Mensajeros de la Paz

Huéspedes sin hogar a los pies de San Antón

Decenas de personas sin hogar duermen estas Navidades en la iglesia madrileña de San Antón. Se sienten más seguros aquí.

La iglesia de San Antón

La iglesia de San Antón

  1. Mensajeros de la Paz

El Padre Ramiro camina sigilosamente hacia el altar. La luz es tenue y suena el canto gregoriano justo antes de la Medianoche. Ramiro está de guardia junto a Franklin Acosta, uno de los trabajadores de la ONG Mensajeros de la Paz. Ramiro y Franklin han ido repartiendo mantas y cojines entre quienes se han refugiado en el templo para pasar la noche.

A medianoche empieza la misa y el padre dice: “El señor esté con vosotros”. Sólo responde una señora que ha venido a acompañarle. El resto son ronquidos, estornudos y crujidos de la vieja madera de la iglesia.

Muy pocos están despiertos. La mayoría caen desplomados. "Esto es un hotel de lujo en comparación con los pórticos de la Plaza Mayor”, dice Luis, que unos minutos antes le ha enseñado al sacerdote la mordedura de una rata en el costado.

Y sin embargo esto no es un hotel ni un albergue ni un hospital. Es la iglesia de San Antón: un templo del siglo XVIII en el corazón del barrio de Chueca de Madrid.

El padre Ángel.

El padre Ángel.

El padre Ángel, fundador de la ONG Mensajeros de la Paz, soñaba desde hace años con lo que llama “una iglesia pobre para los pobres". Asegura que recibe presiones: "Nos critican porque por la noche guardamos el Santísimo. No se dan cuenta de que el santísimo está cada noche aquí en el suelo. El papa Francisco lo dice: abrid las puertas y dejad que Jesús pueda salir”.

Los huéspedes de San Antón.

Los huéspedes de San Antón.

Los bancos de la iglesia y los viejos cojines se utilizan para dormir. Es un lugar de descanso. Si alguien llega con otras intenciones, no se le deja entrar, dice Franklin Acosta, trabajador de Mensajeros de la Paz.

Reparten más de 200 desayunos, bocadillos y caldos para la cena. El canto gregoriano ofrece paz y suena ininterrumpidamente durante la noche.

El mayoral

Germán Matías es extremeño y tiene 67 años. Lo apodan Romaní el torero. No concibe la vida si no es viviendo en la calle. Hace muchos años trabajó como mayoral en las ganaderías de Salamanca. Dice que es feliz y se asombra de que alguien pueda dudarlo.

No le falta nada, dice. Apenas lee ni escribe y prefiere dormir en San Antón que en un albergue. “Allí hay gente mala”, asegura. ¿Qué haría si alguien le diera un montón de dinero? "Pues gastármelo". Quizás se compraría una casa pero no viviría en ella.

Germán.

Germán.

El intranquilo 

Miguel Ángel tiene 58 años y es madrileño. Deambula con su cazadora negra de cuero y dice que él tenía dinero y que lleva cotizados 28 años a la Seguridad Social pero es la segunda vez que le veo dormir en la iglesia. 

Miguel Ángel.

Miguel Ángel.

El padre

Se presenta como Luis a secas. y tiene 47 años. Es madrileño y sufre la enfermedad de Parkinson. Fue camionero y propietario y tiene dos niñas de ocho y 11 años. "A eso no renuncio", asegura.

Luis.

Luis.

Se siente como un surfista que nunca alcanza la ola. Le mordió una rata hace unos días y se puso la vacuna de la rabia. Dice que siente paz pero siempre está inquieto con los ojos llorosos y la barbilla en movimiento.

Los zapatos de Luis.

Los zapatos de Luis.

El matrimonio

Fernando Ferrara y su mujer son dos cocineros portugueses con cuatro hijos y tres nietos. Residen en España desde hace 21 años. Llevan nueve en el paro no cobran subsidio. Pagan 490€ de alquiler por un piso en Tirso de Molina donde viven con sus dos hijos de 19 y 20 años. Sobreviven con la ayuda de sus dos hijos mayores, y con las bolsas de comida que reciben semanalmente en San Antón. Sus muecas son de desesperación y de resignación amarga.

Fernando Ferrara y su esposa.

Fernando Ferrara y su esposa.

La enamorada

Marisol es diabética y tiene a las espaldas cuatro intentos de suicidio. Hace unos años le diagnosticaron un trastorno bipolar.

Cobra apenas 600€ de pensión de los cuales paga 250€ por un piso compartido. Se refugia aquí porque puede hablar con los sacerdotes y encuentra compañía. Llora cuando me cuenta que ha sido maltratada por su propio hijo con el que vivió un tiempo. Después se le ilumina la mirada porque dice haber encontrado un buen amigo que le hace regalos y la cuida. Creo que se ha enamorado.

Marisol.

Marisol.

El camarero

Andrés tiene 52 años y nació en Alemania. Es serio y educado y tiene buen aspecto. Conoce mejor que nadie la ruta que le permite ducharse en un centro social, comer en otro y por último cenar y dormir en la iglesia con colchoneta propia. Reflexiona, se queda pensativo antes de tumbarse. Ve imposible lo que se ha convertido en una meta inalcanzable: tener un trabajo.

Andrés.

Andrés.

La periodista

Sandra del Valle es venezolana y tiene 50 años. Trabajó como periodista en su país de origen, donde tiene un hijo de 23 años. La conozco porque me hace una pregunta: "¿Se podrá beber el agua bendita?".

Sandra.

Sandra.

El sacerdote

Es uno de los sacerdotes de la iglesia de San Antón. Sorprende la calma con la escucha durante horas a los que acuden a la iglesia. Aquí cualquiera puede beber agua fresca, entrar con su mascota, tomar un café o cambiar a su bebé. También confesarse o hablar en una mesa camilla si a uno no le gusta el confesionario.

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