Felipe VI

“La imposición de unos sobre los demás españoles sólo nos ha conducido a la decadencia"

En su alocución anual, el rey evita pronunciarse sobre la crisis política y se vuelve a centrar en Cataluña.

El rey Felipe VI durante el discurso de Navidad.

El rey Felipe VI durante el discurso de Navidad.

  1. Felipe VI
  2. Navidad
  3. Mensaje de Navidad

Felipe VI, de 47 años, ha leído esta Nochebuena su discurso más difícil: el que terminó de retocar él mismo este martes tras comprobar que tanto en Barcelona como en Madrid los gobiernos están en funciones, y que el tablero político nacional resulta tan endiablamente complicado que la Constitución le otorga un papel de especial importancia en la formación del Ejecutivo central.

Eso, cuando sólo lleva año y medio en el trono. La primera parte del reinado la ha dedicado a limpiar su propia casa de escándalos y malos hábitos. La segunda, a hacer frente con discursos como éste al órdago secesionista. Tras 40 años de costumbre, el monarca más joven de Europa ha optado por romper con la familiaridad de la modesta Zarzuela para dirigirse a los españoles con la pompa del Palacio Real.

Lo ha hecho, según ha dicho, para destacar “la grandeza de España”. También, sin duda, para afianzar en el imaginario colectivo una monarquía que en el Boletín Oficial del Estado (BOE) de 24 de diciembre ha recibido otro recordatorio de que la placidez del reinado de su padre, Juan Carlos I, ya es historia: el Gobierno de Navarra (Geroa Bai), apoyado en Podemos, Bildu e Izquierda-Ezkerra, les ha retirado a él y a Doña Letizia, y en el futuro a la princesa de Asturias, la prerrogativa de entregar el premio Príncipe de Viana. Sin consultar.

Esa es la nueva España a la que tiene que servir Felipe VI, y estos son los nueve puntos fundamentales de su pensamiento político, según unas palabras escritas por él mismo con la ayuda de un grupo de empleados de La Zarzuela, entre ellos y sobre todo el jefe de la Casa, Jaime Alfonsín. Este, y el que pronuncia en octubre durante los premios Princesa de Asturias, son los únicos discursos que escribe la Casa del Rey sin consultar al Gobierno.

1. Proceso soberanista de Cataluña

Desde las elecciones catalanas de septiembre, Felipe VI lo ha hecho en octubre dos veces (Estrasburgo y Oviedo) y otra en noviembre: recordarles a los líderes de Cataluña que “no levanten muros”. Esta Nochebuena ha sido aún más directo: “No debemos olvidar que la ruptura de la Ley, la imposición de una idea o de un proyecto de unos sobre la voluntad de los demás españoles, solo nos ha conducido en nuestra historia a la decadencia, al empobrecimiento y al aislamiento. Ése es un error de nuestro pasado que no debemos volver a cometer”.

Para el joven rey, que tenía 10 años cuando se aprobó la Constitución de 1978, en España no cabe otra senda que la que marca esa carta magna: “Nuestro camino es ya, de manera irrenunciable, el del entendimiento, la convivencia y la concordia en democracia y libertad. Por ello, respetar nuestro orden constitucional es defender la convivencia democrática aprobada por todo el pueblo español; es defender los derechos y libertades de todos los ciudadanos y es también defender nuestra diversidad cultural y territorial”.

2. Unidad: el orgullo de ser español

Lo afirmó el 19 de junio de 2015 cuando fue proclamado rey, y lo ha vuelto a repetir en Nochebuena remarcando el “legítimo” orgullo de “ser y sentirse español”: “En la España constitucional caben todos los sentimientos y sensibilidades, caben las distintas formas de sentirse español; de ser y de sentirse parte de una misma comunidad política y social, de una misma realidad histórica, actual y de futuro, como la que representa nuestra nación”. Para el rey, los turbulentos tiempos en los que vivimos hacen más necesario que nunca “reconocernos en todo lo que nos une” porque “ser y sentirse español, querer, admirar y respetar a España, es un sentimiento profundo, una emoción sincera, y es un orgullo muy legítimo”.

3. Incertidumbre política

A Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias les dirá, a partir del 13 de enero cuando esté constituido el Congreso, lo que ha empezado a afirmar esta noche: los “intereses generales” de España están por encima de todo. Con todos ellos ha hablado ya, pero Felipe VI es un hombre “discreto y cerebral”, según lo definen personas de su entorno, y no será por su lenguaje corporal ni por sus inoportunos comentarios por los que se sabrá con qué líder se entiende mejor.

Con Rajoy despacha semanalmente desde hace año y medio; Sánchez fue a Oviedo el pasado octubre por primera como “candidato a la presidencia del Gobierno”; a Iglesias lo ha visto en Estrasburgo, donde el líder de Podemos le entregó Juego de Tronos, y más recientemente en la fiesta de 20 minutos en Madrid, y Rivera es el que más ha cultivado su complicidad. Sus palabras en Nochebuena han sido acordes con la nueva era política que se ha abierto en España el pasado domingo: “La pluralidad política, expresada en las urnas, aporta sin duda sensibilidades, visiones y perspectivas diferentes; y conlleva una forma de ejercer la política basada en el diálogo, la concertación y el compromiso, con la finalidad de tomar las mejores decisiones que resuelvan los problemas de los ciudadanos”.

