Conflicto palestino-israelí

La UNESCO arroja más leña al conflicto palestino-israelí al desligar Jerusalén de los judíos

Su última resolución sobre la ciudad vieja de la histórica urbe desencadena una nueva batalla diplomática.

La resolución de la UNESCO usa sólo la terminología musulmana de Jerusalén.

La resolución de la UNESCO usa sólo la terminología musulmana de Jerusalén. Efe

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Acostumbrado a salir airoso de las resoluciones de la ONU que puedan ir en contra de sus intereses –gracias al apoyo que le presta su fiel aliado Estados Unidos en el Consejo de Seguridad–, Israel se acaba de ver comprometido por un reciente dictamen del Comité Ejecutivo de la UNESCO (Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura de Naciones Unidas).

Esta nueva resolución, impulsada por siete países árabes, está contribuyendo a avivar el fuego del conflicto palestino-israelí cuando precisamente los judíos celebran en esta época del año el Sukkot (fiesta de los Tabernáculos), días en que son habituales las fricciones por la llegada a Jerusalén de miles de jóvenes colonos residentes en la Cisjordania ocupada por Israel.

En 2015, además, las restricciones de acceso al complejo de la Mezquita de Al Aqsa (denominación utilizada por los musulmanes) o el Monte del Templo (término empleado por los judíos), desembocaron en multitud de tensiones, convirtiéndose en el detonante de lo que algunos llamaron “Intifada de los Cuchillos”.  Desde octubre del año pasado hasta hoy más de 230 palestinos y una treintena de israelíes han perdido la vida por esa nueva ola de violencia.

Benjamín Netanyahu condenó la resolución por considerar que niega la conexión histórica, religiosa y metafísica del pueblo judío con la ciudad santa. “Establecer que Israel no tiene conexión con el Monte del Templo y con el Muro de las Lamentaciones es como decir que China no la tiene con la Gran Muralla o Egipto con las Pirámides”, ironizó el primer ministro israelí.

“Con esta resolución absurda la UNESCO ha perdido la poca legitimidad que le quedaba, pero yo pienso que la verdad histórica es mucho más fuerte y acabará imponiéndose”, añadió Netanyahu en un acto público relacionado con el estudio de la Biblia en la ciudad de Jerusalén donde se recordó que la palabra "Jerusalén" aparece nombrada más de 800 veces en el libro sagrado (unas 650 en el Antiguo Testamento y otras 150 en el Nuevo).

Los palestinos, en cambio, no han podido ocultar su satisfacción. “Creo que esta votación supone una dura lección para Israel, máxime después de haberse gastado un dineral para bloquear las decisiones de las organizaciones internacionales que benefician a Palestina”, declaró el portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores de la ANP (Autoridad Nacional Palestina), Omar Awdallah, desde Ramala.

Por su parte, desde la delegación de la ANP ante la propia UNESCO han insistido en que la no mención de términos hebreos en el articulado de la resolución fue hecha en cumplimiento de las Convenciones de Ginebra –que abogan por omisión de la terminología utilizada por el “poder ocupante”– pero que estarían dispuestos a incorporar los términos hebreos que demanda Israel. “El texto no es sagrado y se puede enmendar”, ha asegurado el segundo de la delegación Elías Sanbar desde París.

Finalmente, la resolución fue apoyada por 24 Estados miembros. Entre ellos los siete países árabes que la impulsaron -Argelia, Egipto, Líbano, Marruecos, Oman, Qatar y Sudán- y otros de mayoría musulmana como Irán, Pakistán y Malasia. También se granjearon el apoyo de potencias como Rusia y China, y de varios países latinoamericanos como Brasil, México, Nicaragua y República Dominicana. Los votos en contra fueron sólo seis (Alemania, Estados Unidos, Estonia, Holanda, Lituania, Reino Unido) mientras que las abstenciones sumaron 26, entre ellas las de España, Francia, Grecia, Italia y Suecia.

Con esta resolución absurda la UNESCO ha perdido la poca legitimidad que le quedaba

Sin embargo, después del malestar generado entre las comunidades judías de algunos países latinoamericanos podrían darse cambios de posición retroactivamente. Empezando por México, que ya ha anunciado cómo su “cambio del voto reitera el reconocimiento que el Gobierno de México otorga al vínculo innegable del pueblo judío con el patrimonio cultural ubicado en Jerusalén Oriental”, según un comunicado de su Secretaría de Relaciones Exteriores.

Relevancia histórica y arqueológica

La inclusión u omisión de términos hebreos como Har HaBayit (Monte del Templo) y Kotel (Muro de las Lamentaciones) asociados al Haram el Sharif (Noble Santuario) y a la Mezquita de Al Aqsa –que son los que aparecen en la resolución en referencia al complejo de la Explanada de las Mezquitas– no es un tema baladí. Pues aunque la resolución comienza “afirmando la importancia de la ciudad vieja de Jerusalén y de sus murallas para las tres religiones monoteístas”, después únicamente menciona la nomenclatura musulmana.

