Alicante

Tomás Alcoverro (Barcelona, 1940) es sinónimo de Oriente Medio, territorios cargados de conflicto, pero también de belleza, que ha pisado en los últimos 50 años como corresponsal de La Vanguardia. Hoy miércoles 20 de septiembre protagonizará un encuentro en Casa Mediterráneo a las 19 horas, donde desgranará algunas de sus anécdotas, de esas que dejan huella, recogidas en el libro 'Todo por decir' (Ediciones Carena, 2022). 

Previo a este encuentro, atienda a la llamada de EL ESPAÑOL De Alicante desde Barcelona, su segunda casa (o primera), sin olvidar la de Beirut (Líbano). 

"Estoy entre el Levante Europeo y el Oriental, yo vengo de uno y voy a otro, el de aquí", avanza como si fuera un profesor universitario. "No olvides que aquella zona que se le conoce de forma imprecisa como 'mundo árabe' tiene su geografía especial y el Levante Árabe es donde yo vivo, un territorio que comprende a Líbano, Siria, una parte de Jordania y por supuesto una parte de Israel y Palestina". 

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Usted es un barcelonés con mucho mundo internacional pero con especial fijación por el alicantino Gabriel Miró. ¿Cómo dio con él?

Fue de adolescente cuando empecé a leerlo. Por cierto, que una de sus grandes obras no tan conocidas de este gran escritor, ‘Figuras de la pasión del señor’, es una recreación de la tierra palestina a través del paisaje alicantino. Él no estuvo nunca en Jerusalén o Palestina pero, a través del paisaje alicantino, recrea el Levante Oriental.

Y usted también ha sido asiduo de Orihuela, pero no de la de Miguel Hernández, como cabría intuir. 

Sí, la he pisado muchas veces porque sale en las novelas de 'El obispo leproso' o 'Nuestro padre san Daniel', y me apetecía visitar esta ciudad porque.

¿Cómo acaba en Beirut en 1970?

Entonces era y sigue siendo el único país árabe con libertad de prensa sin censura, era más fácil para trabajar y hablábamos y hablamos de una ciudad muy abierta y cosmopolitan, a diferencia de otras ciudades de su entorno.

¿Se podría decir entonces que fuiste a ejercer como periodista a un sitio con más libertad de la que dejaba el régimen de Franco?

Pues sí, entonces había más libertad allí que en España. 

Hablemos de la imagen de la portada del libro. 

Si, porque me han criticado que saliera con un arma, por si predicaba la violencia y claro que no, lo que ocurre es que tiene su historia. Está tomada en el año 75 o 76, entonces yo tenía unos 35 años en mi casa de Beirut. Cabe recordar que el Kalashnikov era considerada el arma de los pobres en África, América Latina y Oriente Medio, donde eran usadas por movimientos de liberación nacional.

Así luce la portada de su libro.

Era un arma ligera y se bautizó como el arma de la revolución porque era muy barata y fácil de usar. Entonces yo tenía un amigo libanés que se apuntó a una guerrilla de Arafat, vino a visitarme con el uniforme de miliciano y yo me quedó sorprendido de que portara este arma y me dijo por qué no me hacía una foto, y eso hice. Ahora, hace poco la descubrí de nuevo y ha acabado en la portada. 

La suerte le libró de la muerte

De armas pasamos a bombas, de la que se libró de milagro en 1989, cuando un bombardeo acabó con el embajador español en Líbano Pedro Manuel Arístegui y parte de su familia. 

Sí, tuve mucha suerte, yo estaba en la embajada con él y su familia y debía quedarme a comer aquel día, porque me insistió, pero le dije que me iba a casa y me enteré por la radio de que acaba de morir en un bombardeo con su cuñada, su suegro y un guardaespaldas español. Si me hubiera quedado a comer como él me dijo, no estaría aquí ahora.

Ha cubierto tantas guerras... ¿Se acostumbró a estar en conflicto permanentemente?

No hacíamos la guerra 24 horas al día, había enorme cantidad de tiempo sin guerras y durante las guerras había tiempo para fornicar, hacer dinero, ir a la playa, como hacía yo personalmente mientras al lado había una guerra... Creo que se explican mal las guerras si creemos que son continuas, pasó en la guerra civil española, que no fue que durante 3 años estuvimos bajo los bombardeos y, además, había zonas muy lejanas del frente. 

