Elecciones generales 2015

Lo mejor y lo peor de Albert Rivera durante el debate

El líder de Ciudadanos no leyó en todo el debate, pero evidenció lagunas en política internacional y, sobre todo, con Kant.

Rivera gesticula durante el debate.

Rivera gesticula durante el debate.

Pablo Iglesias y Albert Rivera han debatido en la Universidad Carlos III. La convocatoria de la asociación de Demos España era para los cuatro candidatos principales, pero el presidente Mariano Rajoy y el socialista Pedro Sánchez han declinado. El moderador ha sido el periodista de Onda Cero Carlos Alsina. Esto es lo mejor y lo peor de cada uno de los candidatos.

Lo mejor

Estar aquí. La política es proponer, debatir y llegar a acuerdos. Si hay políticos que prefieren no hacerlo siempre que hay una oportunidad razonable, es malo para todos. Solo estar aquí y debatir ante mil universitarios que hacían cola desde las 7 de la mañana ya es un punto a favor.

No lee. Rivera ha repetido tantas veces el programa, que no necesita recurrir a ningún papel para las intervenciones de introducción. No recurre a anotaciones más que para repasar los puntos.

Tiene el programa bien dividido. El mérito de saber contar bien el programa requiere tenerlo bien resumido. En Ciudadanos tienen mejor preparadas sus respuestas con puntos sobre los temas principales: el cambio necesaria en España, la economía, la educación. Iglesias ha recurrido a listas más largas de medidas que acababan por aburrir.

Sonríe más. La pose más natural de los políticos en debates no es la sonrisa -hablan de cosas serias- pero en comparación con Iglesias, en la Carlos III Rivera ha sido el candidato sonriente.

Catalanoparlante. Durante el año, parecía que podía ser un problema para Ciudadanos tuviera un candidato catalán. Rivera ha usado su catalanidad dos veces para destacar lo bueno que es el bilingüismo. Sobre todo cuando Iglesias ha dicho que si es presidente aprenderá algo de catalán, gallego y euskera.

Lo peor

Demasiado recurso al programa. Un debate no es un mitin. Los políticos en España -Rivera no es de momento una excepción- llevan las respuestas siempre a lugares cómodos. Hace que la atención del público decline.

Rollo y rollo. El recurso al programa sería obviamente legítimo si se centrara solo en un aspecto puntual y la respuesta fuera de un minuto. Pero Rivera -Alsina ha inisistido varias veces- agotaba y a menudo sobrepasaba el tiempo de sus intervenciones.

La política internacional. España ha tenido problemas sobre todo nacionales y es un país poco dado a aventuras exteriores. Los políticos tienen por tanto poca exigencia en temas internacionales. Cuando Rivera habla de la falta de unión en Siria o la dificultad de acuerdos entre Francia y Rusia -como si fueran tradicionalmente de un mismo bando- demuestra lagunas.

No ha leído a Kant. El meme del debate ha sido un tiro al pie de Rivera. Un alumno ha pedido que le recomendaran un libro de filosofía. Iglesias ha ido a lo seguro: Crítica de la razón pura, de Kant. Rivera ha recordado su formación en Derecho y ha concluido: “Cualquiera de las obras de Kant me sirve”. Alsina ha sido rápido: ¿Ningún título concreto?” Rivera ha tenido un ataque de sinceridad: “No he leído a Kant”.