“Este es un lugar fundamental, tanto para el judaísmo como para el islam”, comenta en Jerusalén el historiador Henri Gourinard. “Su importancia tanto para judíos como musulmanes radica en que fue el lugar escogido por Abraham para sacrificar a su hijo Isaac, quien será Ismael en el caso del Islam”, agrega. “Además, para los musulmanes es donde se encuentra la piedra sobre la que Dios edificó el mundo y para los judíos es el lugar escogido por el Rey Salomón para edificar el primer templo que guardaba el Arca de la Alianza, dentro del cual estaban las tablas de la ley dadas por Dios a Moisés en el Monte Sinaí”, puntualiza.

En la explanada se encuentran dos de los templos más importantes del islam: la Mezquita de Al-Aqsa y la Cúpula de la Roca, o la cúpula de oro, cuya construcción comenzó con la dinastía de los Omeyas en el siglo VII. Para los judíos, más de 1.500 años antes allí ya estaba su Gran Templo (destruido por Nabucodonosor en el 587 a.C.).

En opinión de Gourinard, “hay quienes niegan que el Templo –sea el primero o el segundo que se reconstruyó y fue posteriormente arrasado bajo las órdenes del emperador romano Tito en el 70 d.C.– estuviera ubicado donde hoy se encuentra la Explanada de las Mezquitas, con el argumento de que no hay pruebas arqueológicas o restos que lo demuestren”. Pero, “este argumento podría cuestionarse dado que los musulmanes se oponen a realizar excavaciones que nos permitan ver todo lo que hay debajo”, añade este experto francés vinculado al Instituto Polis de Lenguas y Humanidades ubicado en el barrio de Musrara.

Ninguna de las excavaciones que tuvieron lugar durante los dos siglos pasados consiguió demostrar que aquí hubiera un Templo

La arqueóloga Abir Zayad se entronca en esta línea de pensamiento. “Los israelíes están intentando demostrar que el primer Templo de la época del Rey Salomón estaba aquí ubicado, pero hasta ahora no han logrado demostrar nada”, comenta. “Ninguna de las excavaciones que tuvieron lugar durante los dos siglos pasados consiguió demostrar que aquí hubiera un Templo o incluso que Jerusalén estuviera gobernada por Salomón o David”, continúa esta palestina que trabaja en el museo situado dentro de la Explanada de las Mezquitas.

Sin embargo desde organizaciones israelíes vinculadas al movimiento de colonos como la fundación El-Ad e Ir David (Ciudad de David) aseguran que seguirán excavando –en función de los permisos que reciban por parte del Gobierno– e investigando hasta demostrarlo empíricamente. Por su parte, otras organizaciones israelíes independientes como Emek Shaveh, a la izquierda del espectro político israelí, abogan por una arqueología que sea científica y no política, algo difícilmente alcanzable en el kilómetro cuadrado más sagrado del mundo.

Sentimientos encontrados

La cuestión de la Explanada de las Mezquitas/Monte del Templo siempre ha tenido una gran significación política y emocional, habiendo provocado varios incidentes violentos. Entre ellos destaca la apertura de los túneles en 1996 –durante el que fue el primer mandato de Netanyahu– que provocó dos semanas de intensa violencia en las que murieron 65 palestinos y 14 israelíes. También la polémica visita en septiembre del 2000 del entonces líder de la oposición Ariel Sharon –coincidiendo con la fiesta del Sukkot– que detonó el estallido de la Segunda Intifada, con un saldo mortal de más de 3.000 palestinos y de un millar de israelíes.

“Como judía practicante para mí éste es el lugar más sagrado, al que vengo todos los Shabat a rezar, a pedir por el bien de mi familia y a honrar la memoria de mis padres", comenta Judith Cohen, jerosolimitana de origen sefardí y con raíces familiares en Marruecos. “Me acuerdo de cómo cada vez que nuestro padre bendecía la mesa siempre hacía alguna alusión al retorno a Sión, que finalmente conseguimos”, agrega. “Así que imagínese la importancia que tiene para nosotros el Kotel, más incluso porque éste era el barrio marroquí, en el que estaban ubicadas nuestras sinagogas hasta que los jordanos las destruyeron (entre 1948 y 1967) y por lo que ahora esa puerta se llama de Al Mugrabi por nosotros los marroquíes”, concluye Cohen en relación a la rampa de subida que lleva hasta la entrada por la que acceden los no musulmanes, en pequeños grupos y, cuando son israelíes, escoltados por la policía.

La narrativa palestina es bien distinta en cuanto que el Gobierno israelí y el Ayuntamiento de Jerusalén dieron órdenes de arrasar decenas de viviendas palestinas tras la conquista de la parte oriental de la ciudad en 1967, precisamente para ampliar el recinto del Kotel. “Los judíos no tienen derecho a monopolizar el vínculo religioso e histórico con este lugar, desde el que no sólo el profeta Mahoma subió a los cielos sino que luego fue edificado por nuestros antepasados”, reclama Ayed Al Ayubid, quien reside en el barrio musulmán y es propietario de un restaurante de comida rápida situado frente a la Puerta de Damasco.

“Independientemente de lo que diga la resolución final de la UNESCO para nosotros lo importante es que garantice el libre acceso y la libertad de culto para los musulmanes que quieran visitar el Haram el Sharif”, concluye Al Ayubi, cuya familia reivindica descender de la dinastía del gran Saladino, sultán de origen kurdo que conquistó Jerusalén a los cruzados en el siglo XII.