ENTREVISTA

La primera mujer portavoz del Papa: "Hubiera aceptado limpiar las papeleras de la oficina de prensa"

Paloma García Ovejero: "Me encantaría ser un puente entre un lado y otro de la oficina de prensa". / "Me incorporo a un proceso de cambio". / "En la sala de prensa hay muchas mujeres".

García Ovejero fue corresponsal de la COPE en Italia.

García Ovejero fue corresponsal de la COPE en Italia. Reuters

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Deben ser pocos quienes frecuentan la sala de prensa del Vaticano y no habían cruzado antes unas palabras con Paloma García Ovejero (Madrid, 1975). Es una de esas personas magnéticas, de las que no zanjan nunca un encuentro con un simple “buenos días”. Por eso los que han sido sus colegas durante los últimos años casi deben hacer cola para felicitarla.

Los correos que se acumulan en su teléfono hace tiempo que alcanzaron los cuatro dígitos, porque tampoco los piensa despachar con un acuse de recibo. Se muestra angustiada por tener que responder a tanta gente y dice que son muchos quienes la han llamado. Sin embargo, su conversación “preferida” fue con sus sobrinos, que a su edad aún no aciertan a entender si su tía “se ha metido a monja” o cómo va a ayudar al papa Francisco.

Lo hará como la nueva vicedirectora de la sala de prensa del Vaticano. Por encima, el portavoz será Greg Burke, un estadounidense de 56 años que trabajó durante la última década para Fox News y que desde 2012 ya se integró en la estructura de comunicación de la Secretaría de Estado del Vaticano. Es miembro numerario del Opus Dei, pero laico -a fin de cuentas- el encargado de sustituir en el cargo al padre Federico Lombardi, quien cumplirá en agosto 74 años.

Los nuevos responsables de la comunicación de la Santa Sede representan un cambio generacional. García Ovejero es además la primera mujer en ocupar el puesto de vicedirectora. Y como Burke es también laica y periodista. Ha trabajado en la COPE desde 1998 y durante los últimos cuatro años ha sido la corresponsal de esta emisora en Italia y el Vaticano.

¿Cómo se comunica una noticia así?

Me llaman de la Secretaría de Estado del Vaticano el pasado viernes por la mañana [el viernes 8]. Acudo para reunirme con el arzobispo Becciu –número dos del organismo- y me dice que tiene que hacerme una petición de parte del Papa. Yo le respondí que si me lo pide el Papa, no tengo nada que pensar. Hubiera aceptado ser la nueva chófer o limpiar las papeleras de la oficina de prensa. Sin embargo, me dijo: “el Papa necesita que le ayudes y quiere que seas la nueva vicedirectora de la sala de prensa”. Y ahí es donde empiezas a darte cuenta de que has dicho sí a algo mucho más grande de lo que pensabas. Jamás lo hubiera imaginado, nunca hubiera sospechado que estaba esta operación en marcha.

Poco después el Papa se reunió con usted y el nuevo portavoz, Greg Burke. ¿Qué les dijo?

Fue un encuentro privado. Estuvo cariñoso, pero serio, cercano y muy firme. Tiene clarísimo que la comunicación es parte esencial del pontificado. Si la misión de la Iglesia es anunciar la buena noticia, la misión de la sala de prensa es permitir que la buena noticia llegue lo más lejos y fielmente posible. Es decir, que el mensaje del Papa sea leído y escuchado exactamente igual que él lo ha querido transmitir.

¿Y sus primeras palabras?

Mis primeras palabras fueron: “muchas gracias, Santo Padre”. Y las últimas: “bendíganos, porque lo vamos a necesitar”.

¿Cómo lo van a necesitar, cuál será su función?

El director es Greg Burke. Mi función es ayudarlo, complementarlo y aportar la visión que puedo tener como española, mujer de 40 años o periodista de radio. Él es quien debe facilitar el mensaje del Papa para que lo transmitan los periodistas. Le llevaré la contraria cuando sea necesario, pero sin que me vean los periodistas.

¿Cómo diferenciar desde ese papel lo que es propaganda de lo que es información?

Buena pregunta para dentro de seis meses. Estoy en mis primeros días de ‘cole’ y sólo estoy empezando a intuir de qué va este mundo.

El papa Francisco con García Ovejero y Burke.

El papa Francisco con García Ovejero y Burke. Reuters

Su perfil es muy distinto al que se ha visto aquí en los últimos años. ¿Es un ejemplo de modernización?

Yo diría que hay que hablar de internacionalización y normalización. El mundo y los católicos hablan en inglés y en español. Parece lógico que dominemos esos dos idiomas.

También hablan ustedes el idioma de los periodistas.

Hemos sido cocineros antes que frailes. Por eso sabemos cuáles son las carencias y las inquietudes que tienen los periodistas. Es más, seguimos siendo periodistas. De lo que se trata es de comunicar, antes hacíamos las preguntas y ahora las respondemos. Pero nuestro objetivo es siempre buscar la verdad.

Con esa experiencia que trae, ¿viene con una idea clara de qué hay que cambiar?

Me incorporo a un proceso de cambio. La reforma de los medios de comunicación lleva en marcha un año y tengo la suerte de subirme a un barco que está a punto de zarpar. Tengo ideas, propuestas y preguntas, pero primero tengo que descubrir cuál es la reforma. Porque seguramente lo que yo tengo en la cabeza, llevan meses trabajándolo desde el Vaticano. Lo que quiero y lo que me ha pedido el Papa que haga es ayudarlo a él y ayudar a los periodistas. Me encantaría conseguir ser un puente entre un lado y otro de la oficina de prensa.

Decía que la comunicación es una de las claves de este pontificado.

Creo que es una de las claves de la Iglesia, no sólo del Papa. Anunciar el Evangelio es transmitir la buena noticia y eso le toca a todos los cristianos, no sólo a los sacerdotes.

Se ha remarcado que sea una mujer quien se encargue ahora de la comunicación. ¿Preferiría que se destacaran más otros aspectos?

No es un elemento casual, pero no es definitivo. Quiero pensar que el Papa me ha pedido que haga este servicio por ser profesional, fiable, porque le he parecido la persona adecuada. Independientemente de que sea mujer, española o periodista.

Pero es un símbolo de nuevos tiempos.

Más que un símbolo, prefiero decir que es un síntoma de normalidad. En la sala de prensa hay muchísimas mujeres, también dentro, trabajando en oficinas. No soy la primera. Sólo que ahora, además, en este puesto hay una mujer.