Picalagartos

Boris, Picardo y Los Morancos

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No hay mayor peligro que un alcalde visionario. Ya sea Colau eligiendo megáfono y desahucio, o Manuela Carmena, la pobre, poniendo en papel consistorial el último disparate de su entrañable y aplaudida senilidad. Los alcaldes dejan en ruinas morales a la urbe, se valen de ella, y desde el ayuntamiento van enfocando su plan de eternidad o de pensiones. Lo mismo les vale una romería de capillitas que un akelarre okupa en un cine abandonado. La cosa es hacerse un currículo político besando a desdentados y alcantarillando los poblados. Ahí está para los anales el caso de Celia Villalobos, ese irresistible ascenso del marujerío que ha creado escuela en las alcaldías de medio mundo. Piensen, si no, en Boris Johnson, un simpático granuja, una suerte de Robert Redford pasado de bótox y de frenada y de agua oxigenada en la azotea; un populista de libro que después de cargarse Europa se va a Bruselas, el tío, como ministro de Exteriores de las islas verdes y Gibraltar. Así lo vieron en Europa el lunes, muy preocupado por la situación en Turquía y dejando claro -según la claridad de este hombre- el asunto de la soberanía de Gibraltar.

El titular lo daba este periódico a las 13.12 y con fuerte viento en el Estrecho: "Boris Johnson anuncia que 'redoblará la guardia' sobre la soberanía de Gibraltar". En la Roca hay una escuela de demagogia y populismo, y Boris no iba a perderse el papel de buscarle las cosquillas a Margallo. De alcalde de Londres a liderar otro Trafalgar hay un paso, y la oportunidad histórica le ha llegado a Johnson aprovechándose de Picardo y de sus aires de virrey. A esta ensalada gibraltareña, claro, hay que añadir la incansable actividad de Picardo para que lo saquen a hombros por Main Street, callejuela principal de la Roca, en Europa o sin Europa, pero con estómagos agradecidos de Sotogrande a Estepona. De hecho, ha trascendido una foto de Picardo y Boris, de Johnson y Fabian, que recordaba a los primeros sketches de Los Morancos, aquellos del guiri desnortado por Triana y el banderillero castizo.

En el paseo del responsable de Exteriores por Bruselas, el propio Boris ha gritado que UK redoblará la guardia sobre el Peñon, que la Roca con sus súbditos y sus simios y su gente son indefectiblemente británicos.

Boris -al que quieren emplumar en su tierra- sabe que la bravuconada causa efecto en una España en funciones; en este caso podríamos volver a la ya citada Celia Villalobos como una alta comisionada para los temas de la Verja.

Pasa que a cada payasada de Johnson, Europa se desangra entre la tragedia francesa y la comedia recurrente de Gibraltar.