera el 10%: la diversidad del aula forma parte explícita de su producto.

Alojamiento, integración y papeles

Uno de los puntos que más me llama la atención es que Proyecto Español funciona como un paquete casi integral: curso, alojamiento y acompañamiento en la llegada.

Para el alojamiento, la escuela gestiona pisos compartidos para estudiantes, unas 40 plazas ahora mismo, y una red de familias anfitrionas que viven en el centro de Alicante, al estilo de los programas clásicos en Reino Unido o Irlanda.

No todo el mundo pasa por ahí, pues hay quien prefiere buscar hotel, tirar de amigos o familiares, o gestionar su propia vivienda, pero la posibilidad de “bajar del avión y tenerlo todo resuelto” sigue siendo un gran reclamo.

Y ahí es cuando entra en juego otro matiz importante, la integración. Erika insiste en que su trabajo no es un servicio “de ventanilla”, donde el alumno entra, recibe la clase y desaparece hasta el día siguiente.

Su equipo está disponible 24 horas, porque los problemas no entienden de horarios: desde un conflicto en el piso, hasta qué hacer si hay que ir al médico, cómo sacarse la tarjeta del tram o a qué puerta llamar para resolver un trámite.

Para muchos, Proyecto Español se convierte en la primera referencia en el país, la cara que asocian con “España” en los primeros días.

En el terreno legal, la escuela se mueve con pies de plomo. Está acreditada por el Instituto Cervantes, lo que le permite emitir cartas de invitación y gestionar visados de estudios para quienes no son ciudadanos de la Unión Europea.

Demanda cambiante

En cuanto a cifras, Erika calcula que ahora mismo rondan los 160 estudiantes de español para extranjeros, con picos que pueden llegar a unos 420 alumnos en temporada alta.

No todos necesitan alojamiento gestionado por la escuela, pero ese volumen implica un flujo constante de llegadas y despedidas, cursos que empiezan cada semana y grupos que se recomponen constantemente

Las nacionalidades son un reflejo casi en directo de la geopolítica. Hubo un momento de fuerte presencia de Ucrania y Rusia; ahora Argelia ocupa un lugar central a raíz de la aceptación de más visados de estudios, sin que esto signifique renunciar a su base tradicional de alumnado europeo —Italia, Austria, Alemania— y a un porcentaje estable de estudiantes de Asia.

La estancia también varía. Hay quien viene dos semanas, se empapa de sol y subjuntivo y vuelve a casa; otros apuestan por estancias largas, pensando en el español como una pieza estratégica más de su carrera profesional.

Mientras en muchas Escuelas Oficiales de Idiomas de la provincia la demanda de español para extranjeros se topa con listas de espera y recortes, las academias privadas como Proyecto Idiomas recogen parte de esas ganas de aprender, con la diferencia evidente de que no todo el mundo puede permitirse una matrícula.

Entre quienes sí dan el paso, Alicante se consolida como una puerta de entrada atractiva: ciudad media, mar al fondo y una escuela que se ha especializado en convertir el aterrizaje en España en algo un poco menos vertiginoso.