Emilio Martínez Redacción | Agencias

La permanencia del Elche en Primera División, lograda en el último encuentro liguero, no ha ayudado a la afición herculana a calmar los ánimos tras descender a los infiernos de la Tercera División. Más bien todo lo contrario; el éxito del vecino no hace más que poner más en evidencia tu propio fracaso. 

Y eso que hablamos de proyectos futbolísticos análogos, que vieron la luz prácticamente a la vez, en 1922, por lo que ambos van a celebrar a partir del año que viene su centenario en una situación completamente diferente: uno, codeándose de nuevo con la élite nacional, el otro, tratando se sobrevivir en el fango. Tanto es así, que el Elche C.F continúa siendo el primer equipo de la provincia sin ser capital, con 23 temporadas en la máxima categoría, tres más que el Hércules. 

Incluso si comparamos algo tan simbólico y físico a la vez como los estadios, de nuevo el conjunto de Alicante sale perdiendo. Porque mientras que en el Martínez Valero, con capacidad para casi diez mil asientos más que en el del Hércules, las últimas noticias apuntan a una revitalización de la zona con la construcción de un centro comercial, en el Rico Pérez, ha contado esta semana este medio, se juega su 'desahucio' en el Juzgado de lo Mercantil.

En la cuerda floja

Porque el Elche estuvo hace poco en una situación parecida a la del Hércules, quizás no tan apremiante cuando, hace cuatro años, consumó su descenso a Segunda B. El conjunto ilicitano descendió matemáticamente a Segunda B el 4 de junio de 2017 tras perder 2-1 en su visita al Ramón de Carranza ante el Cádiz (2-1) en la penúltima jornada del campeonato de Liga. El Elche, diseñado para pelear por el ascenso, pagó una nefasta racha final en la que solo fue capaz de sumar un punto de 27 posibles. En aquella categoría no profesional, ambos equipos empataron en los encuentros disputados.



El descenso deportivo llegó solo dos años después del administrativo sufrido de Primera a Segunda. Fue entonces cuando tuvo lugar la última manifestación de la afición por las calles de la ciudad (una de las más masivas que se recuerdan), algo parecido, salvando las distancias, con la celebrada el pasado domingo por los blanquiazules contra Enrique Ortiz. 

A partir de ese momento, en el Elche se abrió un periodo de zozobra que hizo temblar los cimientos de la entidad, en pleno proceso concursal. La "mala suerte" que habían sufrido los ilicitanos con el "injusto descenso" se esfumó, y después solo ha llegado buena gestión deportiva y en los despachos y una "buena suerte" que no se recordaba en décadas, puesto solo así se explica el ascenso hace dos años a Primera y la permanencia este año. Por cierto que el Hércules también gozó de buena suerte el año pasado cuando la pandemia evitó su descenso.  

Renovación deportiva

Con respecto a la entidad franjiverde, el club, presidido entonces por Diego García, actuó rápido y renovó por completo la parcela deportiva. Contrató a Jorge Cordero como director deportivo y de la plantilla que descendió solo repitieron Juan Francisco Martínez ‘Nino’, leyenda del club, y el prometedor delantero Sory Kaba.



Tras varios cambios de entrenador, el Elche, que salvo una jornada siempre estuvo entre los elegidos para la promoción, encontró por fin la estabilidad con la llegada de José Rojo ‘Pacheta’. El equipo ascendió al final de la temporada 2017-18 a Segunda División y logró la permanencia de forma plácida en su regreso al fútbol profesional, ya con nuevo presidente, Joaquín Buitrago, hombre de confianza del entonces máximo accionista, José Sepulcre.



En su segunda temporada en Segunda, el club contrató a Nico Rodríguez como director deportivo, quien junto a Pacheta logró conducir al equipo, contra todo pronóstico, a Primera. Meses antes, la propiedad de la entidad había pasado a manos del empresario argentino Christian Bragarnik, quien se mantuvo al margen del día a día de la entidad, ya que quiso dar continuidad al proyecto que ya estaba en marcha.

El más pobre

A pesar del sorprendente ascenso, y de que el club contará con el límite salarial más bajo de la categoría, de nuevo contra todo pronóstico, y con cambios en el banquillo y en la dirección de la entidad, el Elche volvió a lograr su objetivo. Nino, eterno capitán, es el único superviviente de aquella jornada, ya olvidada por los recientes éxitos deportivos. El Hércules, en cambio, no no ha sabido conservar ningún ídolo que no solo tirara de las riendas del equipo, sino también de la afición. Uno es un proyecto que mira a las estrellas, el otro, directamente, un proyecto estrellado. 

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