La tribuna

Trump, Clinton y la equidistancia de los medios

Javier Muñoz

Ilustración

Me encantan las elecciones, son la esencia de la democracia. Por eso, como estadounidense, esperaba 2016 con ganas... hasta que Donald Trump se convirtió en mayo en el candidato republicano y me di cuenta de que iba a tener que pasar los próximos cinco meses hablando de él.

Ya sabemos que ganó las primarias no precisamente gracias a una campaña sofisticada, sino por la gran cobertura que le dieron los medios de comunicación de forma gratuita, como consecuencia de sus declaraciones escandalosas y el trato brutal que dispensaba a sus oponentes. Trump es un hombre que no tiene nada de experiencia en política, que no respeta las instituciones y que desprecia a gente que forma parte del pueblo estadounidense: los hispanos, los africano americanos, las personas con discapacidades y también a quienes suponemos más de la mitad del país: las mujeres.

Trump no tiene ninguna experiencia en política, no respeta las instituciones y que desprecia a la gente 

Sin embargo, se supone que los medios deben hablar de él con cierta deferencia por su condición de candidato. Se supone también que tienen que ser "neutrales". Pero eso causa una falsa y peligrosa percepción en la opinión pública de que Trump es un candidato válido y, por lo tanto, una opción legítima para la Presidencia de los Estados Unidos. Y no lo es. 

El último escándalo han sido los testimonios publicados por The New York Times y la revista People donde tres mujeres culpaban al candidato republicano de abusar de ellas sexualmente. Trump ha acusado a ambos medios de fabricar dichas historias ya que considera que son invenciones.

Hay una falsa y peligrosa percepción en la opinión pública de que Trump es un candidato válido

Según un estudio de Daniel C. Hallin y Paolo Mancini, los medios de los países atlánticos (EE.UU., Canadá, Irlanda y Reino Unido) se diferencian de los medios de países mediterráneos (España, Francia, Grecia, Italia y Portugal) por su insistencia en mantener la imparcialidad. Ciertamente algo que me chocó en mis primeros años en España es que la gente me preguntara por la línea editorial de los periódicos estadounidenses como el The New York Times, el Washington Post o el Wall Street Journal.

Por ejemplo, casi cualquier votante del Partido Republicano va a decirle que el New York Times es muy de izquierdas, mientras que políticos de izquierdas como Bernie Sanders o Jill Stein perciben al periódico como de centro derecha. Pero no dejan de ser percepciones, porque el New York Times, siguiendo la tradición de los periódicos atlánticos no tiene una línea editorial definida, al anteponer su aspiración a ser neutral. Con los años he llegado a apreciar el modelo de prensa mediterráneo, porque como no existe la imparcialidad, me parece más honesto que los periódicos muestren abiertamente sus inclinaciones.

Hay que preguntarse cómo informar acerca de Trump, quien está muy lejos de cualquier candidato presidencial

Llegados a este punto hay que preguntarse cómo informar acerca de Trump, un hombre que está muy lejos de cualquier candidato presidencial en la historia, y a la vez hacer un análisis riguroso. La respuesta es fácil: decir la verdad. Y la verdad no es bonita.

Sin embargo, muchos medios en EE.UU. tienen tanto miedo a dar la impresión de que se inclinan hacia la izquierda que sobreactúan, hasta el punto de presentar a Trump como alternativa válida a Hillary Clinton, quizás la candidata más preparada para ser presidente de los Estados Unidos de toda la historia. Y hay medios internacionales que siguen y repiten esa pauta. Sin embargo, Clinton -imperfecta como todos los candidatos- propone soluciones serias, respeta las instituciones nacionales y extranjeras, y no insulta a los grandes colectivos de su país. Pero esa obsesión de querer presentar a los dos candidatos como si fueran respetables, o como si ambos fueran las dos caras de una misma moneda, es falso y engañoso.

