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Los siete retos a los que se enfrenta Europa

La UE sigue como primera potencia económica y comercial a pesar de la crisis que estalló en 2008, pero debe acometer reformas que la fortalezcan frente a los desafíos del futuro.

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Europa se encuentra inmersa en una trampa. Y por definición, cuando uno está en una trampa no puede moverse hacia adelante ni hacia atrás. Simplemente, no puedes escapar

Quien suscribe estas palabras es el politólogo Christopher Bickerton, de la Universidad de Cambridge, para quien el principal problema es que “a pesar de que a la UE se la suele tildar de coercitiva en su relación con los Estados miembros, en realidad no posee ninguna capacidad de coacción propia”.

Este inmovilismo puede ser contraproducente, sobre todo si recapacitamos y tenemos en cuenta que 

la UE sigue siendo la primera potencia económica y comercial del mundo, a pesar de la crisis económica

Son palabras de Javier Solana, quien fuera comisario de Política Exterior y Seguridad Común (PESC), que sabe muy bien que esta situación podría cambiar rápidamente si la UE no hace frente a los retos que tiene por delante y adopta las reformas oportunas.

En la misma línea se pronuncia Francisco González, presidente del BBVA, consciente de que

la evolución de la economía global, especialmente la de los países desarrollados, y dentro de ellos, la europea, ha planteado interrogantes cada vez más complejos.

González sabe que la crisis económica que estalló en 2008 ha supuesto la instauración en la zona euro de lo que él denomina “un estado de incertidumbre” que es necesario atajar.

Francisco González, presidente del BBVA.

Francisco González, presidente del BBVA. Gtres

Son numerosos los autores, académicos y especialistas que coinciden con la visión ofrecida por Solana y González. Algunos de ellos exponen sus tesis en el libro La búsqueda de Europa (kindle, epub y pdf), donde señalan cuáles son los desafíos a los que se enfrenta el Viejo Continente:

1.- SUPERAR LA CRISIS DEL EURO

El reputado economista Peter A. Hall indica que la crisis que atravesó la moneda única evidenció las divisiones de la UE, “pero los problemas van mucho más allá”. En su opinión, muchas de las dificultades a las que se enfrentan los Veintiocho provienen “de las asimetrías institucionales de las economías políticas de sus Estados miembros”.

Entre las diferencias más importantes en la organización de la economía política se encuentran aquellas que separan las “economías de mercado coordinadas” del norte de Europa, grupo en el que se incluyen Alemania, Bélgica, Austria, Finlandia y los Países Bajos, de las economías mediterráneas de la Europa meridional, donde están encuadradas España, Portugal, Grecia e Italia.

Tras la crisis, ha surgido de los medios de comunicación una oleada de estereotipos populares arraigados en la imagen de “griegos vagos” y de “alemanes opresores”. Como consecuencia, está más claro que nunca que, en la actualidad, la solidaridad social en Europa termina en las fronteras nacionales, y los líderes políticos tienen parte de responsabilidad en ello.

El euro frente a la libra. Europa frente a Reino Unido.

El euro frente a la libra. Europa frente a Reino Unido. Reuters

Según Hall,

una condición esencial para el éxito económico es una unión bancaria firme capaz de identificar e ir eliminando las entidades insolventes con el fin de mantener los flujos financieros transnacionales

Esta misma tesis es la que defiende Francisco González cuando dice que “entre los errores más importantes está el haber abordado una unión monetaria sin una unión bancaria”.

2.- SOBERANÍA NACIONAL vs INTEGRACIÓN

Aunque profundizar en la integración ha beneficiado a los países en innumerables sentidos, también ha tenido algunos efectos secundarios imprevistos en las democracias nacionales.

A medida que la Unión ha absorbido una política tras otra, la integración europea se ha inmiscuido cada vez más en ámbitos radicados en el propio corazón de la soberanía e identidad nacionales: el dinero, la política monetaria, la organización económica, el mercado laboral, las fronteras y la inmigración, los servicios públicos y hasta la seguridad social; todo entra de forma gradual bajo la égida de las políticas o normas europeas.

La profesora Vivien Ann Schmidt, directora del centro para el Estudio de Europa en la Universidad de Boston, explica que en general, la integración europea ha supuesto un impulso de gran envergadura para las democracias de los Estados miembros y les ha permitido enfrentarse a la globalización económica en un mundo cada vez más interdependiente y competitivo, al elevar sus economías nacionales a la esfera supranacional a través de un mercado único y una divisa común.

Pero los mismos procesos de integración que han servido para mejorar la calidad sustantiva de estas democracias han empobrecido al tiempo la calidad de sus procedimientos y dinámicas políticas.

