Alicante

En medio de la nada suceden muchas cosas. Así lo ha captado a lo largo de cuatro años José Luis Carrillo con su cámara. Decidió cambiar los ruidos de Alicante por los que llenan el vacío del lugar más despoblado de Europa, la serranía celtibérica. Después de pasar como exposición por Oporto, ahora lo presenta como libro de fotografía en Los hijos del ciervo (Lumínic, 2022).

"Lo que quería era contar la historia de un territorio, el valle del alto Tajo, que reúne características que lo hacen especial porque es de los más despoblados de Europa", cuenta el fotógrafo desde la Escuela Mistos donde trabaja. Entre esos rasgos, destaca, "un pasado celta que está muy presente, al no haber otras civilizaciones que hayan socavado restos como lugares de enterramiento, piedras talladas o árboles de adoración"

Despoblación, naturaleza y pruebas del pasado celta le enamoraron. Molina de Aragón, al noreste de Guadalajara, se convirtió en el punto de partida de una investigación que iba en principio a ser de un mes y medio hasta extenderse durante seis años. Allí, en lo que se ha denominado como la zona cero de la despoblación, empezó a trabajar en 2016 porque "los extremos son lugares donde la creación es más posible".

Un inicio convencional, durmiendo en casas rurales y explorando un enorme territorio a pie con pinos, robles, sabinas, acabó llevándole aquel verano a dormir al raso. Sabía que el terreno tenía posibilidades para explorarlo más a fondo y decidió volver en invierno ya mejor pertrechado para "sentir y vivir en esa energía de la montaña". Ya ese segundo viaje se extendió de uno a cuatro meses en los que su base era una habitación que le alquilaba el alcalde de Armallones, un pueblo de ocho habitantes. Ahí fue cuando supo que "necesitaba ese tiempo para comprender el territorio y conocer a la gente".

Los neorrurales

Su inmersión en la zona le lleva a recorrer el Alto Tajo para conocer la gente, los caminos, los paisajes. "Y ahí me hago una idea más profunda de todas las realidades: los que viven allí, los inmigrantes o los neorrurales", explica. Y estos últimos, detalla, representan a "los que abandonan la ciudad para un cambio de vida, pero es un territorio tan difícil que se acaban marchando porque una cosa es irse a un medio rural y otra irse al más despoblado de España".

Él mismo vivió esas apreturas en ese primer año. "Siendo vegano, me llevaba alimentos básicos para poder subsistir y que allí no podría encontrar como soja y otras proteínas", apunta. En otra ocasión comprobó lo duro que podía ser buscar un simple modelo de pilas, con una excursión de hora y media para descubrir que no tenían las que quería. "Esa escasez es habitual", señala, "pero en el primer verano no soy consciente de la dificultad de la despoblación y lo que eso supone. Tuve que cambiar mi forma de pensar drásticamente".

Allí antes se vivía de lo que daba el bosque: la resina o los desbroces, "pero eso ya en los años 40 dejó de dar dinero". Actualmente, lo que mueve el dinero es la ganadería y la caza. En particular, como subraya, esta última. "Y en esta región se potencia la caza por encima de otras actividades" hasta el punto, asegura, de que "esta marca muchas veces quién gobierna en los Ayuntamientos porque los cotos necesitan de las licencias municipales".

Uno de los refugios que tenía localizados en la sierra e incripciones en una piedra. José Luis Carrillo

Vivir en el año cero

La experiencia de esos cuatro meses marcó el proyecto Los hijos de los ciervos. Si se hubiera detenido en aquel momento habría dominado el retrato y la fotografía costumbrista, "tenía la posibilidad de hacer un trabajo estándar sobre la despoblación". Pero comprobó que aquello podía dar más de sí. "Si bien era un tema muy candente allí, fuera no se veía. Estaba en la zona cero en el año cero".

Las relaciones establecidas con la gente le abrieron la mente y dieron paso a "un tema más poderoso: el territorio, el paisaje que viví". Allí se había encontrado "con una vinculación la naturaleza que nunca había visto". Y lo representaba los nombres que se había encontrado para diferenciar árboles, piedras o ciervos.

El miedo

"Los cinco años siguientes son como un viaje de aventuras", resume. Carrillo decide que debe dar un paso más, "que debe ser el bosque, no los pueblos y las casas", lo que lo protagonice. Y así decide "pasar todo el tiempo que pueda viviendo en el bosque". Así estuvo regresando a esa zona en invierno entre tres y cinco meses durante esos años "para vivir en los refugios diseminados en los bosques". "Y fue una de las mejores que tomé, pero vivir en una de las zonas más despobladas tiene muchos miedos", reconoce.

Pasar de dormir en casas rurales o al raso en verano a un refugio en invierno le llevó a descubrir esos ruidos que llenan la noche y la vida del bosque. Y unos jabalíes se encargaron de demostrarlo su primera noche en esta etapa. "Y el primer ejercicio es comprender que el miedo es infundado de generaciones y que es más peligroso vivir en la ciudad que en el bosque porque allí hemos eliminado a todos los depredadores. El principal miedo es que venga otro ser humano que esté loco y eso es más probable en una ciudad. Tratar de desmontar esa idea es una cosa a la que dediqué mucha meditación".

La seguridad

Lo que comprendió a partir de ahí es que "esos ruidos son los que te dan esa confianza y seguridad". Empezó a discernir entre lo que le rodeaba "y cuando había un ruido que no era el habitual es que había personas, que si se acercaba alguien lo escucharía mucho más pronto que él a mí. Y pasé de tener mucho miedo a estar más tranquilo".

Había pasado de ser un completo desconocido a que los lugareños me preguntaban cómo ir a una zona, "ese era el indicativo de que estaba terminando". Ese viaje que había emprendido de retorno al pasado celta en 2016 se cerraba "cuando me vi fotografiando los restos de los últimos celtíberos, vi que no podía ir más atrás en el tiempo".

Esa experiencia de fotografía analógica en medio de la nada es la que presentó en Oporto y ahora edita gracias a Lumínic a partir de las dos mil imágenes que había tomado hasta construir lo que es Los hijos del ciervo, el libro que presentará el próximo 3 de junio en Mistos.

Noticias relacionadas