El audio de la denuncia

Interior repitió la 'técnica del Faisán' para lograr datos de Pujol

La secretaria del BPA recibió presiones a través del móvil que le entregó en un bar un desconocido/ Los comisarios Martín Blas y Eugenio Pino aprovecharon una boda para sentarse a derecha e izquierda del mayor accionista de la entidad / “O nos das los documentos, o interviene EEUU”, amenazó Martín Blas.

Jordi Pujol, en una comparecencia de prensa ante los medios

Jordi Pujol, en una comparecencia de prensa ante los medios

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Un bar, el teléfono de una persona desconocida y un policía al otro lado de la línea dispuesto a dar un mensaje. Funcionarios policiales dependientes del Ministerio del Interior repitieron en 2014 la misma táctica que pusieron en práctica agentes del mismo cuerpo en el bar Faisán de Irún en 2006 para dar un chivatazo a la red de extorsión de ETA. En este caso, la destinataria del recado era una responsable de Banca Privada de Andorra (BPA) y el objetivo no era librarla de ninguna operación, sino presionarla para que desde la entidad financiera facilitasen datos bancarios que pudiesen incriminar a dirigentes políticos catalanes. 

"El marido de la señora Rosa Castellón, secretaria del consejo de Administración del banco, respondió una llamada que le dijo: 'dile a tu mujer que baje al bar, espere a que venga un señor con un teléfono y conteste la llamada'". Al otro lado de la línea estaba "Bonifacio Díaz, que era la anterior persona que había ostentado el cargo de agregado de Interior de la embajada de Andorra, el famoso Boni, que le dicen aquí en Andorra". Este mando policial le dijo a la trabajadora del BPA: "dile a Joan Pau (consejero delegado del banco) que lo que le digan por teléfono, lo acepte. Si no, el banco morirá".

Este es sólo un fragmento del relató que el pasado jueves ofreció en sede judicial el máximo accionista del banco, Higini Cierco, quien denunció haber sido víctima de amenazas y extorsiones por parte de la Policía española. Realizó una narración "de película" en la que se suceden reuniones de urgencia inesperadas, un comisario con una identidad falsa, llamadas a familiares desde teléfonos desconocidos o incluso una embarazosa mesa de boda junto al 'número dos' de la Policía Nacional.

Cuatro policías señalados

Según la declaración a la que ha tenido acceso íntegramente EL ESPAÑOL, Cierco involucró al menos a cuatro funcionarios del Ministerio del Interior del Gobierno de España: Marcelino Martín Blas (quien se ocultaba tras la identidad de "Félix"), el entonces director Adjunto Operativo, Eugenio Pino; el agregado de Interior en la embajada de España en Andorrra, Celestino Barroso, y a su antecesor en ese cargo, Bonifacio Díaz. Siempre según su versión, buscaban datos bancarios que pudiesen comprometer a Jordi Pujol, Artur Mas u Oriol Junqueras y sus respectivas familias. La narración incluyó la confesión de que acabaron cediendo y aportando datos de las cuentas de los Pujol.

"Si no nos das los documentos, en 15 días interviene el FinCen". Esta amenaza la realizó en el año 2014 el entonces responsable de Asuntos Internos, Marcelino Martín Martín Blas, al ex consejero delegado del BPA de Andorra en el hall del Hotel Villamagna de Madrid. FinCEN son las siglas del Financial Crimes Enforcement Network, organismo dependiente del Departamento del Tesoro de EEUU, que abrió una investigación en torno al BPA andorrano. Aquello fue el punto de partida para la intervención de la entidad por blanqueo, que acabó materializando el Gobierno de Andorra.

Cierco fue citado a declarar por la investigación de esa intervención. La comparecencia duró 36 minutos, pero más de la mitad lo destinó a relatar el modo en el que la Policía española se acercó a ellos para extorsionarles y amenazarles. Según el relato, todo comenzó en mayo de 2014 cuando Celestino Barroso, entonces agregado de Interior en la Embajada de España en Andorra, le telefoneó a su despacho para pedirle un encuentro con "urgencia". "Yo no le conocía", aclaró Cierco, quien precisó que le recibió en la puerta de su lugar de trabajo, pero ni siquiera subieron a su despacho. "No hace falta subir porque es un momento lo que te voy a comentar", le espetó Barroso.