El dinero, la política monetaria, la organización económica, el mercado laboral, las fronteras y la inmigración, los servicios públicos y hasta la seguridad social; todo entra de forma gradual bajo la égida de las políticas o normas europeas.

"Durante la crisis, la UE ha profundizado en la regulación de varias áreas sin mucho éxito, salvo en lo que tiene que ver con la eurozona; ámbito en el que probablemente los Veintiocho han logrado su mayor triunfo. Sin embargo, se trata de un logro relativo: quizás esa regulación haya implicado mayor integración, pero se podría discutir hasta dónde han llegado sus logros en otros aspectos", expone Schmidt.

Los profesores Schmidt y Bickerton, en la presentación del libro La búsqueda de Europa.

Los profesores Schmidt y Bickerton, en la presentación del libro La búsqueda de Europa.

Y a continuación ilustra su explicación con un ejemplo: "Hemos observado mucha mayor implicación (en términos de integración) en los problemas que afectaban a los países de la eurozona directamente y esa misma integración e implicación se ha echado en falta respecto a la crisis de refugiados".

A medida que se avanza en una mayor integración nos enfrentamos a un problema, lo que la titular de la cátedra Jean Monnet denomina: "gobernar a través de la legislación y legislar en función de los números". Es problemático en el sentido de que, según su visión, los países europeos no van a prosperar bajo esos parámetros.

Para Schmidt,

la UE necesita renovarse en términos de políticas y procesos, seguramente descentralizando más la responsabilidad sobre las estrategias en el plano nacional para lograr una mejor representatividad de los ciudadanos, mientras que al mismo tiempo debe seguir garantizando la coordinación en la esfera europea

La UE es la suma de sus instituciones: la Comisión Europea, el Parlamento Europeo, el Consejo de Ministros y el Consejo Europeo. En esta estructura institucional apenas existe algo que pueda sugerir la aparición de un único Estado europeo. La autoridad sigue en manos de los gobiernos y administraciones nacionales, aunque es concertada por las instituciones de la UE.

En este sentido, los líderes europeos no pueden contentar a los ciudadanos de sus países porque sus políticas nacionales quedan supeditadas a cumplir con las directrices de la UE. En opinión del profesor Christopher Bickerton, quien defiende la tesis de la trampa expuesta al principio de este artículo, "la única solución para poder escapar de la trampa y lograr una mayor integración sería llevar a cabo las negociaciones en secreto, como se ha hecho anteriormente en el pasado".

Vivien Ann Schmidt tiene una opinión diferente y cree que la UE ha demostrado que puede salir de esa trampa y moverse hacia Adelante o hacia atrás según cada caso concreto, así ha ocurrido por ejemplo con Grecia, Portugal, Italia o España. Sin embargo, esto viene a demostrar "que lo que no está claro es qué política terminará aplicando la UE. Se van cambiando las normas sin admitirlo".

Esto pone de manifiesto los problemas entre el norte y el sur de Europa. Y según Schmidt, "sobre la superficie parece que hay una trampa, pero debajo de la superficie se observa un importante cambio: se reinterpretan las normas a hurtadillas".

Según Bickerton, lo que hay que cambiar actualmente para lograr una mayor integración es el enfrentamiento entre populismo y tecnocracia, una gran amenaza para la defensa del modelo europeo. Y recuerda que aunque la UE nos parezca ubicua, en realidad es institucionalmente débil.

El ejemplo más claro de las debilidades de la UE lo representa actualmente la posibilidad del Brexit (la salida del Reino Unido de la UE), algo que apoya el profesor Bickerton. En su opinión, el resultado del referéndum va a estar muy ajustado entre quienes defienden el 'sí' y quienes apuestan por el 'no'.

Él lo defiende principalmente porque considera que a medida que avanza el tiempo, en especial en las dos últimas décadas, "muchos de los problemas a los que se han tenido que enfrentar las democracias europeas no se han entendido como un problema en la democracia británica. Más bien se han considerado como un problema de Reino Unido frente a la UE y eso se traduce en problemas de las instituciones de Bruselas. Por eso pienso que si el Reino Unido abandona la UE, podrá hacer frente a sus propias dificultades, a través de su democracia y sin depender de nadie".

La profesora Schmidt, en cambio, no es partidaria del Brexit. Y cree que Reino Unido debe resolver sus propios problemas a nivel nacional y al mismo tiempo tratar de ayudar a la UE a mejorar la democracia de sus instituciones, si esto es lo que no les gusta.

