Alicante

La sacudida del tablero político provocado por las elecciones madrileñas deja muchas incógnitas en el escenario nacional, en particular en aquellas regiones donde Ciudadanos ha sacado un buen resultado. El efecto extrapolable más evidente del 4M es la desaparición del partido de Inés Arrimadas al no llegar al 5% de los votos, con lo que habría un reparto de escaños que en principio beneficiaría al PP.

En la Comunidad Valenciana Ciudadanos no es un partido más; es la tercera fuerza en las Cortes valencianas a solo un diputado del PP (18 frente a 19). La campaña de las autonómicas de 2019 fue un éxito rotundo para Toni Cantó, quien de facto lideró el parlamentarismo contra el Gobierno del Botánico durante la mayor parte de la legislatura.

Ni los coqueteos de Cantó con Ximo Puig, reuniones mediante, para tratar de consensuar los presupuestos valencianos, ni el cese temporal de hostilidades entre ambos líderes menoscabaron el perdil del síndico de Cs, escorado hacia la derecha dentro de su partido y bien visto por los votantes de Vox.

En este sentido, la capitulación de Cantó y su absorción por parte del PP para hacer campaña en Madrid han dejado al partido sin liderazgo claro y absolutamente desnortado.

La gran ola madrileña amenaza con llevárselo todo por delante, en un escenario a priori favorable para los populares, que ven cómo se reagruparía el voto de centro-derecha con serias posibilidades de convertirse en el partido más votado en la Comunidad Valenciana, donde no gobiernan desde 2015. Entre PP y Cs hoy suman un millón de votos.

Pero hay un problema: los populares son conscientes de que pueden ganar las elecciones pero no poder formar Gobierno. Es posible que los número, en solitario o solo con Vox, no les den.

Las encuestas

El pasado mes de enero, cuando la Comunidad Valenciana enfilaba la cuesta para convertirse en la región española con peor incidencia de Covid, el PP valenciano encargó un sondeo. En él el bloque del centro-derecha salía vencedor gracias, en parte, a que el desplome de Ciudadanos no era total y aún mantenía una presencia con siete diputados.

Vox y los populares crecían ligeramente, mientras el desgaste de la pandemia había pasado factura a PSOE y Compromís aunque aguantaban bien el tipo. Podemos se hundía.

Lo que salvaba la ecuación era ese pequeño crecimiento de PP y Vox y la tercera pata de Cs, algo que ahora está en entredicho. De hecho, en el entorno popular consideran que la desaparición completa del partido de Inés Arrimadas no es una buena noticia y complica la posibilidad de ganar el Gobierno regional en las próximas autonómicas.

A pesar de esto, este martes el PP valenciano difundió este martes otra encuesta de Metroscopia donde el partido aún ganaría las elecciones con un 28,2% de los votos e incluso podría sumar con Vox, aunque prácticamente se mantiene un empate técnico entre bloques.

La partida, por supuesto, no está todavía cerrada. Las consecuencias de la pandemia han empezado a notarse en la autonomía, la segunda de España en destrucción de empleo en el último año. Pero también es cierto que la gestión sanitaria permite al Botánico sacar pecho, con una de las incidencias más bajas de Europa.

En todo caso, y en un escenario de empate técnico entre bloques, la ventaja estratégica la tiene Ximo Puig gracias a su capacidad para adelantar elecciones (como ya hizo en 2019, cuandolas hizo coincidir con las generales). En el otro lado, queda por ver cómo emerge Carlos Mazón, el llamado a ser el próximo presidente del PPCV, para plantar cara a dos legislaturas seguidas de la izquierda.

Noticias relacionadas