La primera llamada

El mensaje del representante de Interior en el Principado andorrano fue el siguiente: "Sería conveniente que hablases con una persona de Madrid para el tema del banco". Cierco aseguró que se quedó "perplejo". "De lo contrario, el banco va a morir" le insistió Barroso en varias ocasiones. El máximo accionista de BPA le recordó que en ese momento Banco Madrid (adquirida por la entidad andorrana) estaba siendo sometido a una inspección por el Seplabc (Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales). "Yo te vuelvo a pedir que hables con unas personas que están en Madrid o de lo contrario el banco morirá y los americanos están al corriente y saben cómo hacerlo".

Cierco explicó a la jueza que derivó al agregado de Interior al entonces consejero delegado del banco, Joan Pau Miquel, a quien le transmitieron el mismo mensaje. No obstante, el acoso de la Policía española -siempre según la versión de Cierco- no acabó ahí: también hubo llamadas a familiares.

Finalmente, la persona que se desplazó a Madrid fue Miquel con la única referencia de que se pondría en contacto con él una persona llamada "Félix". Quedaron en el hall del Hotel Villamagna y el tal Félix, "resultó ser Marcelino Martín Blas, jefe de Asuntos Internos de la Policía Nacional española". "Yo sé que ellos tienen varias reuniones en Madrid con Marcelino Martín Blas y otros policías que no sé quién son", añadió Cierco.

Pujol, Mas, Junqueras y sus familias

"Marcelino Martín Blas le pide tres cosas: si tienen cuentas de Mas o de la familia Mas, de Junqueras o su familia o de Pujol y su familia", prosiguió Cierco en su narración en la que admitió en sede judicial que Miquel "entrega a Marcelino Martín Blas lo que ustedes conocen como el pantallazo de 'El Mundo' en el cual aparece el nombre de la madre (de Jordi Pujol) y otros dos hijos, que pusieron 4,5 millones de euros". "Es el único dinero que BPA tenía de la familia Pujol en Andorra", añade el banquero.

"¿Por qué no denuncie? Por miedo: tengo dos hijas, cuatro nietos, un hermano, una hermana mayor, muchos negocios en España y Andorra y miedo. A mi la amenaza que me llega, la extorsión que me comunica Celestino Barroso, proviene del Gobierno español", se excusó Cierco ante la jueza al tiempo que aseguró haber confirmado quiénes eran los policías implicados con la ayuda de un amigo suyo abogado llamado Fuster Fabra que, según dice, "trabaja en la Policía porque tiene un tipo de igualas en la Policía". Una vez calibrado el nivel de la amenaza, admitió haber acordado con Miquel ceder a las presiones: "lo mejor es hacerlo, no hacerlo es probablemente la destrucción ¿por qué? porque tienen medios, porque es la Policía y porque esto funciona así".

La jueza Mignorance que escuchó estas palabras procedió a dar traslado a otro juzgado que será quien tenga que decidir sobre ello y determinar si cita a declarar de nuevo al denunciante o incluso a algunos de los mandos policiales aludidos. Además, en los juzgados de Andorra hay otra causa abierta relativa a la presunta revelación de datos bancarios sobre el 'caso Pujol'.

Revelación de secretos

Explicó que el consejero delegado del banco, Joan Pau Miquel, tampoco denunció "porque Marcelino Martín Blas le dijo: 'si denuncias, en 15 días el FinCen intervendrá, en 15 días'". También "para que no se le acuse de revelación de secreto profesional a pesar de la extorsión y que para mi es un crimen de Estado". Cierco acusa a la Policía española de haber ofrecido "información falsa" a las autoridades de EEUU sobre los casos que estaban judicializados en relación a BPA.

Como colofón a esta cronología "surrealista", Cierco dio cuenta de un hecho embarazoso en el transcurrir de estas presuntas extorsiones. Fue cuando acudió a la boda de un primo hermano de su amigo Fuster Fabra y le sentaron en la misma mesa junto a Marcelino Martín Blas y junto al entonces director adjunto operativo de la Policía Nacional, Eugenio Pino.

"Se puede imaginar que aquella mesa, que yo no sabía ni lo que decir, cómo se puede imaginar, ni qué hablar ni cómo mirármelo, pues había estado hablando con el señor Martín Blas porque durante el aperitivo, no sé por qué, que me imagino que sí, se quedaron allí conmigo. Lo tuve allí dos horas de aperitivo, dos horas de comida y al final me pude marchar, pero coincidí en aquella mesa con ellos dos que conocían perfectamente la operación, que yo sé que de los documentos que he visto, algunos estamos fotografiados y perseguidos por la policía", narró Cierco en el Juzgado.