En ese talón de Aquiles de la desconfianza entre países y el escaso apoyo a las instituciones europeas es en el que hay que trabajar para lograr una mayor integración de los Estados miembros y evitar escepticismos.

3.- LA TRANSFORMACIÓN DEL BCE

El Banco Central Europeo (BCE) es una institución que está evolucionando. Desde que estallara la crisis económica global ha pasado de ser parte de un problema a ser parte de la solución a ese problema. Sin embargo, el BCE es una institución en proceso de aprendizaje.

Mario Draghi, presidente del BCE.

Mario Draghi, presidente del BCE. Reuters

Para Barry Eichengreen,

las grandes dificultades que tuvieron los países europeos a partir de 2010 pusieron de manifiesto el disparate de una unión monetaria sin una unión bancaria.

Tesis que también suscriben Francisco González y Peter A. Hall.

Desde 2010, “el BCE ha recorrido una distancia considerable en respuesta a la crisis y ahora está evolucionando para llegar a ser un banco central normal”, según Eichengreen. Y añade que “se ha mostrado capaz de aplicar políticas no convencionales en circunstancias inusuales y ha asumido las responsabilidades adicionales de la supervisión bancaria y financiera”.

El tiempo dirá si esta renovación y estas mejoras son fruto del liderazgo y el carisma impuestos por su actual presidente, Mario Draghi; o si por el contrario la explicación radica en que se han producido cambios profundos en la cultura del BCE. Si estamos ante esta segunda premisa hay más razones para el optimismo.

4.- PROGRESAR EN POLÍTICAS SOCIALES

Otra de las dificultades contra las que tendrá que luchar el proyecto europeo es el escaso interés mostrado hasta ahora por la política social. En ocasiones se ha puesto el énfasis en crear mercados y se ha dejado de lado este último aspecto.

El profesor Colin Crouch, de la Universidad de Warwick, estima que recientemente la UE ha adoptado una actitud más agresiva hacia la creación de mercados y ha atacado áreas de política social que antes no contemplaba.

"Si el sistema de protección laboral de las medidas clásicas del pasado industrial ya no funciona eficientemente, y si la combinación angloamericana de flexibilidad del mercado laboral y deuda de los consumidores ha resultado ser un desastre, ¿a qué otros modelos podemos recurrir?", se pregunta Crouch.

Su conclusión es que en este momento es necesario fortalecer las políticas del mercado laboral a nivel europeo,

pero con un conjunto más amplio, más imaginativo y políticamente más diverso de instrumentos políticos que lo que permiten las actuales políticas sesgadas de la UE. Para ello es necesario ir más allá de una perspectiva neoliberal y tener en cuenta una gama más amplia de valores

De otro modo, si la política social y laboral de la UE continúa siendo como ahora, un mayor grado de europeización será un desastre absoluto.

5.- LA CONFIANZA Y LA COOPERACIÓN ENTRE PAÍSES

Para Alberto Alesina, si la UE quiere sobrevivir, es necesario que los Estados miembros aumenten la confianza entre ellos. Asegura que “la confianza mutua es un elemento clave para que un sistema de gobierno funcione sin problemas. Numerosos datos demuestran que la confianza mutua promueve la inversión y el crecimiento, facilita el comercio internacional, mejora el funcionamiento de los mercados financieros, permite a los ciudadanos participar más en actividades sociales productivas y hace que se involucren más en la política”.

Angela Merkel, canciller de Alemania, el país con mayor peso en la UE.

Angela Merkel, canciller de Alemania, el país con mayor peso en la UE. Reuters

El problema que tiene Europa es que según los datos, la confianza entre los habitantes de los diferentes países que forman la Unión es menor que entre los habitantes de un mismo país. Esa desconfianza provoca un exceso de regulación que provoca la ineficiencia de la UE.

La crisis en Grecia y, de forma más general, la divergencia entre el comportamiento económico de los países del norte y del sur de Europa, ha puesto en cierta forma a los europeos en un 'dilema', como señalan los autores Guiso, Sapienza y Zingales: por una parte los europeos son reacios a avanzar hacia una mayor integración (ya que no confían los unos en los otros y están en desacuerdo en aspectos importantes como la política fiscal), pero por otra parte no están dispuestos a renunciar al nivel actual de integración en Europa.

Según concluye Alesina,

los ciudadanos de un área monetaria común necesitan un nivel mínimo de confianza para que su unión funcione.

Y contempla dos posibilidades: la pesimista, en la que realmente los europeos tienen razón al no confiar los unos en los otros; y la optimista, en la que los europeos irían incrementando su nivel de confianza en las instituciones.

