Milicias cristianas

Exmilitares españoles participan en la toma de un bastión del EI

Simón, 'El Gallego' y 'El Paraca' forman parte del contingente kurdo que reconquistó Bashir, en Irak.

Simón, uno de los españoles que ahora se encuentra en Irak.

Simón, uno de los españoles que ahora se encuentra en Irak.

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“Fuerzas kurdas iraquíes y chiítas turcomanas han recapturado la ciudad de Bashir al Estado Islámico”. La información ofrecida por la agencia France Press habla de la importancia de este enclave y de otras aldeas próximas, en las que los miembros del Daesh habían perpetrado ataques químicos que habían acabado con la vida de tres niños. La toma de Bashir, bastión ubicado en la provincia de Kirkuk, al norte de Irak, representaba una inyección de moral en la lucha contra el terror yihadista. Y, en la operación, participaron tres ex militares españoles que han viajado hasta el Kurdistán para combatir contra los radicales.

Simón, El Gallego y El Paraca son los sobrenombres con los que se conoce a los tres españoles integrados en una unidad coordinada por peshmergas kurdos. Los dos primeros formaron parte de diferentes cuerpos del Ejército español; el tercero deberá afrontar una causa por un delito de deserción cuando regrese a España por abandonar la autoridad castrense.

“A las 4 de la madrugada, con dos vehículos Hamvees, los voluntarios extranjeros y en unión a nuestra brigada peshmerga, nos hemos unido a la toma de Bashir en una operación conjunta del ejército iraquí, los peshmergas y las milicias chiíes”, relatan los españoles. “Ocho horas de combate”, explican, en los que hubo “intercambio de artillería y fuego de morteros”. Por parte del Daesh, “coches y camiones bomba”; por el lado kurdo-chií, “helicópteros artillados”.

Simón, El Gallego y El Paraca.

Simón, El Gallego y El Paraca.

El asalto a Bashir, cuentan, concluyó a las 18.00 del 30 de abril. Aunque durante la noche todavía se registraron “intercambios de disparos”: “Quedan focos de resistencia”, advierten. Tras la toma de la ciudad, una ducha para regresar de nuevo al frente: “Todos los cercanos, bien -explican-. Sin bajas entre conocidos”. La ciudad fue reconquistada 23 meses después, cuando fue tomada por el Estado Islámico.

Una victoria para calmar los ánimos

“Ahora está la cosa más tranquila, sobre todo a partir de la batalla de Bashir”, reconoce un amigo de Simón, uno de los combatientes españoles. Según cuenta, en los últimos compases del conflicto, el batallón compuesto por voluntarios extranjeros -en el que están integrados los exmilitares de las Fuerzas Armadas- se habían visto envueltos en los combates que esporádicamente sostienen los kurdos y los chiítas. Ambas fuerzas combaten contra el Estado Islámico, pero también tienen sus diferencias entre sí.

“Dos días antes de esa batalla fue cuando los chiítas habían atacado un poblado kurdo y éstos habían contestado”, apunta. Una circunstancia que hizo que los españoles se sintieran “molestos”: “Están con los kurdos y les deben obediencia, pero ellos no están ahí para enfrentarse a los chiítas -afirma-. Los del Daesh deben estar frotándose las manos”.

Pero la lucha para tomar Bashir, en la que chiítas y kurdos participaron junto con las tropas oficiales iraquíes, valió para “calmar los ánimos” con este asunto. “Ahí se acabó el problema del conflicto interno. Desde entonces no ha habido problemas”, asegura el amigo de Simón.

Los exmilitares alcanzaron el Kurdistán a través de una agencia francesa, que organiza las gestiones para que los “voluntarios” puedan integrarse en las filas que combaten contra el Estado Islámico. Simón, El Gallego y El Paraca forman parte de una “unidad de intervención rápida”. Sus funciones, enumera el amigo de Simón, son “hacer de escolta de los mandos, desactivar explosivos, recogen refugiados que huyen de los lugares controlados por Daesh y también combatir en el frente en batallas como las de Bashir”.

Equipaje con el que cuentan los exmilitares españoles.

Equipaje con el que cuentan los exmilitares españoles.

En los vídeos y fotos que hacen llegar a España se pueden ver los enseres que les acompañan. Una bandera española con el mensaje “Reinaré en España, ¡viva Cristo Rey!”, una figura de la Virgen de Lourdes, un patito de plástico vestido con hábito franciscano. Y las armas, siempre a punto para entrar en combate.

El futuro de los tres españoles

Tanto Simón como ElGallego consideran que, cuando regresen a España, difícilmente podrán ser juzgados o condenados por su participación en el conflicto. Los pasaportes y los visados están en orden y en el Kurdistán cuentan con un permiso de armas especial. Fuentes diplomáticas advierten, no obstante, que la participación en una guerra al margen de las decisiones tomadas por el Gobierno español -aunque sea integrados en los peshmerga, bando reconocido como actor válido por la comunidad internacional- puede constituir un delito.

El Ministerio de Asuntos Exteriores es tajante en cuanto a la posibilidad de viajar a Irak: “El Estado no resultará responsable en modo alguno ni por ningún concepto de los daños o perjuicios que, tanto por la observancia como por desconocimiento o no atención de la recomendación, pudieran ocasionarse a personas o bienes”, advierte.

Más certero es el futuro que le depara al Paraca, que abandonó su unidad en las Fuerzas Armadas sin avisar y será juzgado por este delito al regresar. Pero, según cuenta el amigo de Simón, no piensan en lo que les ocurrirá cuando llegue la hora de volver: “Son conscientes del peligro que corren y están preparados para todo, hasta para el peor desenlace -asevera-. Por eso, la menor de sus preocupaciones es lo que la Justicia española pueda hacer con ellos”.

Chaleco y arma de uno de los combatientes españoles.

Chaleco y arma de uno de los combatientes españoles.