EN PRIMERA PERSONA

Jerónimo Saavedra: "Los masones somos caballeros de Dios. Nada que ver con la corrupción de los políticos"

"Pedro Sánchez ha sido un secretario general desafortunado y su salida, más. Cuando pierdes hay que saber perder" / "Me pregunto qué fue más complicado, si salir del armario como masón o como homosexual. Ojalá las dos cosas dejaran de ser noticia" / "En la II República pudo haber unos 8.000 masones y luego se abrieron 40.000 procesamientos".

Foto: Moeh Atitar

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Jerónimo Saavedra (Las Palmas de Gran Canaria, 1936) ha sido diputado, senador, ministro de Administraciones Públicas y de Educación, alcalde, presidente autonómico, profeta en su tierra... y es masón. Doctor en Derecho, socialista de los de antes, le abocó a la masonería la tradición familiar. Pero también y sobre todo su hambre de perfeccionamiento y de excelencia. Su afán de bien común. Esa cosa tan rara de entender y hasta de imaginar en la clase política de hoy, se sea casta o se sea descastado.

Yo de la masonería oí siempre hablar a mi madre. Ella hablaba mucho de su padre, mi abuelo, quien fue jefe militar en la isla de La Palma a finales del siglo XIX. Era un militar muy de Prim, muy liberal, le reconocieron los servicios prestados a la causa de la libertad en un reconocimiento firmado por el propio Prim, sus servicios prestados a la Gloriosa. Era este abuelo mío de origen malagueño, de un pueblo próximo a Ronda. Acabó su carrera en la isla de la Palma, donde se casó con mi abuela y sin ir más lejos fue fundador de la Cruz Roja en la isla. Su inquietud cívica y cultural estaba bien clara.

Yo me reencuentro con esta tradición masónica de mi familia, me incorporo a ella, gracias a algunos amigos y compañeros que me animaron. Yo me iba animando y animando, pero justo entonces me eligieron presidente del gobierno de Canarias. Prioricé mi actividad política y dejé todo este tema un poco en stand by. Hasta 1989, cuando varios hermanos me ayudan a dar el paso, discretamente y sin publicidad. Mi iniciación tuvo lugar en Lisboa, en territorio de la logia del Gran Oriente Lusitano. Pero yo entré por la Gran Logia Simbólica Española, que se fusionaría posteriormente con la Gran Logia España. Donde ahora estoy.

A lo mejor que el hermano de Franco fuese masón y que él no lo consiguiera explica la demonización de la masonería en España

Con todo esto me sorprendió mucho leer en un libro de un profesor de la Complutense, cuyo nombre no recuerdo, pero que era un libro dedicado a interpretar la masonería y su historia en la línea más tenebrista, pues eso, ahí ponía que me habían nombrado ministro en el gobierno de Felipe González por ser yo masón. Hay que ver... Pues hubo quien se lo quiso creer.

Foto: Moeh Atitar

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Me pregunta usted si llegué a conocer a mi abuelo, el que siembra la semilla de la masonería en mi familia y en mí. No, yo no le conocí porque él murió en 1918. Durante muchos años yo no sabía gran cosa más allá de que los masones habían estado históricamente perseguidos. Cuando yo acabo la carrera de Derecho en la Complutense, en 1958, en quinto curso tengo de profesor al palmero y exministro de Gobernación Blázquez González –cesado dos años antes- y también conocí a un catedrático de Filosofía del Derecho, Wenceslao Fernández Oliveros, que había sido presidente del Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo.

Aquello se me quedó grabado. Como ya he dicho, en aquel momento yo andaba en otras cosas, me preocupaba mucho más propiciar la llegada de la democracia a España que indagar en la masonería. Me fui un año a Italia, a Florencia, con una beca, entre 1962 y 1963. Tuvo que pasar bastante tiempo antes de retomar este hilo.

Lo que me instó a iniciarme fue una atracción casi de carácter. Una fascinación por la tolerancia, por el esfuerzo de ser dialogante, por los valores liberales. No sé si esos valores los aporta el masón a la masonería o la masonería al masón. No sé, es algo que yo personalmente tengo muy asumido.

