Alicante
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"PISA". Cuatro siglas que hasta hace unos días no eran demasiado conocidas, preocupan ahora a la sociedad y evocan malestar y profundas reflexiones tras la publicación del último informe.

España ha registrado sus peores resultados históricos en el informe PISA 2025, con caídas dramáticas en las tres competencias evaluadas: 451 puntos en lectura (23 menos que en 2022), 457 en matemáticas (16 puntos menos) y 477 en ciencias.

Estos datos sitúan al país por debajo de la media de la OCDE y de la Unión Europea, con una pérdida acumulada desde 2015 que alcanza los 45 puntos en comprensión lectora, lo que equivale a más de dos cursos escolares perdidos en una década.

El porcentaje de alumnos que no alcanza el nivel 2 de competencia (aquellas habilidades mínimas necesarias para desenvolverse como adultos en la sociedad) ha aumentado cerca de un 10%, situándose en torno al 40% del alumnado de 15 y 16 años.

En otras palabras, casi la mitad de los estudiantes españoles no son capaces de comprender textos de extensión moderada, resolver problemas sencillos como convertir euros a dólares o aplicar una regla de tres básica.

COVID-19

Para analizar un informe de este calibre, conviene mirar en la raíz de la educación, siendo una de ellas las aulas de los colegios. En este caso, Francesc Nogales, docente con amplia trayectoria en las aulas y conocido por su nombramiento como mejor docente de España en 2021, atiende a EL ESPAÑOL tras dar sus primeras clases en la vuelta al cole.

El docente identifica como uno de los factores determinantes el impacto del confinamiento instaurado durante la pandemia del COVID-19 sobre los aprendizajes básicos.

Los alumnos evaluados en PISA 2025 tenían entre 10 y 11 años durante la pandemia, justo cuando consolidaban la lectura mecánica, el cálculo mental y el hábito lector.

"Esos aprendizajes sufrieron un tsunami pedagógico. Los niños estuvieron durante un montón de meses sin ir a la escuela, justo cuando estaban aprendiendo todo lo que es operatividad básica y resolución de problemas a nivel matemático, justo cuando estaban fomentando la afición por la lectura".

La sustitución de la presencialidad por pantallas sin una metodología pedagógica adecuada generó un déficit en la base formativa que ahora se refleja en los resultados. Una tendencia que no prevé mejorar, pues según Nogales, la previsión es que los próximos informes puedan mostrar datos aún peores, ya que las siguientes cohortes evaluadas corresponden a niños que estaban adquiriendo la lectura mecánica durante el confinamiento.

Crisis de atención

El uso excesivo y poco supervisado de dispositivos electrónicos ha contribuido a una pérdida de capacidad de atención en el alumnado. "Muchos alumnos utilizan ChatGPT o cualquier IA para elaborar un trabajo, lo que no es negativo como tal, pero el problema surge cuando no comprueban que ese trabajo sea correcto ni que los datos que está utilizando son verídicos", explica Nogales.

Este fenómeno se combina con el tiempo consumido en redes sociales y otras plataformas digitales, lo que reduce la agilidad lectora y la capacidad de razonamiento ante textos extensos con múltiples ideas principales.

La solución, según el docente, pasa por enseñar un uso pedagógico correcto de la tecnología, no por prohibirla.

El factor de las lenguas cooficiales

Un dato curioso del informe es que algunas de las comunidades autónomas con peores resultados en comprensión lectora son aquellas con lengua cooficial como la Comunidad Valenciana, el País Vasco y las Islas Baleares.

Ante esta realidad, Nogales plantea una hipótesis: si las pruebas PISA se realizan en castellano pero los alumnos han recibido instrucción principalmente en valenciano o euskera, los resultados pueden verse penalizados.

"Quizás si esa prueba de PISA se realizara en valenciano los resultados serían mucho mejores. Pero claro, eso implica que hay que revisar las pruebas también en las lenguas y sacar esos datos", asegura.

Esta circunstancia, según él, no explica por sí sola el bajón generalizado, pero sí apunta a la necesidad de revisar cómo se gestiona el plurilingüismo en el sistema educativo español.

Por otro lado, la falta de recursos docentes es otra de las reivindicaciones históricas del profesorado. "Tenemos un alto porcentaje de alumnado con dificultades y los mismos profesores que había hace 15 años, con lo cual cada vez podemos atenderles de manera peor a sus necesidades", denuncia Nogales.

Asturias y Castilla y León

Frente al panorama desolador, algunas comunidades autónomas destacan por sus resultados. Asturias, por ejemplo, se sitúa por encima de la media europea en varias competencias, al igual que Castilla y León. Nogales propone analizar qué están haciendo bien estas regiones y extrapolar esas prácticas al resto del territorio nacional.

"Algunas diferencias incluyen modelos de horarios escolares, organización de vacaciones y, en algunos casos, la ausencia de lengua cooficial que simplifica la instrucción", asegura. La clave está en identificar estrategias exitosas y replicarlas de forma coordinada, según plantea.

Recuperar la cultura del esfuerzo

Uno de los aspectos más controvertidos del debate educativo actual es la pérdida de la cultura del esfuerzo. Nogales defiende que es necesario recuperar prácticas tradicionales que han demostrado su utilidad, como los dictados, que trabajan la atención, la ortografía y la transcripción del mensaje oral al escrito.

"Parece que hacer un dictado ahora mismo es como algo retrógrado, pero no es así, estamos trabajando la atención, estamos trabajando la escritura. Creo que malo no es", asegura.

El docente también aboga por enseñar a los alumnos la satisfacción del trabajo bien hecho, frente a la tentación de delegar en la inteligencia artificial. "Es mucho más satisfactorio cuando te cuesta elaborarlo y haces un trabajo de investigación que si coges una IA y te hace un galimatías de cosas".

Vincular a las familias

La colaboración entre escuela y familia es esencial, pero debe replantearse. Nogales critica que muchas veces se traslada a los padres la responsabilidad de explicar contenidos que los niños no han entendido en clase, lo que genera frustración en ambos.

"En vez de hacer las actividades en casa, hagamos las actividades en clase, donde el maestro es el que sabe explicarlo de una manera que el alumno lo pueda comprender".

Como alternativa, propone dinámicas lúdicas que vinculen a las familias sin sobrecargarlas como juegos de mesa didácticos, reglas sencillas como prohibir los móviles en la mesa durante la cena, o actividades que fomenten el diálogo familiar. "Es el momento para poder hablar, para poder conversar. Esos momentos no deberían ser interrumpidos por las pantallas", concluye.