ELECCIONES GENERALES

Diez impresiones del debate de Iglesias y Rivera

Los líderes de Ciudadanos y Podemos se han enfrentado en el auditorio de la Universidad Carlos III.

Rivera e Iglesias se abrazan tras el debate electoral.

Rivera e Iglesias se abrazan tras el debate electoral.

No hay un ganador claro. El equilibrio entre los contrincantes es la característica principal del debate protagonizado este viernes por Albert Rivera y Pablo Iglesias en la Universidad Carlos III de Madrid. Amén de no pocas lecciones sobre cómo hacen política los nuevos partidos y además de las palabras de los protagonistas, durante las casi dos horas del debate arbitrado por Carlos Alsina se produjeron algunas imágenes que a buen seguro anidarán en las memorias. EL ESPAÑOL las resume en diez impresiones.

1. Colas de fans. Una hora antes del inicio del debate más de 2.000 jóvenes esperaban para entrar en el auditorio de la Universidad Carlos III. El primero era Javi Socastro, de 18 años y alumno de Estudios Internacionales. Había llegado a las 7.20 porque no quería perderse a Carlos Alsina, el moderador. Luego durante el debate ha logrado hacer una pregunta sobre los refugiados. El interés por la política -al menos en estas elecciones- entre los jóvenes se acerca al fenómeno fan.

2. Atriles vacíos. Meses atrás, la asociación Demos organizó un debate en el mismo marco entre los candidatos a la presidencia de la Comunidad de Madrid. En aquella ocasión la aspirante del PP, Cristina Cifuentes, no acudió. Y los organizadores dejaron su atril vacío como una suerte de protesta por dicha ausencia. Este viernes, en cambio, no hubo un atril vacío, sino dos, que corresponderían a los ausentes Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Ambos estuvieron presentes solo como dianas de las críticas de los candidatos, del público y de Demos. Especialmente virulentos fueron los ataques a Sánchez, quien excusó su asistencia por "motivos de agenda" tras cuatro meses de negociación entre su equipo y los universitarios. 

3.Un partido de fútbol. El debate permitía aplausos y abucheos. El auditorio tenía una capacidad de 1.000 personas. La organización había preparado para empezar cuatro vídeos breves de intervenciones de los candidatos principales: los dos presentes y los dos ausentes. El primero en aparecer ha sido Pablo Iglesias. El público no ha reaccionado. Luego ha aparecido Rivera; cuando su vídeo ha terminado ha habido una ovación tremenda. Sánchez se ha llevado abucheos, pero los pitos de verdad han sido para Rajoy. Durante el debate los hinchas de Iglesias han logrado equipararse con los de Rivera y los aplausos, risas y susurros han sido similares. Los dos candidatos se han adaptado bien a las reacciones del público, que dan vivacidad al enfrentamiento.

4. El profesor Alsina. El moderador era el periodista de Onda Cero, Carlos Alsina. Parecía el profesor con sus dos alumnos. Ha dudado dos veces si tratarles de tú o de usted. Ha empezado una frase con un “podéis” y ha rectificado en seguida: “Pueden ustedes interrumpirse”. En la presentación ha bromeado con el uso del tiempo. Si se pasaban, les ha advertido, iba a usar “la técnica mariana”. La habréis visto ayer en televisión, ha añadido: “La colleja o doble colleja”. Alsina podía haberla utilizado más. Sus peticiones de brevedad no han sido seguidas por ninguno de los dos participantes. El ritmo del debate se ha resentido. 

Albert Rivera, en el debate.

Albert Rivera, en el debate.

5. El formato no acaba de funcionar. A priori, una de las principales características de este cara a cara era que por una vez los oponentes no estarían tan encorsetados como en otros debates. Y no lo estuvieron. "No hay cronómetro" y "pueden interrumpirse" afirmó Alsina. Pero, eso sí, el formato elegido por la asociación Demos y aceptado por los candidatos tampoco funciona a las mil maravillas. Durante muchos momentos del debate, Iglesias y Rivera eludieron interrumpirse mutuamente y respetaron sus turnos de palabra con escrúpulo, como si tuvieran los corsés insertados en su mente. Así, la frescura pretendida quedó un tanto eclipsada. El líder de Podemos fue el primero en interrumpir a su rival, que criticó el gesto porque "creo que teníamos dos minutos para exponer", a lo que Iglesias respondió con un “tú tuviste más de 4 minutos”. Esta pelea un tanto infantil por los tiempos se repitió al final, cuando el moderador pidió a Rivera que terminase el debate y éste recordó que "creo que según el sorteo yo hablo al final". 

