Sudáfrica

Estudiantes negros en Sudáfrica: "Nos enfrentamos a la brutalidad de la policía"

La subida de tasas universitarias ha derivado en violentos choques con las fuerzas del orden y el cierre de centros.

Manifestantes en la universidad Witwatersrand, en Johannesburgo.

Manifestantes en la universidad Witwatersrand, en Johannesburgo. Reuters

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“Los valores que compartimos tienen que ser respetados universalmente y tenemos que promoverlos y defenderlos. Valores como la democracia, la paz, la igualdad o la lucha contra el racismo y el sexismo”. Con estas palabras Nelson Mandela quiso ganarse al alumnado de la Universidad de Witwatersrand (Johannesburgo), en septiembre de 1991, lugar donde se licenció en Derecho.

Ahora este centro -junto con los de Ciudad del Cabo, Pretoria y Durban- está cerrado debido a las protestas lideradas por los estudiantes desde hace días bajo el eslogan #feesmustfall (las tasas deben caer). El detonante: la subida de las matrículas hasta un 8% -situadas antes en el 6%-, anunciadas por el Ejecutivo del presidente, Jacob Zuma.

“La gran mayoría de la población pobre en Sudáfrica está compuesta por gente negra y muchos de ellos van a la universidad, por eso es muy injusto ya que ni pueden pagar las tasas”, dice a EL ESPAÑOL Mishka Wazar, periodista sudafricana de The Daily Vox.

El 78% de los alumnos de enseñanza superior son negros, según un informe del South African Association for Institutional Research. Por otra parte, sólo el 15% de los universitarios consigue acabar la carrera debido, entre otras razones, a las dificultades económicas y a la falta de apoyo por parte de los centros, informa Foreign Policy.

Tras el enfado generalizado de los jóvenes, el Ministerio de Educación Superior ha prometido cubrir el incremento de las matrículas de 2017 para los alumnos cuyo ingresos familiares no superen los 600.000 rand (38.700 euros), informa Efe. Sin embargo, este anuncio no satisface a parte de la población. “El Gobierno nos ignora y deja la responsabilidad a las universidades y no lo vamos a permitir”, advierte Wazar.

Sudáfrica es un país que aún trata de acabar con la sombra del apartheid y conceder la igualdad de derechos al colectivo negro. “El desequilibrio racial en este país juega un papel determinante. La mayoría de los estudiantes de color no pueden pagar todos los costes para acceder a la universidad (tasas, comidas, libros, alojamiento)”, comenta a este medio la activista feminista y estudiante de Historia y Ciencias Políticas de la Universidad de Stellenbosch, en el suroeste de Sudáfrica, Whitney Prins.

Estas protestas, ocurridas durante toda la semana, son una clara reminiscencia de aquellas que tuvieron lugar en octubre del año pasado, cuya causa fue la misma: el rechazo a la subida de las tasas universitarias. Esta revuelta terminó el 23 de octubre, tras una semana de duros enfrentamientos, cuando Zuma anunció que no habría un aumento de las tasas. Once meses después, su gabinete ha vuelto a proponer la misma medida.

Pobreza y violencia

El precio en educación no es el único de los problemas existentes en este país: las protestas han desembocado en duros enfrentamientos con las fuerzas del orden. Según Prins, “los estudiantes sudafricanos se enfrentan a la brutalidad de la Policía y de los cuerpos de seguridad de las universidades; los negros son maltratados emocional y psicológicamente por manifestarse y las mujeres son objeto de abusos sexuales”.

Por otra parte, la periodista Wazar ve desmesurada la respuesta de los agentes de seguridad en las manifestaciones: “los estudiantes tienen que enfrentarse a las prohibiciones de las universidades y a la violencia de la Policía. Los agentes disparan, usan gases lacrimógenos y cañones de agua, y arrestan a los estudiantes”.

Según un informe de Amnistía Internacional (AI), la Dirección General de Investigación Independiente de la Policía de este país registró que, entre 2014 y en 2015, al menos 396 personas murieron debido a las duras actuaciones policiales y 244 perdieron la vida mientras permanecían bajo custodia.

Hace más de dos décadas desde que Nelson Mandela trajera la democracia en Sudáfrica, y la pobreza sigue siendo un gran reto. Casi la mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y un 22% -10.7 millones de personas- pasan hambre, según un estudio elaborado por el Instituto de Estadísticas de Sudáfrica.

La periodista Mishka Wazar no duda cuando se le pregunta por el actual mandatario sudafricano: “Zuma es un presidente horrible, ha arruinado el país. Él y su Gobierno son unos corruptos”.