Alicante

Esta es la Vida y milagros de Cristina de Middel, en sus propias palabras. Con este título participa este octubre en el festival Formentera. De fotorreportera en un diario local a ganar el premio nacional y entrar en la prestigiosa agencia,, en su carrera busca trasladar con la cámara los temas de los que le gusta hablar.

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La voluntad para recorrer ese camino surge de la lucha contra la rutina. "Las personas que necesitamos estar siempre muy estimulados por nuestro trabajo llega un punto en el que la repetición del día a día nos duele quizás un poco más que al resto", reconoce.

Esa fue la puerta que se abrió a sí misma, para empezar "a hacer un trabajo para mí", en el que daba una visión diferente del que hacía para el periódico Información, donde trabajaba. Aquello, "fue ganando más peso" para "proteger esa pasión por la fotografía de la rutina y no dejar de aprender cada día". 

El trabajo con las noticias diarias hizo que reflexionara sobre los mecanismos con que se presentan al público. "Llegó un momento en que empecé a estar menos satisfecha por cómo la fotografía en concreto nos explica el mundo", recuerda.

Cambiar la mirada

Esas reflexiones tenían una guía, el analizar "qué focos de información habían sufrido especialmente esa falta de riqueza del lenguaje". Y tenía claro cuál era, África. "Se había explicado casi únicamente a través de clichés y estereotipos a pesar de haber infinidad de imágenes sobre el continente". 

La casualidad la llevó al programa espacial zambiano y de ahí surgió Afronautas. Un estreno con el que consiguió que se fijaran en su trabajo. "Y a partir de ahí creé el proyecto que a mí me gustaría leer". Si al trabajar como fotorreportera tenía que centrarse en una única imagen que fuera más llamativa, se explique mejor o se correspondiera al titular, aquí tenía la libertad.

De Middel en la inauguración de 'La línea pródiga', en Cigarreras.

"Podía hacer lo que me daba la gana. Y darme ese espacio me sirvió mucho porque era una apuesta importante de mí hacia mí misma", reconoce. La suerte, señala de nuevo, la acompañó en este caso. "Salió en un momento en el que la gente tenía ganas de ver cosas distintas. Pero no era una estrategia. Lo que quería era quedarme en prensa, que era mi sueño".

Trabajar y trabajar

Eso ya no sucedió. El mercado del arte la descubrió y le siguió dando oportunidades. Desde que se arrancara en 2012 ha lanzado otros 13 proyectos más. Un ritmo que se impone en el que conjuga los trabajos que le cuestan años de realizar con los que es capaz de hacer en un fin de semana.

"También hay que quitar un poco de solemnidad a hacer un libro porque no tienes que hacer el Quijote siempre", explica risueña. "Ahora estoy terminando un proyecto que empecé en el 2015 y que, seguramente, hasta el año que viene no salga. Me gusta ir alternando ideas pequeñas con grandes para seguir interesada y estimulada por el medio".

Esta experiencia la aplicará en el taller de revisión de porfolios con el que completa su participación en el festival. "Siempre me ha gustado ver el trabajo de los demás", explica sobre esos consejos y comentarios con los que "hacer que vean más claro, como un empujón inicial o final. Pero no es un en el que pasan por el patíbulo para que les dé mi veredicto", puntualiza risueña.

El valor de ser mujer

En el recorrido por esta Vida y milagros, hay un factor que De no olvida. "Vivir de la fotografía y hacer carrera con una fotografía personal es muy difícil. Son apuestas personales una detrás de otra, sin condición de género", razona.

"Y algo no específico de la fotografía", prosigue, "es que a las mujeres, en general, no interesa saber mucho lo que opinan. Históricamente no se les ha preguntado ni se les ha tenido en cuenta ni para votar hasta hace relativamente poco. Y la opinión de una mujer suele ser de menor valor que la de un hombre".

Eso, como recalca, está cambiando. "El punto de vista del hombre blanco ya aburre un poco porque llevamos toda la vista con esto. Me interesa saber lo que piensa un transexual de Palestina, por ejemplo. Los que me los expliquen otras personas que no sean hombres, y fundamentalmente, blancos". Esta nueva mirada "es muy motivadora" por "saber que hay tanto campo por cubrir".

La lucha contra los estereotipos pesa en el mercado. "Me parece significativo que la mujer famosa artista tiene que hablar de su condición de mujer, de sus sentimientos. ¿Por qué no puede hablar de Palestina o el calentamiento global? Como si no pudiésemos añadir al gran debate nuestro punto de vista. Esto sigue siendo la exclusividad de los hombres".

La Vida y milagros de Cristina de demuestra que hay otro camino posible. "No me interesa hablar de género, ni de mí, ni de mis sentimientos o de mi menstruación. Me interesa hablar de violencia, de migración, de refugiados... Si hablo de eso con palabras, ¿por qué voy a hablar de otra cosa con mi cámara?".