Un mes de la tragedia

Un 'ejército' de psicólogos españoles para cerrar heridas tras el terremoto de Ecuador

Realizan un "trabajo de segunda fase" en una tragedia que ha acabado con la vida de 660 personas.

Un hombre junto a sus hijos en un colegio de Manta, Ecuador.

Un hombre junto a sus hijos en un colegio de Manta, Ecuador. Reuters

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Llegan cuando buena parte del contingente militar internacional se ha retirado del escenario. Los escombros y las ruinas siguen obstruyendo las vías, cientos de miles de ecuatorianos se han quedado sin hogar y buscan explicaciones sobre la muerte de 660 personas en el terremoto. Heridas en el alma, que no se ven pero que acompañan de por vida. El objetivo de este 'ejército' es el de ofrecer las herramientas para cicatrizar esas heridas; un grupo de psicólogos, entre los que se encuentran cuatro españoles, que luchan por reconstruir el "caos" que se dibuja ante sus ojos.

"Los ecuatorianos nos hablan de casas destruidas, personas atrapadas entre los escombros pidiendo ayuda, gente llena de polvo corriendo por la calle, personas que iban en los coches y que salían en descontrol por direcciones prohibidas, escombros que caían del cielo...". El relato que hace Airam Vadillo apunta a "una película de sobremesa" que "se convierte en realidad".

"Al final se dan cuenta de que lo están viviendo, de que es un terremoto, de que es real", asegura Vadillo. La misión que le ha llevado a Ecuador -empotrado en un equipo de Médicos del Mundo compuesto por otros tres psicólogos y un logista- es el de realizar el "trabajo de emergencias de segunda fase". No existe un por qué a lo sucedido, un terremoto de magnitud 7,8 en la escala de Richter, pero sí que se pueden ofrecer las claves para asimilar el desastre, del que este lunes se ha cumplido un mes.

De izquierda a derecha: Miguel Angel Olmos, logista, y los pscólogos Christian Escobar, Airam Vadillo, Clara Anaima Martinez y Betty Roca.

De izquierda a derecha: Miguel Angel Olmos, logista, y los pscólogos Christian Escobar, Airam Vadillo, Clara Anaima Martinez y Betty Roca.

De acuerdo a la valoración que hace el psicólogo español sobre el terreno, hay "una grandísima demanda de apoyo psicosocial": "Ha aumentado mucho el número de plazas de psicólogos en Ecuador, pero se han visto desbordados por la situación", advierte.

"Interviniendo con intervinientes"

Son las 18.58, la misma hora en la que se registró el terremoto. Un mes más tarde, muchas víctimas aguardan en su casa a que pase aquel minuto fatídico, en el que lo perdieron todo, atenazados por el miedo de que su pesadilla vuelva a convertirse en realidad. El terror tiene vida propia y reina en algunos de los lugares que más sufrieron las consecuencias del sismo.

Nosotros intervenimos con intervinientes, ayudamos a los que ayudan

Del mismo modo que un contingente militar trabaja en escenarios de conflicto, los psicólogos que han aterrizado en Ecuador desde España se esmeran en la formación del personal local. "Nosotros intervenimos con intervinientes, ayudamos a los que ayudan", explica Vadillo. "Somos cuatro los psicólogos que, dos semanas después de la catástrofe, llegamos a Ecuador -cuenta-. Es imposible albergar a toda la población".

Un puzle emocional

Cuando los efectivos españoles de la Unidad Militar de Emergencias (UME) del Ejército llegaron a Ecuador para ayudar en labores de rescate, destacaban la proximidad cultural de los ecuatorianos. "El idioma, el vínculo histórico y cultural que tenemos con esta gente, hace que sea mucho más fácil", señalaba el comandante Iván Herreras, al frente de los allí desplazados, en una reciente entrevista con EL ESPAÑOL.

Una familia duerme en su tienda de campaña en Manta.

Una familia duerme en su tienda de campaña en Manta. Reuters

Del mismo modo, los psicólogos españoles se congratulan de la cercanía que mantienen con sus colegas ecuatorianos. "Cuando llegamos, nos reunimos con el Ministerio de Salud Pública y vimos qué se podía hacer, sobre todo de forma coordinada", relata Airam Vadillo. 

Pero alcanzar las heridas que sufren las víctimas en el plano emocional es un proceso "mucho más complicado": "Hay gente que se pone su coraza y que sale adelante, pero la experiencia nos dice que la gente necesita espacios en los que se puedan expresar voluntariamente". Por eso, cuenta el psicólogo español, lo fundamental es que "esa persona pueda entender y encajar, como una pieza del puzle, esa parte de su historia".