Cataluña

Bermán (PP): "Al lado de esta España, la de Franco era la Arcadia feliz"

Óscar Bermán, edil del PP en Palamós, es un nostálgico del franquismo y es muy crítico con la dirección nacional de su partido.

Oscar Bermán

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Óscar Bermán, portavoz municipal del PP en el pequeño municipio de Palafolls (Barcelona), ha centrado la atención de los medios tras unas declaraciones machistas que hizo sobre Ada Colau: “en una sociedad seria y sana estaría limpiando suelos y no de alcaldesa de Barcelona”, declaró en una entrevista el 13 de marzo en el portal ultraconservador Alerta Digital (AD), que suele dar rienda sueltas a las perlas dialécticas. “Con todos mis respetos a las dignísimas limpiadoras”, matizaba para no parecer maleducado.

Condecorado con el Premio Ciudadano Europeo en 2014 por el Foro Europa, Bermán es un patriota español desacomplejado y polémico. Parece ir solo contra todo y todos. Defiende y reivindica el franquismo, carga tintas contra la tibieza de la cúpula del PP, despotrica contra la izquierda y ensalza el catolicismo de antes. Sus perfiles de Twitter y Facebook van plagados de manifiestos y convocatorias en pro de la unidad nacional emitidos por asociaciones como “D’Espanya i catalans”. En algunos mensajes descuida su ortografía: “Cojiendo el Ave de Madrid a Barcelona”, señaló en un tuit. En ocasiones acude invitado a tertulias en 13TV, y en su timeline se limita casi exclusivamente a retuitear al periodista Carlos Cuesta. Le gusta mostrarse en público posando junto a cofradías y coros rocieros, y no es muy amable con la prensa: “está visto que hablar sin complejos provoca catarsis en el mundo del periodismo”, escribió días atrás.

ADMIRADOR DEL FRANQUISMO

Bermán copó titulares dos semanas atrás al defender a la portavoz del PP en Calpe (Alicante), Ana Sala, que escribió en su perfil de Facebook que durante el régimen franquista no había “dictadura ni leches. Se vivía de maravilla”. Ante las polémicas declaraciones, el edil de Palafolls salió en su defensa: “Al lado de esta España, la de Franco era la Arcadia feliz”. De hecho, reconoció que sus años de vida más felices fueron en la última etapa con vida del dictador.

En sus declaraciones públicas insiste en el declive moral de la democracia y en la fallida moral en la que, en su criterio, vive sumergido el país. Cree que reivindicar el franquismo está mal visto injustamente. Si su compañera alicantina se hubiera declarado “admiradora de Staling, Chávez, Castro o Pol Pot, hoy estaría recibiendo felicitaciones de los mismos que la están crucificando”. Y fue más allá: “si se hubiera postulado a favor del aborto y del ataque a los católicos o mostrado admiradora de ETA, la izquierda radical la hubiera puesto como ejemplo a seguir”.

En su alegato en pro del franquismo dice que antes España era una nación cohesionada y ordenada. “Conservábamos nuestra identidad, orgullo nacional, nuestra industria, nuestras tradiciones… nadie que llevase una vida ordenada tenía nada que temer”. Hace un repaso de un país que para él era mucho más eficiente que ahora: con una presión fiscal baja; creador de la Seguridad Social; con un sistema educativo que sacó a España del analfabetismo y con familias unidas: “los viejos morían en sus casas rodeados de los suyos”.

Pero lo más destacado es que en aquella España “disfrutábamos de la tranquilidad de no tener que convivir con separatistas, ni con ultraizquierdistas, ni con inmigrantes ilegales, ni con delincuentes internacionales. Había paz y orden.”, alegaba Berman. Para el popular catalán, la revisión histórica se hace desde el frentismo: “¿Cómo podría hablar mal de esa época nadie que se asomara sin una actitud sectaria ni revanchista?”.

También abomina de la España de las autonomías: “donde antes había una persona ahora hay 17”, opina. Carga contra la descentralización, la duplicidad de cargos, los obstáculos para comerciar por las legislaciones divergentes de las comunidades y por facilitar la ruptura de España.

CONTRA LA CÚPULA DEL PP

Pese a ser dirigente local electo del PP, acusa a su partido de haberse alineado con la izquierda para “colaborar en anestesiar nuestra memoria frente a este etapa de la historia (el franquismo)”. En la misma entrevista en que cargó contra Colau, exhortó a su formación para “que se plante como yo y diga que hasta aquí hemos llegado”. Y no ahorró críticas a los suyos, a los que pidió alejarse definitivamente del centrismo. “Eso es para gente como Arriola, Villalobos o Cifuentes”, con los que no nos sentimos nada identificados”, subrayó.

