Alicante

Los trabajos del arquitecto Ángel Rocamora viven unos pocos meses y perduran en la memoria durante años. Su equipo de diez personas en Elche se encarga de diseñar los espacios en los museos, como en el Marq en Alicante con el que frecuentemente colabora. Suyo fue el trabajo para la exposición dedicada a la cultura maya y también lo es el que permite ver de forma única en el mundo a los guerreros de Xi'an en una exposición que está batiendo récords de visitantes y se coloca como una de las más vistas en España.

¿Es esta la exposición de la que más orgulloso te sientes?

No creo que sea ni orgulloso, ni más contento. Yo creo que los trabajos llevan cada uno una controversia. Es como un ejercicio a resolver en un camino largo. Y esta tiene unos ingredientes que podían haber sido totalmente insospechados. Ha tenido una pandemia, ha tenido una comunicación difícil porque la comunicación con todo el cuerpo técnico de origen de las piezas es complicado tanto por el idioma como por la controversia de todo el control de seguridad. Yo diría que ha sido muy especial.

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¿Cómo ha ido cambiando la idea que tenías desde que ya se sabía que podían traer a desde China las esculturas?

La idea la construyes alrededor de un grupo de piezas. Y lo único que la puede hacer cambiar es la forma de entender la gente, la forma de entender el visitante, que es al final el último cliente. Y el más importante para nosotros. ¿Qué significa eso? Que sí que ha cambiado el proyecto porque hicimos primero un proyecto pensando en un aforo menor, en un aforo con una circunstancias que eran las del Covid. Y eso sí que ha cambiado. Y ha cambiado también el deseo que se ha ido creando y las circunstancias de esfuerzo que ha conllevado a que el proyecto saliese adelante.

No ha dado tanto tiempo a cambiar lo que eran certezas, o la seguridad, de entender el proyecto: cómo se tenía que percibir y entender los guerreros. Eso lleva un trabajo también arduo de casi un año.

Cada una de las salas de la exposición de los guerreros de Xi'an tiene un diseño completamente diferente.

¿Visitaste Liverpool, el último museo europeo al que salieron las piezas?

Lo estudias físicamente allí, pero te estudias todo: las formas de exponer que han tenido tanto en Valencia, en el CaixaForum en Barcelona, en Madrid en los depósitos de Canal Isabel II, como en todas las internacionales: cómo ellos perciben sus piezas y cómo las exponen allí en China.

¿Cómo fue ese proceso para saber de qué manera se exponían las obras?

Investigas por profesionales que van asociados a las exposiciones. La empresa de origen que en principio nos contrata en el primer proyecto y que también nos nutre de información o nos facilita el viaje a Liverpool, pero también tenemos información directa de Cincinnati con la que hicimos un trabajo de una exposición de arqueología maya y que ellos habían expuesto y que habían tenido un problema a nivel internacional con las piezas chinas.

¿En qué afectó la rotura del dedo de uno de los guerreros a su paso por Estados Unidos al trabajo del diseño de la exposición?

Esos objetos cambian en siete u ocho años la forma de entenderse al público porque pasan a tener otras medidas de seguridad que son más restrictivas.

¿Y eso cómo se aplica en las alargadas salas de exhibición temporal del Marq?

Al final el Marq es un antiguo hospital con unas proporciones muy específicas, tiene 7,30 de ancho. Mientras que en Liverpool yo me había visto las piezas en una sala con unas proporciones totalmente diferentes. Empiezas a entender cómo has de poner ese ejército de siete piezas para que la gente las disfrute. Y yo lo hago siempre desde el punto de vista de un consumidor, del que quiere ver la pieza.

Con esta última quiero ver la pieza alrededor, percibiéndola en 360. Eso nunca se había percibido las piezas mundialmente. Jamás se había percibido ni tan cercana ni tan 360. El poder poder entender la pieza de forma tan íntima es un esfuerzo, es el regalo que tú le haces al visitante.

Explica cómo lo has conseguido en el Marq.

El techo espejado es la consecuencia para que tú te conviertas en un guerrero o te sientas dentro de ese mausoleo andando alrededor de los guerreros. Eso es imposible en Xi'an. Aquí en Alicante no puedes tener más que siete, pero sí que puedes tener la experiencia de poder andar alrededor de ellos. Eso no ha ocurrido jamás.

Tú metes una pieza dentro de una caja de vidrio, que es lo que se hace en la mayoría de los proyectos museográficos, y la percepción ya es fría. Cuando alisas las aristas y haces que la gente incluso sienta la sensualidad de ese movimiento alrededor, te percibes cercano a la pieza.

Y eso es lo que defines como un regalo al público.

Esas piezas las puedes exponer como las entiende la mayoría de la gente, que son en un cubo de cristal en una peana, o regalar una experiencia. Eso ha de estar asumido por todos que va a llevar más esfuerzo —no económico porque prácticamente las inversiones en exposiciones temporales en museos hoy en día son las mismas—, pero la forma de escenografiar las piezas hacen que tenga una dicción contemporánea más fácil para una mayor horquilla de gente.

Aquí en el Marq está Gema Sala, Teresa Ximénez, Juan Antonio López Padilla, José Luis Menéndez, está restauración detrás... Que te acompañan y hacen un esfuerzo para que la escenografía sea más potente para que se pueda comunicar a niños, a gente entendida, a gente mayor, a gente con problemas, gente con un carrito gemelar que tiene que pasar por todos los sitios y puede ir con niños para poder entender la exposición de una forma fácil.