En primera persona

'El Brujo': "Pablo Iglesias es de un izquierdismo decimonónico"

Rafael Álvarez, 'El Brujo', es uno de los gurús del arte dramático español. Con su 'Lazarillo' pone en solfa la picaresca nacional. Aquí habla en primera persona.

El Brujo en su casa.

El Brujo en su casa.

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Rafael Álvarez, 'El Brujo' (Lucena, Córdoba, 1950), es el heredero de Fernando Fernán Gómez. Desde hace casi cuatro años, todos los lunes tiene una cita con sus fieles en el teatro Alcázar de Madrid. Y de viernes a domingo se va de bolos por España. Ahora, en la España de la picaresca, vuelve a representar 'El lazarillo de Tormes'.

Empecé con 28 años en esto del teatro. Contando los de otras reencarnaciones anteriores, llevo 105 en la profesión. Decía Boadella que él creía en la reencarnación por mí, ya que al verme actuar pensaba que yo tenía que haber sido cómico en otra vida, ya que tanto no había podido aprender en ésta. Yo creo que procedo de la India. Debí de ser un swami o un monje hindú, o tal vez un sadhu errante, peregrino hacia Rishikesh, rumbo a los Himalayas, un renunciante que iba con la cabeza enmarañada como la tengo ahora, con un taparrabos nada más… y sin pagar el IVA.

El actor en su casa.

El actor en su casa.

Comencé a hacer teatro en el Colegio Mayor San Juan Evangelista, donde residí tres años, cuando hacía Derecho. Ahora han desalojado a los okupas del San Juan. El futuro duerme su sueño en algún lugar oculto y, cuando despierta, trae siempre la huella de algo que en el pasado ocurrió. En castellano decimos que la cabra tira al monte. El monte es el pasado, los ancestros. El pasado rojo del San Juan ha atraído ahora a los nuevos rojos antisistema y perroflautas.

Estuve en el teatro independiente hasta que ya la maduración de la vida me llevó a La taberna fantástica, de Sastre, en 1985, y descubrí el teatro con un grandísimo director, Gerardo Malla, al que la vida no le ha hecho justicia. Hasta entonces yo era un aficionado, un amante del teatro de tabladillo.

Soy de los pocos cómicos españoles que van a Cataluña. Yo hago allí chistes críticos sobre el nacionalismo y la gente se descojona

Los lunes es el día de descanso de los cómicos. Pero yo los lunes tengo una cita con el público desde hace cuatro años en el Alcázar de Madrid, ahora con El lazarillo de Tormes. Y a veces hago bolos los viernes, sábados y domingos por España. Yo quería tener una especie de foro, con mis temas: El lazarillo, La Odisea, San Francisco o El asno de oro. Y en el Alcázar se ha generado un fluido con el público. Cuando estás tiempo en un sitio, te estabilizas. Si estás tres años, ya puedes estar 30. En ciudades como Madrid o Barcelona hay un umbral que si lo pasas hay magia.

El actor.

El actor.

La última vez que estuve en Cataluña fue en abril del año pasado, en el Condal, con Mujeres de Shakespeare y El lazarillo. Soy de los pocos cómicos españoles que van a Cataluña. Pero la recepción de mi teatro es la misma que en otro lugar de España. Yo hago allí chistes críticos sobre el nacionalismo y la gente se descojona. Yo les dije una vez, en La Odisea: “Entiendo que vosotros estáis viviendo vuestra Ítaca, pero cuando lleguéis a la independencia os daréis cuenta de que hay que volver a empezar, porque el Barça gana el domingo y el lunes hay que afrontar la miseria vital”.

Madrid es Madrid. Tiene carisma. Aquí todos hemos sido aceptados, integrados, reconocidos. Sabina, también andaluz, no sería Sabina sin Madrid. Como Valle-Inclán, que vino de Galicia. Madrid tiene este punto maravilloso de las cañas y el taxista.

Los Lázaro de ahora son los jóvenes emprendedores que ya no tienen beca y se buscan la vida. Algunos se convierten en grandes empresarios

El Lazarillo de Tormes, la historia de un pícaro, se entiende en todas partes. Enseña a reconocer la debilidad humana, la tendencia al monte, como cabras, que tenemos todos. Y el monte es “antes de que venga otro, me lo llevo yo”. Me decía un taxista que me cogió en Almería en aquellos años en los que Guerra tuvo un lío muy gordo con el despacho de su hermano: “Si eso e normá. Vamo a ve: Si usté fuea ministro y tuviera un hemano, ¿usté no lo iba achuchá? ¡Si no, sería un mal hemano!”.

Los Lázaro de ahora, que aguzan el ingenio con el ciego, son los jóvenes emprendedores que ya no tienen beca y se buscan la vida. Y algunos se convierten en grandes empresarios. No sé cómo empezó Florentino, pero ahí lo tenemos. Yo le mezclo en El lazarillo con el IVA, que en cultura es deprimente. Es insufrible que al fútbol se lo hayan dejado al 10%. Es el síntoma de una patología moral. ¡Que una obra de Lope de Vega pague el 21% y el Barça-Madrid un 10%!

El actor en su estudio.