Cree en la necesidad de escorar el PP a la derecha, para recuperar al electorado perdido en el 20-D. Bermán dice que en Europa “la derecha está de moda”, porque representa “los principios éticos, la justifica social, la disciplina, el trabajo, el esfuerzo, el orden, la higiene física…Es decir, todo aquello de lo que la izquierda huye”.

En su propio Twitter comentaba su presencia en la junta directiva del PP en Barcelona en junio de 2015, donde intervino pidiendo la regeneración del partido. “No se puede continuar así”, indicó. Incluso fue más allá al pedir su refundación. Sus ataques suelen focalizarse en la cúpula de Génova, responsable de que “cada día seamos más débiles. El PP no tiene problemas, los problemas están siendo ocasionados por las personas que lo componen”, dijo. En algunas ocasiones, sus ataques rozan lo absurdo: “me pregunto si Rajoy sirve a los intereses de su patria o a los del sionismo antieuropeo”. Para Bermán, es hora de que dimitan en el PP todos los que “nos han conducido a esta situación de caos”.

NO A LA SOCIEDAD MULTICULTURAL

Oscar Bermán es fervientemente crítico con el multiculturalismo, fenómeno que considera “una situación artificial y malsana que sólo afecta a los Estados”. Sus críticas van cargadas de tópicos e, incluso, teorías conspiranoicas. En su criterio, todo estado multicultural porta en lo más profundo “los gérmenes de su propia destrucción nacional”. Simplemente, la mezcla cultural es un mecanismo para “forjar a los pueblos dóciles que conformarán los Estados obedientes del Nuevo Orden Mundial”, defiende el polémico cargo popular.

Tampoco ve con buenos ojos la libertad ideológica en nuestra sociedad, y por ello propuso el cierre temporal de la facultad de Ciencias Políticas por ser “fábricas de marxistas” y por constituir puntos de encuentro de alumnos y profesores adoctrinados en el “sectarismo y el odio”. Sus declaraciones le costaron una campaña en su contra por parte de las Juventudes de Esquerra Republicana (JERC), que colgaron su rostro en distintas facultades acompañado de mensajes de denuncia. Para Bermán, ello fue la muestra del clima “prebélico” que vive Cataluña: “esta gentuza quiere arrastrarnos a otra contienda civil”, declaró sobre los jóvenes independentistas, a quienes acusó de recurrir a “métodos matonistas propios de los estalinistas”.

COLAU Y EL EJÉRCITO

Al hablar de la alcaldesa de Barcelona, a Bermán se le fue de las manos. La tildó de “Carmen de Mairena en versión caricaturesca” y de “descerebrada llena de odio y fobias salvajes”. Por no haber acabado su carrera, la cataloga de “vaga incorregible”. Y por sus escasos méritos profesionales, cree que sus herramientas de trabajo deberían ser el mocho y la fregona. Al edil popular le irrita especialmente el “sesgo anticatólico” que define su política en el ayuntamiento: por declarar que en lugar de la Navidad se celebraría el solsticio de invierno; por permitir un padrenuestro blasfemo en los premios Ciutat de Barcelona; y por revocar el permiso para la celebración de una misa en Montjuïc en honor a caídos en la guerra civil.

Respecto a la polémica suscitada tras el encuentro de Colau con efectivos del ejército en el Salón de la Enseñanza de Barcelona, Bermán consideró que “el ejército representa todo lo que este saco de pringue ideológica más odia: el patriotismo, el sacrifico ético, el esfuerzo, la ejemplaridad en el trabajo, la disciplina…”. Para él, el remedio ideal sería “militarizar a los progres” para que adquieran los valores de los que carecen.

ANDALUCÍA, EL EJEMPLO A SEGUIR

El edil de Palafolls pone a Andalucía como referente de la España que él añora. Allí, “la extrema izquierda no se atreve a atacar los símbolos católicos como aquí”. A pesar de ensalzar su catolicismo, no ahorra críticas a la Iglesia española, que en su parecer no se asemeja a aquella que en los años 30 “sufrió asesinatos por su compromiso cristiano”.

Siente envidia de las tradiciones andaluzas: “allí se celebra la Semana Santa en loor de multitudes y la legión es venerada a su paso en las calles de Málaga”. Defiende además que a ningún político andaluz se le pasaría por la mente cuestionar las corridas de toros, y valora que allí todos se “sienten profundamente españoles” porqué hay una “paz social que hace tiempo perdimos en Cataluña”.