Mientras la plaza del Ayuntamiento de Alicante se llenaba este 2 de septiembre con unas 18.000 personas bajo el lema “Alicante con Ceuta”, varios colectivos sociales organizaban apenas a unas calles una contramanifestación bajo el mensaje "Parem els peus al racisme", "Paremos los pies al racismo", en castellano.
La iniciativa, convocada de urgencia por colectivos del barrio como el Sindicat de Vivienda de Carolinas, el Sindicat de Vivienda de la Zona Norte y Organización Juvenil Socialista, buscaba ofrecer un relato alternativo al de la movilización oficial y visibilizar la realidad de las personas migrantes en la ciudad.
Dos relatos
La manifestación principal, impulsada por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y secundada por el Ayuntamiento de Alicante, reunió a miles de personas en torno a consignas como “Ceuta es España” y “Yo soy español, español, español”, en un acto al que asistieron también cargos del PP y de Vox.
Según fuentes municipales, la concentración alcanzó las 18.000 personas, mientras que la Subdelegación del Gobierno habló de 15.000.
En paralelo, a las 20.00 horas, otro grupo se concentraba en la zona de Carolinas/Plaza Castelló con una pancarta distinta: “Contra el racismo, unidad de clase”.
La convocatoria surgió “de un día para otro”, según explica a EL ESPAÑOL Javier González, colaborador del sindicat de vivienda de Carolinas, ante la percepción de que la movilización mayoritaria “deshumaniza a las personas que están viniendo aquí” y pone el foco en los migrantes como origen del problema.
En la entrevista, González argumenta que el discurso de la manifestación de la plaza del Ayuntamiento “habla únicamente en nombre de las personas que viven allí, pero que viven con beneficios” y obvia la realidad de quienes llegan a España huyendo de condiciones “nefastas”.
“Todos estamos a dos telediarios de acabar en la situación más precaria del mundo”, dice, para subrayar que la clase trabajadora local tiene "más en común con quien migra por necesidad que con sectores privilegiados que instrumentalizan el descontento".
Para respaldar su punto de vista, el colaborador del sindicat de vivienda recurre a hechos históricos: “Aquí en Alicante salió un barco del Stanbrook, con cientos de personas que huían de la guerra y se refugiaron en Argelia”, apunta, en referencia a los exiliados de la posguerra.
Para él, poner el énfasis en la nacionalidad o el origen es una forma de “deshumanización” que llega hasta la expulsión y la retirada de ayudas, en un contexto en el que ya se han registrado más de 140 muertes vinculadas a la crisis migratoria.
Eje de la protesta
El eje central de la contramanifestación es la conexión entre racismo, clase y acceso a derechos básicos, especialmente la vivienda. Desde el sindicat de Carolinas explican que “las personas más afectadas por el problema de vivienda son, sin lugar a duda, las personas migrantes, y en especial las mujeres migrantes, que son quienes menos recursos tienen”.
González detalla que la discriminación empieza en el primer contacto: "En muchos casos, solo por el acento directamente te dicen que la vivienda ya no está disponible”. El sindicato cuenta con experiencia en la atención a familias y personas en situación de calle, migrantes y locales, y señala que muchas de las personas con las que trabajan “quieren aprender español, encontrar un trabajo y colaborar”, pero que el derecho a una vida digna "no debería depender de esa disposición".
Una movilización "invisible"
Los organizadores reconocen que su convocatoria partía con una desigualdad de recursos evidente, pues se decidió “a última hora”, en un día laborable, y sin el respaldo institucional ni la cobertura mediática de la manifestación del Ayuntamiento.
“La prensa en general no suele dar voz a estas movilizaciones”, señala González, quien contrasta esa falta de eco con la amplia difusión de una protesta “con tinta racista”.
Aun así, los colectivos implicados, de vivienda, disidencias de género, cultura alternativa y apoyo a personas sin hogar, confían en haber logrado “gente suficiente como para hacernos escuchar y notar”, gracias a la red de contactos entre barrios y a la rápida difusión entre organizaciones sociales.