El actor en su estudio. Dani Pozo undefined

El Lazarillo que interpreto siempre es el de Fernán Gómez. No hubiera querido hacer todo lo que hecho en El lazarillo si no me llega a decir un día Fernando, con dos whiskies: “Lo que tú haces es genial, haz lo que te salga de los cojones”.  Y he tenido que hacerme autor para mí mismo. Como Darío Fo, creo el texto cada día. Ahora estoy estudiando el Mahabharata. En la India lo hacen los narradores unipersonales, como los aedas con las grandes epopeyas. Sería un canto a mis antecedentes indios. ¡La cabra tira al monte!

Es el síntoma de una patología moral. ¡Que una obra de Lope de Vega pague el 21% y el Barça-Madrid un 10%!

Y soy mi empresario. Era un paso necesario para poder tener la libertad de movimiento y eso no lo puedes hacer con alguien que opina antes de que lo hagas. Llevo ya años yendo solo por la vida. En televisión, participé en Juncal, haciendo Búfalo, fue mi revelación al público con un grandísimo director, Armiñán. La profesión me conoció con La taberna, pero el público con Juncal. ¡En aquella TVE-1, sin privadas, eran 18 millones de espectadores en cada capítulo!

Albert Rivera en las formas es mejor que Iglesias, pero excesivamente de derechas en temas económicos

En España, algunos nos hemos hecho mayores. Yo tenía 26 años cuando llegó Suárez al poder. Había empezado en la política como en una iniciación al compromiso. Pero estaba en el Partido Comunista y me sentía que no era yo. Semprún decía que él, como marxista, creyó que el mundo estaba ahí para cambiarlo, pero con 80 años se dio cuenta de que mundo estaba ahí para cambiarlo a él.

Lo que hay en España es el cambio generacional, pero a los jóvenes los veo antiguos. Pablo Iglesias es de un izquierdismo decimonónico. ¿Dónde está esa izquierda progresista del siglo XXI que tendría que incorporar la ecología, el pensamiento holístico, la superación de los traumas emocionales de la memoria resentida y una visión del mundo ya interplanetaria? Albert Rivera en las formas es mucho mejor. A mí me gusta ese estilo no agrio, de reconocer al adversario su valor. Pero le veo excesivamente de derechas en temas económicos.

Para Pedro Sánchez el PSOE es el instrumento, un instrumento obsoleto. Pero es al que pienso que voy a votar. Yo soy un liberal, pero reconozco que el liberalismo desaforado en el sistema mercantil produce desastres. Un liberalismo atemperado por lo mejor del socialismo, que sería la socialdemocracia, creo que es el sistema más acertado.

Rajoy es el hombre del casino provinciano. Este sí que es antiguo, pero tiene el instinto del sentido común. Tiene el Estado en la cabeza, como Fraga. Lo sabe todo, pero intelectualmente es mediocre. Es de los del fútbol al 10% de IVA. ¿Y  Lope de Vega? “Sí, en el colegio lo estudiamos y saqué un 10”.

He tenido cuatro matrimonios anteriores, pero los actores de Hollywood tienen más. Y tengo cuatro hijos de tres mujeres diferentes

Mi padre, un judío con cultura popular, era representante comercial de vinos. Cuando me llamaba para hablar de algo, me decía: “No tomes la copa de vino, sólo huele, y luego hablamos del problema”. Mi padre me trae a Madrid para que haga Derecho. El bachillerato lo había hecho con los maristas, pero cito mucho a los jesuitas. Los chicos listos iban a los jesuitas, eran una élite, con el Icade o el Icai. Decía un jesuita: “Lo importante es el fajín”.

En mi vida, el amor ha sido el motor, la inteligencia emocional, la conexión del intelecto con la fuerza del corazón a través de la mujer. Yo he tenido cuatro matrimonios anteriores, pero los actores de Hollywood tienen más. Aquí con Franco no se separaba nadie. Y tengo cuatro hijos de tres mujeres diferentes: Ana y Cristina, que son mayores, y Rafael y Clemente. Dagmar es mi mujer, mi alma gemela. Con ella apareció un hada en mi vida que calmó mis dolores y sanó mis heridas.

Un hijo es dar la oportunidad de reconocer la inmensidad del amor del padre. El amor del Padre, del que habla Jesús como metáfora, para hablar de esa fuerza cósmica que habita en cualquier forma de la creación y que está en cualquier ser humano.

Mi espiritualidad ha sido un largo proceso, una búsqueda del hombre interior, la búsqueda de esa fuerza que te calma y te centra, la búsqueda de la conexión del hombre exterior con el hombre interior, con el alma.

Bajo siempre al patio de butacas. Bajo a la vida para que la vida suba a escena. La escena es tan grande como el brillo de los estrellas y hay otra vida que se puede soñar, a la que se puede despertar.

Por eso decía que estas izquierdas me parecen antiguas, porque no incorporan esa dimensión. Cuando los científicos dicen que el universo es sustancia pensante, la política no puede ser el decir tú eres de derechas y yo de izquierdas. Los políticos deberían tener conciencia de que el sueño es grande. Y eso debería de sugerir una nueva política.

El Brujo.

El Brujo.