Alicante

Likes, me gusta o pulgares hacia arriba: mucho se ha debatido sobre la presión social que ejercen las redes sociales sobre nuestra identidad digital, algunas veces llegando a tener consecuencias directas -y definitivas- en la vida real. Las más evidentes, las relacionadas con la personalidad o el ego. Pero ¿qué pasa cuando se lleva hasta el extremo físico la necesidad de agradar a otros?

Un buen ejemplo se dio el pasado martes, cuando una joven ucraniana de 26 años se despeñó por el Castillo de Benidorm mientras trataba de hacerse un selfi. Tras dos días en la UCI del Hospital General de Alicante, la mujer no pudo finalmente sobreponerse a sus heridas -un politraumatismo severo y síntomas de ahogamiento- y falleció el viernes por la mañana.

Más allá del debate sobre la frivolidad de las redes sociales, la noticia ha dejado un reguero de comentarios sobre la tendencia, cada vez más acentuada, de ponerse en riesgo para conseguir diferenciar los perfiles digitales y aportar algo único en un mundo cada vez más globalizado. 

Porque lo cierto es que este suceso con fatal desenlace no es ni mucho menos el único caso de autofoto extrema que se ha vivido en los últimos años en la provincia de Alicante. La referencia más directa, principalmente porque comparte consecuencias, se dio en 2019 en Orihuela, cuando dos jóvenes británicos se precipitaron desde una balaustrada de 12 metros de altura para hacerse un selfi. 

Los hechos ocurrieron en Punta Prima, y las víctimas, de entre 21 y 22 años, cayeron sobre una caseta de socorrismo que había en la playa después de haberse intentado hacer una autofoto en el paseo con barandilla que corona la zona. Uno de ellos murió en el acto y el otro falleció poco después en el Hospital General de Alicante, donde fue trasladado en helicóptero.

Un pozo y una escalada

También ha habido otras situaciones que no han acabado tan mal pero que implicaban un riesgo para las personas que las han protagonizado. En noviembre de 2019 los bomberos tuvieron que rescatar a una adolescente de 15 años de un depósito de agua en Xàbia. Al parecer, la chica cayó al pozo por una trampilla mientras trataba de hacerse el selfi. 

En aquella ocasión la joven tuvo suerte: a pesar de la caída de cinco metros salió ilesa, aunque en su rescate tuvieron que colaborar la Policía Local y la Guardia Civil.

Otro caso más reciente, y en el que no hubo que lamentar incidentes, se produjo también en Benidorm, a principios de 2020: el instagramer 'Nuisance' (@thelittlenuisance_) comenzó a trepar las 11 plantas de un edificio situado en la avenida Alfonso Puchades con el objetivo de hacerse una autofoto en la parte superior. 

Los vecinos que presenciaron la escena escandalizados llamaron a la Policía para que impidiese el ascenso. No era la primera ni la última vez que lo hacía: su perfil está lleno de selfis en lugares peligrosos, lo que ha hecho que él mismo se autodefina como "idiota profesional". Sinceridad que no falte. 

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