Elche

Elche está hoy un poco más triste. Se intuía desde hace meses el adiós, pero nada protege de un impacto de tal calibre. Juan Francisco Martínez Nino, símbolo del equipo durante más de dos décadas, decidió colgar las botas y despedirse de forma discreta, sin hacer ruido, con la humildad y discreción de la que siempre hizo gala fuera del campo. Utilizó las redes sociales para dar las gracias a todos los que le han acompañado y admitir que ha cumplido un sueño y conseguido objetivos impensables durante su glorioso viaje.

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La leyenda, como ya era conocido en la ciudad y en el vestuario, deja huérfana a tres generaciones de aficionados del Elche y una lista de récords a su espalda que, vistos en perspectiva, parecen cosa de ciencia ficción. Más partidos y goles en Segunda, más partidos y goles con el Elche, más partidos en la historia de la Liga Profesional, jugador de más edad en marcar en la Copa del Rey, jugador con más goles en el Martínez Valero, tres ascensos a Primera, dos a Segunda…

El jugador, que este curso apenas ha tenido protagonismo —16 partidos, ninguno como titular— se va por la puerta grande y con el Elche en Primera, algo que hace solo cuatro años, tras el descenso a Segunda B, parecía una quimera. A tres días de celebrar su 41 aniversario, y a la espera de la rueda de prensa que ofrecerá este miércoles, el almeriense, hijo pródigo y pregonero de las fiestas de la ciudad, explicó en Facebook que deja el fútbol “con la nostalgia de todo jugador que ha nacido para ser futbolista”.

“Para mí ha sido un honor formar parte del Elche, llevar el brazalete de capitán y contribuir con mis goles a hacer más grande la historia del Elche”, comenta el ya exjugador, quien tendrá una puerta en el estadio, la número 7, con su nombre. Nino defiende que sus éxitos con el club son fruto de “darlo todo por el escudo” y que sus goles “quedan en el legado del Elche, y el sonido de la afición coreando mi nombre queda en mi corazón franjiverde”.

Por último, el excapitán ha agradecido a la afición ilicitana que siempre le haya “respetado y valorado” desde su presentación. “Siempre he intentado corresponderles con mis goles, trabajo y humildad”, apunta el exfutbolista, quien ilustra el texto con una imagen suya llevándose la mano al escudo del Elche. “Espero y deseo que me recuerden como un profesional que dio todo por el club y que el legado de Nino, basado en el respeto y compromiso por esta franja, sirva como referente para otros jugadores de la cantera del Elche”, concluye el almeriense.

Final de película

Nino rompió la puerta del vestuario franjiverde en Segunda B, hace 23 años. Desde entonces, nunca ha dejado de acudir a su cita con el gol. Fue vital para sacar al equipo de Segunda B en el curso 1998-99 y, tras varios años en Segunda, donde se echó el equipo a la espalda, decidió probar suerte en Primera. Antes, y después volvería a hacerlo, negó al Hércules, eterno rival, que quiso ir con todo a por la estrella del Elche, pero el almeriense, casado con una ilicitana y enraizado a la ciudad como una palmera, rechazó la operación.

Tocó la élite con el Levante, sin apenas protagonismo, para explotar en Tenerife, con el que ascendió a Primera y quedó Pichichi de Segunda. También fue ídolo en Pamplona, llevando al Osasuna a otro ascenso.

Regresó el hijo pródigo a Elche en el verano de 2016, justo diez años después de su salida. Y su regreso no pudo ser peor: descenso a Segunda B. Amagó con la retirada, pero decidió quedarse en el barco para sacar del lodo al equipo. Y lo logró con goles que fueron claves ante Sporting B, en la ida y la vuelta del cruce de semifinal (2-1) y (1-2), y en la finalísima ante el Villarreal.

Convencido por Pacheta de que debía dosificarse, el delantero exprimió sus últimos días de fútbol para ir cazando récords, aunque siempre de forma natural y dentro del servicio a un colectivo. El pasado curso se convirtió en el máximo realizador de la historia del club tras un doblete en Lugo; y este año en el jugador con más partidos en LaLiga y el más veterano en marcar en la Copa… Solo se le quedó a tiro convertirse en el jugador de mayor edad en marcar en Primera, récord que seguirá ostentando el brasileño Donato.

El pasado año, y tras la pandemia, clavó su último aguijón con un gol marca de la casa en Zaragoza que daba el pase a la final por el ascenso. Días antes de la gran final, el delantero se emocionaba al recordar ese momento. Había marcado más de 130 goles para su equipo, pero ninguno tan valioso. Días después y en Montilivi, su estadio fetiche, donde ascendió a Primera con Tenerife y Osasuna, cerraba el círculo.

Esta temporada debería haber sido un regalo para Nino, pero para el delantero, ambicioso y competitivo como nadie, no fue fácil asumir un papel tan alejado del césped. “Jugaré hasta que el verde, que no engaña, decida", comentaba año tras año al ser cuestionado sobre su temida retirada. Y el verde por fin habló y le convenció. Nino deja de ser una leyenda de vestuario para convertirse en mito y símbolo.