Muchos medios en EE.UU. presentan a Trump como alternativa válida a Hillary Clinton cuando no lo es

Podemos hacer una prueba para ver el problema que planteo. Si nos dijeran que citásemos escándalos de Hillary Clinton, ¿cuántos podríamos normbrar? Está el de los correos electrónicos, por utilizar un servidor privado en lugar del oficial cuando era secretaria de Estado. También están las donaciones opacas a la Clinton Foundation y sus conferencias privadas en Goldman Sachs. Al margen del recorrido de estos escándalos, lo cierto es que han salido a la palestra una y otra vez en los meses de campaña: como no había nada nuevo, se volvía una y otra vez sobre ellos. Esa machacona repetición tiene una gran incidencia en la opinión pública. Cada vez que somos bombardeados a diario por multitud de mensajes, al final, sólo recordamos lo que se repite mucho.

Ahora hagamos el mismo ejercicio con Trump. ¿Cuántos escándalos ha protagonizado? Muchos, sin duda. Pero ¿cuántos podríamos nombrar? Tantos que no es tan fácil recordarlos todos. Desde el anuncio de su candidatura, en el que llamó "violadores" a los inmigrantes mexicanos, hasta aquel comentario sobre su rival republicana Carly Fiorina ("¡mira esa cara!)". Pero hay muchos casos en los que ha dicho o tuiteado algo racista, sexista o que incitaba a la violencia. Pero además de sus palabras están los asuntos turbios.

Al haber menos historias negativas de Clinton que de Trump, se repiten y se profundizan en las de ella

La revista The Atlantic ha publicado un resumen de escándalos de los candidatos: la lista de Trump tiene 18 y la de Clinton, 8. Pese a la diferencia, esos artículos responden a la obsesión por tratar de buscar el equilibrio: si hay un escándalo de uno, hay que mencionar por lo menos un escándalo del otro, aunque para ello haya que repetir. Y como hay menos historias negativas sobre Hillary Clinton, los medios no solamente las han repetido, sino que han profundizado en ellas.

En verano, la agencia AP publicó una investigación con este titular: “Más de la mitad de quienes se reunieron con Clinton como secretaria de Estado dieron dinero para su Fundación”. A la hora de la verdad, el titular fue lo más escandaloso de esta historia. Investigaron un parte pequeña de los cientos de reuniones que tenía Hillary Clinton como secretaria de Estado sin que pudiera establecerse una relación de do ut des. Pero el titular ahí queda.

Los escándalos atraen más atención que los detalles de las iniciativas políticas por eso Trump triunfa

El Washington Post, por su parte, publicó un reportaje sobre cómo Trump había utilizado dinero de su fundación -la gran mayoría viene de otros donantes y no de él- a discreción, ya fuera para obras de caridad como para hacer regalos o pagar sus propios gastos legales. Pues bien, un estudio del think tank Media Matters comparó la cobertura que la televisión por cable dedicó a la neumonía de Hillary Clinton y a la del escándalo de la fundación de Trump: hubo 13 veces más de tiempo para la neumonía.

Si los medios dedicaran más tiempo a analizar las propuestas de los candidatos sería muy útil para los votantes. Pero los escándalos atraen más atención que los detalles de las iniciativas políticas. Y dado que Trump directamente no explica ninguna de sus propuestas en detalle, siempre podría acusar a los medios de dar más cobertura a su rival. ¿No resulta todo absurdo?

Quien se entrega al populismo gana audiencia, mientras que quien tiene propuestas serias es criticada

En un mundo ideal, donde la política se tomara en serio, los candidatos estarían obligados a dar cuenta de sus planes para el país. Pero, al menos en esta elección presidencial de 2016, vivimos en un universo en el que quien habla con vaguedad y se entrega al populismo gana audiencia en los medios. Y al contrario: quien tiene propuestas serias es criticada por no ser simpática. El mundo al revés.

*** Alana Moceri es profesora de Comunicación política en la Universidad Europea de Madrid y fundadora del movimiento Spain for Hillary.