Alicante

El tránsito entre julio y agosto siempre es especial en el Archivo Municipal de Alicante. En esa semana se recuerda una fecha muy especial en la historia de la ciudad, cuando el rey Fernando el Católico le concedió el título por el que dejaba de ser una villa. Susana Llorens, la directora del centro repasa los detalles con que lo celebran en una exposición que mantienen este verano.

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Le brillan los ojos a Llorens al destacar que los fondos elegidos para que luzcan este año en los ventanales, después de la reforma de 2020, "son más atractivos". También influye que en esta ocasión la muestra repasa las diferentes sedes que ha tenido el AMA hasta llegar al palacio de Labradores donde ya lleva treinta años.

Los paneles que han distribuido reflejan también los variados fondos con que cuentan. No solo el preciadísimo pergamino de 1490 en el que Fernando el Católico de puño y letra firmaba el título, "también otro tipo de fondos muy importantes, como los carteles, la cartografía y las colecciones fotográficas".

La otra parte de la exposición invita a entrar en el propio palacio Llorca, donde en la sala de los investigadores tienen una vitrina dedicada. Mediante las fieles reproducciones de los originales y los textos traducidos aparecen los curiosos detalles de la entrada de Alicante en la edad moderna.

Los papeleos del rey

Uno de ellos ya tiene su propio bagaje, la traducción que en 1990 realizara Maria Luisa Cabanes del documento original. Aquel fue el año en el que Alicante conmemoraba los cinco siglos transcurridos y la catedrática de la Universidad de Alicante proporcionaba un texto que simplifica el recargado estilo en latín de la época.

Aquel 26 de julio de 1490 fue un día de mucho papeleo burocrático para Fernando el Católico. En su campaña de conquista de Granada, el monarca se encontraba en Córdoba, donde firmó de su propia mano diferentes privilegios. Entre ellos, el que convertía Alicante en ciudad.

¿Qué significaba aquello? Como explicaba el ya fallecido miembro de la Real Academia de Historia Juan Manuel del Estal, la economía era una de las claves en ese nuevo título administrativo. El comercio en el puerto ya suponía una actividad muy importante para la entonces villa. 

La economía

Cabanes así lo recogía también en la traducción al destacar que "disponían de un notable muelle en la bahía de la mar". Eso permitía que se generara a su alrededor una clase floreciente de "mercaderes, agricultores, artífices y artesanos, así como hombres de armas y otros que podían custodiarla y gobernarla con equidad".

Entre esos, había dos nombres significativos, los que consiguieron que Fernando se decidiera a otorgar este título, "los nuncios, síndicos y procuradores Jaime Pascual, noble, y Juan Torró".

El paso a villa implicaba la derogación de "ordenanzas, estatutos, mandatos, cartas, capítulos y actas", como señala el documento. Y esa es la razón por la que se imponía una multa. "Que se exigiesen cinco mil florines de oro a aquellos que no la llamaran, nombraran, y titularan ciudad de Alicante". Un reconocimiento con el que podían "disfrutar de los honores, gracias, libertades y privilegios que el resto de ciudades de Valencia tenían".