El rey ha advertido a estos cuatro hombres que han de negociar el futuro Gobierno que no pongan en peligro lo conseguido hasta ahora: “España inicia una nueva legislatura que requiere todos los esfuerzos, todas las energías, todas las voluntades de nuestras instituciones democráticas, para asegurar y consolidar lo conseguido a lo largo de las últimas décadas y adecuar nuestro progreso político a la realidad de la sociedad española de hoy”.

El rey destaca el esfuerzo común: “La España actual es muy distinta de la España de los siglos que nos preceden gracias a una auténtica y generosa voluntad de entendimiento de todos los españoles, a un sincero espíritu de reconciliación y superación de nuestras diferencias históricas y a un compromiso de las fuerzas políticas y sociales con el servicio a todo un pueblo, a los intereses generales de la Nación, que deben estar siempre por encima de todo. Esta es la gran lección de nuestra historia más reciente que nunca debemos olvidar”.

4. El papel del rey

Dicho esto, Felipe VI ha hecho hincapié en que sus poderes son limitados: los españoles son ciudadanos, no súbditos, y él representa a una monarquía constitucional que no tiene capacidad para imponer a un gobernante en caso de que la aritmética se atasque, como es el caso ahora. Así ha hablado el rey: “En un régimen constitucional y democrático de Monarquía Parlamentaria como el nuestro, las Cortes Generales, como depositarias de la soberanía nacional, son las titulares del poder de decisión sobre las cuestiones que conciernen y afectan al conjunto de los españoles: son la sede donde, tras el debate y el diálogo entre las fuerzas políticas, se deben abordar y decidir los asuntos esenciales de la vida nacional.

5. La corrupción, de pasada

El próximo 11 de enero, su hermana la infanta Cristina se sienta en el banquillo de los acusados como "colaboradora necesaria" de dos delitos de fraude fiscal. Esta misma semana se ha sabido que Rafael Spottorno, jefe de la Casa del Rey hasta que don Felipe llegó al trono, está más cerca de ser encausado por usar la tarjeta black de Caja Madrid cuando era presidente de la Fundación (durante unos años que estuvo fuera de la Casa). Pero en La Zarzuela de Felipe VI, ésa que él empezó a construir el 19 de junio de 2014, estas sombras son consideradas “del pasado”. A doña Cristina le retiró el título de duquesa de Palma, y Spottorno es un simple “ex empleado”.

Este año no ha tenido que hacer por ello referencia a la igualdad de la Justicia, y la mención a la corrupción política ha sido a vuelapluma: “Unas instituciones dinámicas que caminen siempre al mismo paso del pueblo español al que sirven y representan; y que sean sensibles con las demandas de rigor, rectitud e integridad que exigen los ciudadanos para la vida pública”.

6. Defensa de la sanidad y la educación

Felipe Vi no se ha mostrado muy entusiasta sobre las bondades de la recuperación económica de Mariano Rajoy. Es la mejor prueba de que este discurso está hecho en Zarzuela: “Todos deseamos un crecimiento económico sostenido. Un crecimiento que permita seguir creando empleo —y empleo digno—, que fortalezca los servicios públicos esenciales, como la sanidad y la educación, y que permita reducir las desigualdades, acentuadas por la dureza de la crisis económica”.

7. Yihadismo, refugiados y cambio climático

Los atentados de París, los refugiados y el cambio climático han tenido cabido en el cajón de sastre final. Todos estos puntos, en torno a la idea que España ha de recuperar una voz internacional que Zarzuela ve reducida en estos últimos años: “Es necesario que la voz de España se haga oír en la Unión Europea y en las instituciones internacionales en todo aquello que afecta a nuestras convicciones y a nuestros intereses vitales. Porque el mundo de hoy exige naciones fuertes, responsables, unidas, solidarias y leales a sus compromisos con sus socios y aliados y con el conjunto de la comunidad internacional”.

8. Cambio generacional

Felipe VI representa a esa nueva generación de españoles nacidos o criados en democracia que a partir de ahora llevará las riendas del país. Esta Nochebuena, en la que lo vemos tan claramente reflejado en tres de los cuatro principales líderes políticos, lo ha remarcado: “A los españoles de hoy nos corresponde seguir escribiendo la historia de nuestro tiempo y vamos a hacerlo como ya hemos demostrado que sabemos: Contando con todos: hombres y mujeres, jóvenes y mayores, nacidos aquí o venidos de fuera; empujando todos a la vez, sin que nadie se quede en el camino”.

9. Doble mensaje directo a los españoles

En torno a estas ideas, el jefe del Estado ha querido lanzar un doble mensaje a los españoles. El primero, de “serenidad, de tranquilidad y confianza en la unidad y continuidad de España; un mensaje de seguridad en la primacía y defensa de nuestra Constitución”.

El segundo, de “entendimiento” y “espíritu de unión”. “Con diálogo y con compromiso, con sentido del deber y con responsabilidad; sintiendo y viviendo, cada día, cada uno de nosotros, ese compromiso ético que hace grande a un pueblo; uniendo nuestros corazones, porque hace décadas el pueblo español decidió, de una vez por todas y para siempre, darse la mano y no la espalda. Hagámoslo con toda la fuerza y la confianza de quienes estamos orgullosos —con razón— de lo que hemos conseguido juntos y, sobre todo, de lo que juntos vamos a conseguir”.