6.- MEJORAR LA PRODUCTIVIDAD

La ralentización de la productividad en Europa parece haberse producido en un periodo de rápido auge de la economía digital. El lento crecimiento de la productividad podría ser síntoma de un debilitamiento de la innovación y el cambio tecnológico. Es posible que las empresas sean reacias a invertir en esas áreas por el temor de verse inmersas a largo plazo en una espiral negativa de demanda e inversión bajas, en la que los bajos tipos de interés nominales no son eficaces para potenciar la inversión.

Al examinar la evolución de la productividad en Europa desde una perspectiva sectorial, se observa una diferencia sorprendente. Antes de la crisis, Europa tenía en su sector manufacturero (excluida la producción de Tecnologías de la Información y la Comunicación -TIC-) un auténtico bastión de la productividad, mientras que los productos y servicios TIC y, de forma más general, el sector de los servicios de mercado, exhibían una productividad considerablemente más modesta. Sin embargo, desde el estallido de la crisis, Europa también ha perdido su ventaja de productividad en el sector de las manufacturas no relacionadas con las TIC.

El lento crecimiento de la productividad podría ser síntoma de un debilitamiento de la innovación y el cambio tecnológico

La baja productividad de los servicios de mercado (excluidas las TIC) se ha documentado extensamente, pero se agravó de forma significativa a partir del inicio de la crisis, cuando cayó hasta una tasa negativa del -0,1% entre 2008 y 2013.

A la vista de los datos, el economista Bart Van Ark cree muy pertinente centrar la atención en la inversión como herramienta clave para reactivar el crecimiento europeo de cara al futuro.

7.- LA POLÍTICA EXTERIOR DE LA UE

Patrulleros franceses frente a la torre Eiffel el pasado marzo.

Patrulleros franceses frente a la torre Eiffel el pasado marzo. Reuters

El exministro de Exteriores Javier Solana incide en que al considerar la política exterior europea, tanto desde la perspectiva institucional como operativa, debemos tener en cuenta las características del momento y cómo se presenta el futuro. Muchos de los riesgos a la seguridad de hoy son globales, como los ciberriesgos o el terrorismo transnacional; y no se pueden afrontar, de manera completa y eficaz, desde la soberanía nacional.

Solana indica que actualmente las cuestiones internacionales dominan en gran medida el escenario político europeo. Gran parte de las regiones más inestables y conflictivas del mundo se encuentran en las fronteras de Europa: Norte de África, Oriente Próximo, Turquía, Siria... y esta proximidad acrecienta nuestra responsabilidad en el diseño e implementación de soluciones.

Una unión política, como es la UE, no puede permitir que cada país miembro tenga que hacer frente en solitario a los desafíos de sus propias fronteras

Desafíos a la seguridad como la proliferación de armas nucleares, el crimen organizado, el tráfico de armas y de personas, la desigualdad o las pandemias, nos afectan a todos. Los ciberriesgos constituyen una de las amenazas globales más evidentes en la actualidad. Lo mismo ocurre con la cuestión del cambio climático.

La UE tiene que responder de manera adecuada a la magnitud de los desafíos a los que se enfrenta y a lo que se espera de ella en el mundo. Siendo conscientes de ello, se está elaborando una nueva estrategia de política exterior con un enfoque global bajo el mandato de la alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, que proporciona las perspectivas y el enfoque necesarios para aumentar la acción y la efectividad de la UE en el exterior. Su eventual aprobación en junio de 2016 supondrá un avance significativo para la UE y se espera que cubra las necesidades más urgentes en este ámbito.

Javier Solana, excomisario de Política Exterior y de Seguridad Común.

Javier Solana, excomisario de Política Exterior y de Seguridad Común. Gtres

Según Solana, "una unión política, como es la UE, no puede permitir que cada país miembro tenga que hacer frente en solitario a los desafíos de sus propias fronteras". Para poder construir una verdadera política exterior común a todos los Estados miembros es imprescindible considerar, de manera conjunta, cuáles son los riesgos a los que nos enfrentamos y elaborar –entre todos– una visión acerca de las posibles soluciones y el papel que la UE puede desempeñar en ellas.

Si trabajamos todos juntos en la misma dirección, si aumenta el grado de confianza y de cooperación, si apostamos por la integración real de los Estados y conseguimos que la unión monetaria vaya acompañada de una verdadera unión bancaria, el futuro que se le presenta a Europa  y a los europeos es prometedor.

Descarga el libro  La búsqueda de Europa (kindle, epub y pdf)

'Los siete retos a los que se enfrenta Europa' es un contenido elaborado con la colaboración de BBVA.