Sin embargo, a pesar de estar iniciado en 1989, luego me vino una etapa de actividad política muy intensa, de ser ministro, senador, diputado, etc., hasta 2003. Poco tiempo tuve para dedicarme. Entretanto me iban ascendiendo de aprendiz a compañero y luego maestro. Al principio todo esto sucedía con mucho sigilo, con mucho secreto. El ritual se celebraba en casa de otro hermano.

Al dejar el Senado y jubilarme, y a pesar de ser alcalde de Las Palmas, de persistir en la tentación política, se me abrieron oportunidades de mucha mayor dedicación. ¿Satisfactorio? Eso es difícil de medir. El carácter de cada cual facilita u obstaculiza el esfuerzo continuo de autoperfección. Se nos exige, nos exigimos, ser tolerantes, pero tolerantes de verdad, con cualquier discrepancia. No crispar nunca el diálogo. Fortalecernos con el estudio. No buscar el enfrentamiento jamás. Contribuir siempre a mejorar la sociedad; si tienes influencia, debes ejercerla para bien, buscando la mejora colectiva, abjurando de toda exclusión y abominando de las listas negras...

No se puede ser masón ateo ni masón agnóstico, hay que creer en algo

Se pregunta usted, señorita, y yo me he preguntado muchas veces también, cómo es posible que cosas tan distintas como la masonería y el comunismo acabaran perseguidas por un mismo tribunal en este país. Pensar que aquí, por ejemplo, los que quemaron más iglesias y conventos fueron los anarquistas, y en cambio a la hora de reprimir todo esto por ley, se hace una ley contra masones y comunistas, sin mencionar a nadie más. El factor religioso fanático de la posguerra sin duda acabó de contribuir a la demonización de la masonería, contra toda lógica, ya que los masones nunca atacaron a nadie, ni a curas ni a monjas ni nada.

A lo mejor pudo influir el hecho de que el hermano díscolo y calavera del dictador, el aviador Ramón Franco, fuese masón. No es imposible que Francisco Franco también intentara serlo y le rechazaran. ¿De ahí tanta inquina?

Pero es que efectivamente no es tan fácil pasar la criba, ser aceptado como hermano masón. Hay que dar unos mínimos de excelencia. Se te cuestiona. Se te interroga. Tienes que aceptar e interiorizar los principios básicos de la masonería. Por ejemplo, es preceptivo rechazar la pena de muerte. También lo es creer en Dios. No se puede ser masón ateo ni masón agnóstico, hay que creer en algo, en la fe que sea, piense lo que piense la gente...

A partir de ahí, se produce la presentación formal de la candidatura, hay una votación secreta, y así se establece si al nuevo hermano se le admite o no. Si no sales, hay que esperar un año como mínimo antes de volverlo a intentar. ¿Que por cuántos votos salí yo? Ni idea. Había unos treinta hermanos, periodistas relevantes, algún director de periódico, abogados, profesores universitarios...

Me pregunta usted cuántos masones puede haber en España en la actualidad. Es difícil de saber. Se calcula que pudo haber unos 7.000 u 8.000 masones durante la Segunda República y en cambio llegaron a abrirse 40.000 expedientes de procesamiento. Cuando no sabían qué llamarte para depurarte, para echarte por ejemplo de la Universidad, te llamaban masón. ¿Ahora, cuántos? No sé. Menos que antes.

Sí sé que en Canarias crecemos mucho, somos de las comunidades que más crecen en España. Cataluña, Canarias y Madrid es donde hay más masones.

Que no, que no somos una sociedad secreta. El único secreto es el de los debates que se celebran en el taller. Decir o no decir en público que eres o no eres masón es una decisión personal que cada uno toma en conciencia. Hay en La Palma quien acude con mandil a una procesión pública y hay quien mantiene el anonimato. En eso somos muy respetuosos. Ha habido muchos años en que la masonería no ha considerado necesario dejarse ver, salir a la luz. Pero otros pensamos que, si no nos conocen, ¿cómo vamos a crecer? La transparencia va a contribuir más que nada en mi opinión a disipar tabúes y resabios...

No estamos aquí para tocar el tambor sino para propagar sentimientos religiosos. La masonería es una escuela de temple moral. Pero sin complejo de legionarios

Es un error ver el progreso de la Humanidad como una línea continuamente ascendente. Lo habitual es avanzar un poco y dar otro paso atrás. En pleno siglo XVIII, en el marco de la Ilustración, la masonería fue clave en la eclosión europea de las ideas y las libertades. Sin ella no se entienden ni la Revolución Francesa ni la independencia americana. Luego vinieron el retroceso, las guerras...

