El rugido del león

Las tinieblas de la España de Rajoy

El manuscrito de Bárcenas que hoy publica EL ESPAÑOL es de una relevancia extraordinaria. Se trata de un documento que forma parte del sumario instruido por Pablo Ruz en el caso de los papeles del extesorero del PP y que nunca había salido a la luz. No es un documento que tenga relevancia penal; al menos, ni el juez ni el fiscal se la encontraron. Su importancia radica en mostrar cómo la vicepresidenta del Gobierno y el hombre clave en los círculos del poder del mayor grupo de televisión de España actuaron de forma coordinada para condicionar una investigación policial.

El propósito de esa colaboración era echar una mano a Bárcenas para que nuevos informes de la Policía acreditaran que él no era "Luis El Cabrón", apodo que aparece en la contabilidad de Francisco Correa, líder de la trama Gürtel. Era una más de las maniobras con las que desde el Gobierno y el PP se pretendía convencer a Bárcenas para que no tirara de la manta.

"Mauricio [Casals] fue mi interlocutor con Jorge Fernández y Soraya Sáenz de Santamaría, así como con el comisario Oliveras...", escribe Bárcenas de su puño y letra. Y especifica que todo ello se produjo ¡"con el conocimiento de Rajoy"! Aquellas negociaciones, que están acreditadas por varios testigos, se prolongaron durante meses (entre marzo de 2012 y abril de 2013) e incluyeron contactos con María González Pico, jefa de Gabinete de la vicepresidenta, y otros altos cargos.

Colaboración en la sombra

La estrecha colaboración de Sáenz de Santamaría y el directivo del grupo propietario de Antena 3 y la Sexta es una constante en el tiempo. Luis María Anson, amigo personal de Casals, firmaba en 2014 una columna en El Mundo titulada "El sorayato" en la que afirmaba: "Cuenta [Sáenz de Santamaría] con excelentes colaboradores y consejeros, entre ellos, y de forma destacada, con uno de los hombres más inteligentes y capaces que he conocido a lo largo de mi dilatada vida profesional: Mauricio Casals".

Así pues, lo que hace el documento de Bárcenas es destapar cómo se mueven los hilos del poder en la sombra en esta España de Rajoy. Hay que tener presente que quien intriga sin escrúpulos junto a la vicepresidenta es el representante de un sector, el de la televisión privada, que funciona por concesión administrativa. Sus servicios quizás sean gratuitos, pero para su compañía no tienen precio.

El último favor de Casals a Sáenz de Santamaría es el montaje del debate trampa del próximo 7 de diciembre. Es insólito que tres de los candidatos rivalicen no con el cabeza de lista del partido en el Gobierno, sino con su número dos. Lo lógico hubiera sido que si Mariano Rajoy se negaba a participar, su atril quedase vacío, tal y como ha ocurrido en los debates organizados por la Universidad Carlos III y por el diario El País.

Una maniobra redonda

Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias han preferido pasar por el aro antes que desairar al grupo Antena 3. No podían arriesgarse a desatar su animadversión ante unas elecciones que se presentan tan apretadas. La maniobra le ha salido redonda a Casals: agranda la figura de Sáenz de Santamaría y rebaja la de los candidatos del PSOE,  Ciudadanos y Podemos.

Relaciones como esta que de forma tan precisa queda retratada en los papeles de Bárcenas son una anomalía de nuestra democracia. Es inadmisible tal maridaje entre el poder político, económico y mediático, apenas esbozado -con toda la razón- por el reciente reportaje de The New York Times.

Es inmoral que tanto una investigación policial sobre un caso grave de corrupción como todo un proceso electoral queden condicionados por este tipo de maniobras fraguadas entre tinieblas.