La tribuna

Republicanos y demócratas: dos partidos, dos mundos

Repúblicanos y demócratas: dos partidos, dos mundos

Ilustración

Los dos grandes partidos políticos de Estados Unidos han convocado sus convenciones en las dos últimas semanas de julio. Este año, más que en ningún otro ciclo electoral, estos eventos plasman la tremenda disparidad existente entre ambas formaciones, y muestran sus enormes diferencias ideológicas, organizativas y de temperamento.

Para empezar, vale la pena recordar que los partidos políticos en Estados Unidos son muy distintos a los europeos. Un partido en España, Alemania o Reino Unido es una organización burocrática estructurada de manera más o menos jerárquica. El secretario general, presidente o líder tiene una autoridad directa sobre sus legisladores, un papel dominante en la definición del programa y estrategia, y confía en una estructura nacional de empleados más o menos permanentes que mantienen en funcionamiento la formación.

En Estados Unidos los partidos políticos son estructuras mucho más débiles y menos cohesionadas que en Europa

Los partidos en Estados Unidos son estructuras mucho más débiles y menos cohesionadas. Los líderes del Comité Nacional Republicano (RNC) o del Comité Nacional Demócrata (DNC) están al frente de organizaciones que actúan más como asociaciones de candidatos que como una estructura de gobierno. Su papel consiste poco más que en mantener listas de correo, asesorar a candidatos que les pidan ayuda, recaudar dinero para campañas (a menudo compitiendo con candidatos y grupos externos) y organizar fiestas y eventos como las convenciones.

El sistema americano está centrado en los candidatos, no en un partido monolítico. Todo político, desde un humilde concejal (alderman) hasta un candidato a la Presidencia, tiene su propio equipo de campaña y se espera que pague ésta esencialmente en solitario.

Tanto demócratas como republicanos son una coalición de políticos que concurren a elecciones bajo una misma marca

Esto quiere decir que tanto demócratas como republicanos son en el fondo una coalición de políticos que concurren a elecciones bajo una misma marca. El significado de las dos etiquetas es, hasta cierto punto, fruto de los miles de procesos de primarias que se repiten, un año tras otro, en miles de elecciones por todo el país. Estos procesos están dominados por activistas, donantes y medios de comunicación locales, a menudo bastante ideológicos, y reflejan el sentir de las bases, aún de forma imperfecta.

Las convenciones presidenciales son, en cierto sentido, la culminación de este proceso; el cierre del proceso de primarias más caro, disputado e importante de todos los que se celebran en el país. De sus mensajes, organización y conflictos podemos entender mucho sobre las diferencias entre ambos partidos.

Donald Trump ha lanzado una OPA hostil sobre los republicanos y ha revolucionado el partido ideológicamente

En el lado republicano, la convención nos acaba de enseñar que las bases son, ideológicamente, bastante más distintas de lo que creían las élites de la RNC, los intelectuales conservadores y las estructuras de gobierno en Washington. Tan significativas en esta convención fueron las ausencias como las personas que asistieron y hablaron. Tres de los cuatro últimos candidatos a la Presidencia (Bush padre e hijo, John McCain y Mitt Romney) renunciaron a participar. Trump ha lanzado una OPA hostil sobre los republicanos y ha revolucionado el partido ideológicamente. Su victoria es la culminación de una rebelión de las bases que empezó con el Tea Party allá por el 2009.

El nuevo GOP (Grand Old Party, el apodo de los republicanos desde siempre) es una formación populista, nacionalista y obsesionada con la ley y el orden. A Trump se le ha acusado de racista (no sin motivo), pero la pulsión fundamental que subyace a su elección no es tanto el odio como el resentimiento. Desde hacía tiempo, el GOP era un partido que basaba su discurso en el resentimiento contra las élites, los expertos, aquellos que “nos dicen lo que tenemos que hacer”. También contra las corruptelas y los pactos de políticos que nos venden a extranjeros con tratados de libre comercio, se preocupan más por no ofender a nadie que por ayudarnos y usan impuestos para dar subsidios y programas gratis a “esa gente” (léase: negros e hispanos, de forma implícita) que no lo merece.

Mientras el GOP se organiza alrededor de su ideología, el Partido Demócrata es más una coalición de grupos diversos

La Convención Republicana, aún dentro de su desorden (desde discursos plagiados a oradores metiendo el dedo en el ojo al candidato), dejó claro este mensaje central. Los discursos oscilaron entre las críticas a Hillary Clinton y una visión de una América en crisis, fracasada, al borde del desastre por culpa de todos esos actores nefandos que conspiran contra ella. 

La Convención Demócrata de esta semana, sin embargo, tiene una estructura y contenidos muy distintos. Matt Grossman y David Hopkins, en dos artículos recientes, señalaban que mientras el Partido Republicano se organiza alrededor de su ideología, el Demócrata es, por encima de todo, una coalición de grupos diversos. Esto lo vimos durante el proceso de primarias y lo veremos en Filadelfia estos días.

Clinton y Sanders son dos progresistas con ideas distintas sobre qué nivel de redistribución es políticamente viable

Bernie Sanders y Hillary Clinton tenían programas electorales con diferencias de grado, no de principios; Sanders estaba a su izquierda, pero el programa de Clinton se basaba en un análisis de la realidad parecido. Trump, Kasich y Cruz representaban tres facciones ideológicas (populista, moderada y conservadora, respectivamente); Clinton y Sanders son dos progresistas con ideas distintas sobre qué nivel de redistribución es políticamente viable. Lo que les diferenciaba era quiénes les apoyaban, y, por lo tanto, qué puntos del programa común eran más prominentes en su agenda.

Sin ánimo de ser exhaustivo, el Partido Demócrata tiene varias facciones: latinos, afroamericanos, judíos, yuppies blancos de las dos costas, asiáticos, gays/lesbianas, ecologistas, hipsters, jóvenes, sindicalistas (divididos entre trabajadores públicos y sector privado) y profesionales/intelectuales. Estos grupos tienen una serie de intereses comunes que tradicionalmente no caben dentro del Partido Republicano, pero también tienen preferencias contradictorias en qué temas deben ser prioritarios.

La Convención Demócrata será menos estridente: sus debates no giran en torno a principios ideológicos definidos

Sanders aglutinó sobre todo el voto joven, hipster, aquellos con menos ingresos y votantes menos identificados con el partido; Clinton aglutinó minorías, profesionales y militantes de toda la vida. Las prioridades del partido reflejarán estas coaliciones; en Filadelfia se hablará más sobre racismo e inmigración y menos de redistribución que si hubiera ganado Sanders. No porque Clinton se oponga a ello, sino porque los grupos con un peso cada vez mayor dentro del partido (licenciados y minorías raciales) no los tienen como prioridad.

Los dos grandes partidos hablan distinto, actúan distinto y tienen agendas distintas porque la estructura de su electorado afecta su comportamiento. Los republicanos son un partido racialmente mucho más homogéneo, pero ideológicamente mucho más dividido. Sus primarias son mucho más ideológicas y su programa mucho menos incluyente. Los demócratas son una aglomeración de grupos que el GOP ha renunciado a representar, y sus debates internos giran más en torno a asignación de recursos que a principios ideológicos definidos. Su convención será menos estridente que la republicana por ese motivo.

*** Roger Senserrich es licenciado en Ciencias Políticas y editor de 'Politikon'.