Como digo, el progreso humano no es constante, es más bien pendular. Ergo, hay que armar a los ciudadanos con valores para resistir las épocas oscuras. No sabemos cuánto tiempo puede la sociedad seguir en paz, sin guerras, con prosperidad, etc. Europa no empezó precisamente con la Unión Europea, hemos conocido etapas de todo. Los valores aportados por los pensadores, filósofos, creadores, hay que amarrarlos. Hay que hacer públicos esos anclajes de lo humano, hay que apostar por ello. Con eso no pretendo decir que los masones tengamos ni la exclusiva del progreso ni de la aparición del liberalismo en el mundo. Somos un anillo más de la cadena, nos limitamos a aportar nuestro granito de arena.

Me pregunta usted con insistencia por qué hay que hacerse masón para ser así, para pensar y hacer todo eso. Por qué precisamente masón y no otra cosa. Bueno, digamos que nos anima un plus de coraje para denunciar lo inhumano, los abusos, la corrupción. No nos planteamos la indiferencia ante el que sufre. Hoy mismo he comido con un sacerdote muy vinculado a movimientos de recuperación y rehabilitación de drogadictos. Me ha recordado que de una logia cercana –que no es la mía- le vienen siempre varios hermanos con mantas y otras cosas que es todo lo que hay en esa residencia. Nosotros creemos que la caridad y la beneficencia hay que hacerlas cuando hay que hacerlas, sin cacarearlas y sin presumir. El afecto a los demás es nuestro valor predominante.

¿Que si nos sentimos superiores a los que no son masones? En absoluto. Jamás. Hay aspirantes que nos hacen desconfiar, eso es todo, que tememos que no desarrollen ni aporten lo suficiente al trabajo conjunto, al esfuerzo de mejorarse y mejorar. De ahí que hilemos tan fino con la iniciación y la admisión. Pero de ahí a vernos como un superlobby que va conspirando por el mundo como en una novela de Dan Brown... Mire, sin ir más lejos en la logia no se puede hablar de política. Nunca. Fuera del templo, lo que quieras; por eso puede haber gente de distintos partidos dentro de la misma logia. Pero dentro, mandan el respeto y la armonía.

¿Favores especiales entre hermanos? Claro, por supuesto que se crea un afecto y una solidaridad. Igual gracias a ser masón no tienes que esperar quince días para ser recibido por un cargo público que también lo sea... Pero de ahí no pasa. Por supuesto esto no tiene nada que ver con la corrupción organizada de los partidos políticos.

Me preocupa mucho como masón ese abuso, ese uso de todo a favor de unos pocos... La masonería tiene que oponerse con energía a eso. Así no se mejora la sociedad.

Me pregunta usted si precisamente en este momento de gran decadencia, de gran oscuridad y confusión, no es más imperativo para nosotros dar un paso al frente, salir más a la luz. Pues sí, yo creo que han reaparecido peligros muy importantes para la Humanidad que parecían superados. Por eso ahora es importante salir a defender valores, valores y más valores. Cuando la democracia es firme igual no hace tanta falta. Ahora, en cambio... Con la crisis de los desplazados, con la crisis de los inmigrantes (que no es lo mismo), los extremismos, los populismos, la insolidaridad, la violencia extrema... Yo creo que estamos viviendo la época más peligrosa de hace veinte años en toda Europa. Claro que hay que militar más que nunca en las filas de la tolerancia y la liberalidad, que compartir las preocupaciones, que fomentar la empatía.

Foto: Moeh Atitar

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Veo que se ha quedado usted dándole vueltas y más vueltas a la cuestión de por qué un masón no puede ser agnóstico ni ser ateo. Bueno, en primer lugar, porque así lo decidió un fundador, porque está en nuestra Constitución, por así decirlo. Ya, me sale usted al quite con que se lo justifique desde el fondo, no desde la forma. Bueno, fíjese en que nosotros estamos siempre invocando el Nuevo Testamento, el Evangelio de San Juan: al principio fue el Verbo. El Verbo era Dios. No estamos aquí para tocar el tambor sino para propagar sentimientos religiosos.