6. Los sueldos públicos. El primer rifirrafe del debate ha llegado al poco de empezar. Ha sido acerca del sueldo de los cargos públicos. Rivera ha dicho a Iglesias :”Quiero que el presidente del gobierno cobre como tú”. Se refería al salario que obtenía como eurodiputado. Iglesias ha acusado a Rivera de que sus dos eurodiputados cobran el sueldo entero en Bruselas y se quedan con las dietas. Rivera ha respondido: “¿Las dietas? ¡A la Tuerka!”, en referencia al programa de Iglesias, y ha añadido: “Yo no hago populismo”. El candidato de Podemos cree que el presidente del Gobierno debe cobrar como un funcionario de tipo A (jueces, inspectores de Hacienda). Rivera cree, en cambio, que debe cobrar más.

El líder de Podemos.

El líder de Podemos.

7. El terrorismo. El segundo momento de mayor tensión ha sido a partir de una pregunta sobre el yihadismo que ha introducido Carlos Alsina. Rivera ha destacado la inutilidad del Consejo de la Paz que propone Podemos y que se reúne por primera vez este domingo para buscar soluciones no militares contra el terrorismo yihadista: “Si pensamos que con un consejo de paz, los terroristas van a levantar las manos, no lo vamos a conseguir”, ha dicho Rivera. Iglesias ha respondido con la ambiguo propuesta de mandar tropas a Siria de Rivera. El líder de Ciudadanos ha querido aclarar sus palabras: “Pablo, para”, le ha dicho. Iglesias ha respondido: “No pasa nada”. Y Rivera: “Sí pasa. No inventes”. Iglesias ha cerrado la tensión con un “no te pongas nervioso, no me interrumpas”. Rivera ha sacado entonces las palabras más duras del debate: “Comprendo que Podemos no esté a gusto en un pacto antiterrorista”. Y ha seguido: “El pacto que acabó con ETA no fue el pacto con Bildu”, en referencia al acuerdo en Navarra. Ha aprovechado para pedir una rectificación a Podemos: “Yo también os pediría una rectificación. En España no hemos acabado con el terrorismo con la equidistancia”.

8. El feeling. Durante el debate, Iglesias y Rivera se han enfrentado en algunos momentos con dureza. Pero en los saludos iniciales y finales se ha advertido mejor relación -quizá impostada- de la que sus ideologías dan a entender. Puede ser un toque generacional. No se saludan con un encaje de manos tradicional sino con un choque más parecido al de deportistas, se abrazan, se tocan la cara. Su relación parece denotar que a pesar de la distancia ideológica, representan otra política.

9. Las preguntas del público. Cuando el debate ya se alargaba demasiado, llegó el turno de los más de mil asistentes. El primero en tomar la palabra protagonizó un momento divertido cuando pidió a los dos contendientes que cuando vean a Pedro Sánchez, el próximo lunes en el debate que organiza El País, le pregunten que "cómo es posible que le haga zumos de kiwi y melocotón a Bertín Osborne -en referencia a su visita al programa de TVE- y no venga aquí a debatir". En general, el resto de cuestiones versaron sobre asuntos que poco o nada tienen que ver con la actualidad que cuentan los periódicos. Así, se repitieron las preguntas sobre temas tan variopintos como el cambio climático, la formación de los parados mayores de edad, la ley electoral o el oligopolio de las eléctricas. 

10. De Kant, nada. Ni Pablo Iglesias ni Albert Rivera fueron grandes estudiantes de filosofía. Iglesias ha respondido a un joven que les pedía la recomendación de un libro de filosofía con un Ética de la razón pura, de Kant. El título real es Crítica de la razón pura.Pero Rivera ha perfeccionado el error. Primero ha dicho que por su formación en Derecho, “cualquiera de esas obras de Kant me parece un referente para juristas”. Entonces Alsina le ha preguntado por alguna en concreto. Ahí ha venido el desastre: “Bueno, yo la verdad es que no he leído a Kant, un título concreto, pero me da igual”.

La expectación fue enorme.

La expectación fue enorme.