SÍ AL IMPEACHMENT

El Congreso brasileño da luz verde a la destitución de Rousseff

La oposición alcanzó los 342 votos necesarios para que prosiga el proceso contra la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, con lo que el Senado decidirá si inicia un juicio con miras a su destitución.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, en una imagen reciente.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, en una imagen reciente. Reuters

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Cuando el diputado Bruno Araújo, del partido PSDB por Pernambuco dijo sí, se ganó un trozo de historia. Con su voto se confirmó que el juicio político avanza hacia el Senado y con él la presidenta Dilma Rousseff queda al borde de la destitución.

El Congreso cumplió con los números que habían avanzado los propios grupos a los grandes medios brasileños en los últimos días y la continuación del 'impeachment' se impuso con holgura (367 votos a favor por 146 en contra).

Lo hizo tras un día larguísimo, que se ajusta como un guante al sinuoso y enrevesado camino de un proceso que comenzó hace cuatro meses y medio. Aún quedan varios pasos en el Senado, pero el análisis mayoritario en Brasilia apuntaba este domingo como el 'día D' para Rousseff. Y lo ha perdido.

En el Congreso pasaron muchas horas y varias etapas antes de que se desatase la euforia para más de dos tercios de la Cámara. Para empezar, el tumulto clásico, casi folclórico, de los grandes debates en el hemiciclo de Brasilia. Ocurrió cuando diputados oficialistas criticaron el procedimiento de votación y desplegaron una pancarta contra el presidente de la Cámara, el controvertido Eduardo Cunha.

Los opositores entonces se enzarzaron a empellones y hasta bofetadas. La imagen no era precisamente ejemplar para las miles de personas que poblaban las calles, expectantes a lo largo de todo el día y, sin embargo, tranquilos.

Entre las muchas curiosidades de la política brasileña está el gigantismo de sus cifras, pero cada vez que se viste de largo le faltan escaños para sentar a sus diputados: son 513 pero sólo hay 396 asientos. El resto lo siguen de pie. Y así siguieron todos la sesión, formando una piña en el hemiciclo, primero el discurso del instructor del proceso, luego los de los líderes parlamentarios y finalmente, los de los votantes. Porque el voto para el 'impeachment' no se redujo a un botón y una pantalla.

Se votó de forma nominal y además cada diputado tuvo derecho a diez segundos de acompañamiento. Después de casi cuatro horas de sesión, se inició la votación. El primero, Washington Reis, del PMDB, dejó su sentencia: “Que a partir de mañana Dios pueda derramar la bendición sobre el pueblo brasileño. A favor del 'impeachment'”.

En las calles se seguía con expectación y todo el colorido habitual la votación, con ambiente de Mundial, con pantallas gigantes retransmitiendo el evento, y con tensión pero sin incidentes. Eso sí, desde primera hora simpatizantes y contrarios al gobierno estuvieron separados por cordones policiales y algo más en las ciudades en las que coincidían manifestaciones.

Las vallas se convirtieron en otro símbolo de la jornada en las calles brasileñas, en el asfalto de la explanada de los Tres Poderes, en Brasilia, pero también en la arena de Copacabana, e incluso en el agua de la orilla, donde se clavaba la línea enorme de cercas colocadas por la policía. A cada lado del metal, frases antagónicas. “Esto es un golpe y desde el lunes seguiremos en la calle”, aseguraba el artista Humberto França, anti-'impeachment'.

“Por fin se acaba este gobierno corrupto y ladrón, Brasil merece más”, decía Felipe Carbonell, un carioca de origen español que abrazó la causa del juicio político contra la presidenta. Corrían los números y los marcadores en las pantallas del Congreso y las instaladas en las grandes ciudades. Hubo fórmulas de votación de todo tipo, a favor y en contra, y la mayoría con Dios en el medio de la frase, pronunciada desde un micrófono solitario en el centro de la Cámara de diputados, con el votante delante del resto de cabezas atentas a su decisión y sus gestos.

Los siguientes pasos

Se llegó así al momento culminante, el que dio la victoria al 'impeachment' y que deja la decisión al Senado en un proceso que tampoco es automático ni rápido: primero el pleno debe decidir por la mitad más uno de los votos (42) si están a favor de un juicio político en la cámara, algo que se da por hecho. Y si es así, la presidenta sería separada del cargo hasta que concluya el proceso, durante un máximo de 180 días.

El vicepresidente, Michel Temer, pasaría a ocupar el primer cargo de la república y, de confirmarse la destitución de Rousseff por una nueva votación en proporción de dos tercios, Temer seguiría en ese cargo hasta unas próximas elecciones, en octubre de 2018, si es que no se adelantan antes, pues Temer se enfrenta también a un juicio político todavía sin iniciar y los siguientes en la línea de sucesión tienen cargos por corrupción en su contra.