Somos caballeros de Dios, la masonería es una escuela de temple moral. Pero sin complejo de legionarios.

Pedro Sánchez ha sido un secretario general del PSOE desafortunado y no ha sabido perder

Y llegamos al vidrioso y complicado asunto de las mujeres y la masonería. Yo no sé si en el futuro se planteará mejor el papel de la mujer, hasta el papa Francisco lo tiene planteado. No es excluyente. En toda Europa hay logias masculinas, femeninas y mixtas. No hay exclusion, tú eliges. La mía, la Gran Logia España, es masculina, sí.

¿Cómo dice? ¿Me pregunta si las logias más importantes no serán siempre las masculinas? Mire, hay mujeres masonas muy célebres, muy relevantes.

Y llegamos a ese otro tema tan fascinante para los profanos, los códigos, los signos por los que nos reconocemos entre nosotros los masones. En nuestros estatutos y ritos, ciertamente, el iniciado es informado de estas cosas. Las usa o no las usa según quiere. Era más habitual antes, cuando la masonería se mantenía a la fuerza más en secreto… Pero créame que hay signos más contundentes que los que se hacen con la mano. Por ejemplo, yo una vez en una reunión política internacional reconocí como hermano al que acababa de ser elegido presidente de determinado organismo, y cuando él me preguntó cómo lo había yo identificado a él, le dije, pues por su estilo de dirigir la reunión. Con un fair-play, una calma ante lo alternativo, un temple ante la discrepancia... Qué a gusto te sientes haciendo las cosas así. Qué diferencia con el barro político del día a día.

Se lanza usted de cabeza a la piscina y me pregunta qué ha sido más complicado para mí, si salir del armario como masón, o como homosexual en el momento en que lo hice... Es verdad que puede trazarse cierta analogía entre minorías incomprendidas, entre élites perseguidas. Ojalá las dos cosas dejaran de ser noticia. Yo me declaré homosexual en el año 2000. Antes no lo había negado nunca, simplemente no hablaba de ello, como el lema del ejército norteamericano, don't ask, don't tell. Surgió la necesidad de dar el paso al frente por motivos personalísimos. Me pregunta si me ayudó a decidirme mi temple, mi ética de masón. No sabría decirle, uno es la suma de tantos factores... El humanismo que yo trato de practicar, el rigor que adquirí en los jesuitas, me llevó en la vida primero a comprometerme en la lucha contra la dictadura y luego en una lucha más profunda contra la oscuridad espiritual.

Hay que dejar de reinventar la Transición y hay que practicar el debate, que no mata a nadie

Yo he estado siempre muy metido en política pero buscando mis válvulas de escape, mis desahogos. Mis escapadas de verano a Salzburgo –soy muy mozartiano-, etc. Y no me gusta compartir esa visión tan pesimista de la política en España que se está generalizando. Hay que combatir eso y arreglar los problemas y recuperar los valores. Hay que cumplir y hacer cumplir ese artículo de la Constitución que exige que los partidos políticos tengan vida democrática. No hablo sólo de atajar la corrupción o la financiación ilegal, hablo de respetar y hacer respetar los derechos del militante. No se puede ir a las bases para todo.

Los líderes tienen que hacerse responsables, no se puede convocar un comité federal y si no te gusta lo que sale luego unas primarias y luego una asamblea. O haces primarias o haces congreso, o se vota o se elige, pero que se aclaren, lo que no puede ser es que cuando surge cualquier problema entre el órgano interno de control y el controlado, se recurra a la militancia como legitimador para romper la baraja. Esa demagogia crónica, ese populismo, es propio de los años 30.

¿Que si todo esto que digo va por Pedro Sánchez? Mire, no me haga hablar de Pedro Sánchez porque somos amigos hace años. Pero su secretariado general ha sido muy desafortunado y su salida, más. Cuando pierdes, hay que saber perder…

Hay que ser muy cuidadosos. Cuando veo a esa gente joven que parece querer inventarse una Transición que nunca existió... No es un tema de elitismo sino de lo que siempre hemos buscado: asumir principios no sólo para cada uno sino para todos, con visión colectiva. Y sobre todo practicar el debate, que eso no mata a nadie.

Foto: Moeh Atitar

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