Alicante
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Mientras el mundo avanza y mira hacia catástrofes recientes como la de Nepal o crisis humanitarias como la de Ceuta, hay voluntarios que han parado sus vidas para tratar de acelerar la reconstrucción de Venezuela tras los dos terremotos que asolaron el país el pasado 24 de junio con más de 6.500 víctimas mortales.

Durante un mes, un campo de béisbol reconvertido en un hospital de campaña en el estado de La Guaira fue la zona de actuación de dos voluntarios alicantinos durante una misión humanitaria de Cruz Roja.

Allí, en una de las poblaciones más afectadas por los seísmos, brindaron atención médica y apoyo psicosocial a cientos de personas diariamente, tanto víctimas como a pacientes de la zona que necesitaban asistencia o a miembros de equipos de rescate que habían visto demasiado bajo las ruinas de los edificios caídos.

Salva Ramírez y Adelaida Plaza fueron dos de estos voluntarios que cambiaron sus vacaciones por arropar a sus compañeros de la Cruz Roja de Venezuela.

Salva, ingeniero técnico en informática de sistemas y profesor de Informática en un instituto, y Adelaida, matrona con más de 40 años de experiencia y con formación en agua y saneamiento, regresaron a finales de agosto de la misión tras haber contribuido a la reconstrucción de la comunidad, escuchar las historias de las víctimas y sufrir las difíciles condiciones del entorno.

"Hemos estado en una zona del norte de Venezuela, en el estado de La Guaira, que es un estado muy grande con casi medio millón de habitantes. Nosotros estuvimos en medio de los espacios donde ocurrieron los terremotos", explica Adelaida en la sede de Cruz Roja Alicante, aún asimilando su vuelta.

Adelaida atendiendo una paciente en el hospital de campaña. Cruz Roja

Ambos cuentan con formación para ser parte de Unidades de Respuesta a Emergencias de Cruz Roja, equipos que se despliegan sobre lugares apenas unos días después de las tragedias. Si bien formaron parte de un equipo de 14 personas que acudió en una tanda posterior para continuar los primeros trabajos de los voluntarios que desplegaron el hospital de campaña.

Adelaida cuenta que "uno da disponibilidad y no sabes si finalmente te van a llamar... por un lado agrada que piensen en ti, pero por otro dices, '¿qué necesidad tengo yo de meterme en este fregao?'", reconoce.

La crudeza del escenario, con kilómetros de escombros que hasta hace poco más de dos meses eran restaurantes, hoteles y comercios, fue más digerible para los experimentados voluntarios por su bagaje en zonas de crisis.

Salva ha visto casi de todo desde que se unió a Cruz Roja en el año 2000. Desde el tsunami de 2004 en Sri Lanka ha pasado por Guatemala, Panamá, Grecia... Y aun así reconoce que lo que vio le sorprendió.

"Pensaba que no era tan grande realmente como fue, había zonas muy afectadas... Había edificios hechos un sándwich. También he estado en Haití o en Nepal y allí no hay edificios tan grandes. Pero en Venezuela había muchísima población en una zona reducida y hubo muchas víctimas en relación al espacio", compara.

Servicios de emergencia trabajan en el lugar de un edificio derrumbado. E.E.

"Es como si se hubieran caído todos los edificios de la playa de San Juan a Urbanova. La Guaira era el sitio de veraneo de la gente de Caracas, por eso la magnitud de los edificios y los hoteles", explica Adelaida.

Cientos de asistencias al día

Este destrozo, sumado a los ya de por sí precarios servicios sanitarios del país, creó una demanda de asistencia enorme que los voluntarios trataron de paliar" atendiendo entre 100 y 200 personas al día", indican.

Los voluntarios de Cruz Roja España se establecieron sobre un campo de beisbol. Cruz Roja

Hasta el centro de salud improvisado en el campo de béisbol llegaban y siguen acudiendo enfermos crónicos, con traumatismos, personas que necesitaban medicamentos y gente que necesitaba apoyo psicosocial.

"Muchas veces se daban cuenta de que, aparte del daño físico, necesitaban también apoyo psicológico", señala Salva. Era el caso de las 300 personas de Protección Civil que se dedicaban a limpiar los escombros.

"Ellos muchas tardes y noches se pasaban por el hospital de campaña porque querían hablar con el psicólogo tras haber visto de todo", comenta.

Tras un mes sobre el terreno, ambos coinciden en que "se establece una relación humana brutal... Necesitas también un equipo que te contenga y el líder de equipo tiene un papel muy importante. En este caso, Salva fue el líder que cohesionó el equipo", apunta Adelaida.

Con todo lo visto y lo que se deja atrás, la vuelta a la normalidad siempre es una de las partes más difíciles. "Existe una fuerte nostalgia y el deseo de haberse quedado más tiempo apoyando a los compañeros y lo que ha quedado por hacer, pero por otro tienes ganas de volver", dice Adelaida.

Así, aseguran que ayudar a los demás "engancha. Empiezas siendo voluntario de lo que sea y luego te van surgiendo oportunidades", destaca Salva.

"Cruz Roja es una organización que te permite formarte, crecer como persona y ayudar a los demás. Y ver que has mejorado un poco la vida de unas cuantas personas te sirve mucho y te saca de lo anodino del trabajo", concluye.