Ocupas amables en Beirut

En el libro cuentas, e imagino que en la conferencia en Casa Mediterráneo seguro que recuerdas la anécdota de tu casa ocupada en Beirut por unos inquilinos que, cuando te presentaste allí, te invitaron a un café. 

Para empezar, explico que los ocupas en esta parte del mundo no los hay, esto que sufrimos en España allí no existe porque en estas sociedades muy conservadoras la propiedad privada es muy respetada, tampoco hay atracos por la calle, algo que se desconoce en Occidente, por la misma razón. En estos momentos tengo un piso en Beirut donde no vivo ahora y no tengo miedo de que lo vayan a ocupar. 

Pero en ese caso fue distinto, porque fue una ocupación en plena guerra por parte de una familia armenia que se había quedado sin casa y ocupó, como otra mucha gente hacía, mi piso y cuando me enteré, yo estaba en Siria, regresé rápidamente y no sabía muy bien qué hacer porque no me atrevía a abrir con mi llave. Le pedí al portero que llamara y la gente que ocupaba mi casa me reconoció rápidamente por las fotografías que había en mi casa, y lo primero que me dijeron era que me tomara un café con ellos... en mi propia casa. Eran buena gente que había sufrido mucho, les pedí que en un tiempo prudencial, una o dos semanas, si encontraban algo mejor, se fueran, y la historia acaba de manera increíble porque la mujer acabó limpiando en mi casa, le ofrecí trabajo. 

Entre tanto, ¿cómo es que acabaste en París de corresponsal, pero te aburriste mucho a no ser de tus encuentros con Tarradellas?

Era 1977 o 1978, en el periódico consideraban que había hecho un buen trabajo y, por decirlo de alguna forma, me premiaron con la corresponsalía de París. Lo que pasa es que yo estaba muy metido en emociones y ser corresponsal de Europa no es precisamente emocionante.

Sin embargo, esto me permitió seguir mucho la negociación del gobierno español con Tarradellas, fui en el famoso regreso en avioneta hasta Barcelona y su famoso 'Ja sóc aquí" y luego fue una de tantas frustraciones periodísticas porque al no tener una acreditación no pude subir al balcón de la Diputación y me quedé sin cubrir ese día. 

Has entrevistado a Yasir Arafat un par de veces, pero no hace mucho tuviste la oportunidad de entrevistar a Bashar al-Ásad en plena guerra siria, cómo fue. 

A al- Ásadasad me costó mucho conseguir una entrevista, fue una vez en Damasco hace 6 años, me dijeron que la iba a hacer pero sin grabadora, ni cámara de fotos, ni bloc de notas ni bolígrafo, no pude llevar nada. Solo nos dijeron que íbamos a estar de pie todo el rato y ya está. 

Y, ¿cómo lo hizo?

Me dijeron que el servicio de la presidencia de Siria iba a grabarlo todo y que me lo mandarían a mi correo electrónico, como así fue y, pese a mi desconfianza en la burocracia árabe, así hicieron.

¿Te lo pasaron todo sin censura? 

Sí, sin censura ni nada. Le pregunté, tras media hora de pie, y con muchas dudas, 'señor presidente usted no cree que después de lo que está pasando en Oriente Medio -no me atrevía a hacer la pregunta- ¿no se podía decir que la política en Oriente Medio se puede resumir en o yo te mato o tú me matas?' Y me respondió que sí. 

La guerra de Ucrania

Ahora, con la guerra de Ucrania, ¿podemos decir ya que el corresponsal ha dejado de existir?

Es terrible ver a tanto freelance... es injusto, descorazonador, creo que la mía fue una época con la que acabó todo un estilo, ahora prima la inmediatez y el periodismo que necesita de más elaboración, se está perdiendo; la figura del corresponsal tenía un cierto halo romántico, pero creo que ya se acabó.

¿Qué le parece que la guerra de Ucrania solo se esté cubriendo desde el bando del invadido?

Sí, está siendo un conflicto mal narrado, porque están todos de un lado y del otro no hay nadie que lo cubra, estamos siempre pendientes de una versión y no dudo de que sea objetiva y sea buena, desde el punto de vista puramente informativo noto que falta desde el otro lado.