Elecciones generales

Los 12 consejos de Quinto Cicerón a su hermano para ganar las elecciones

Meses después de recibir las recomendaciones de su hermano en forma de carta, Marco Tulio Cicerón arrasó en las urnas.

Busto de Marco Tulio Cicerón en el Palacio de Justicia de Bruselas

Busto de Marco Tulio Cicerón en el Palacio de Justicia de Bruselas Flickr

64 a.C. Marco Tulio Cicerón prepara su campaña electoral para hacerse con un puesto en el consulado romano. Su hermano pequeño, Quinto, lejos de Roma, le escribe por carta una serie de consejos para ganar las elecciones. Con la llegada de julio y las urnas –por aquel entonces el voto ya era secreto- Cicerón logra la unanimidad de las centurias y supera a sus rivales: Gayo Antonio Híbrida y Lucio Sergio Catilina. Marco Tulio Cicerón comenzó a gobernar en el 63 a.C, quién sabe si gracias a las indicaciones de su hermano.

Más de dos mil años después, las recomendaciones de Quinto siguen dotadas de una rabiosa actualidad. A pesar de no contemplar, como es lógico, las redes sociales, la importancia de la televisión, o la radio, Quinto se adentra con sus consejos en lo más profundo del hombre. Con un pragmatismo a veces cínico explora el arte de convencer y lo reúne de forma diabólica en un pequeño frasco, como el más caro de los perfumes.

1.- Las apariencias, por encima de lo real

Quinto Tulio Cicerón advirtió a su hermano de que la fugacidad de la campaña obliga al candidato a cuidar al milímetro sus apariciones en publico y, en especial, a mimar su oratoria: “Por mucha fuerza que tengan por sí mismas las cualidades naturales del hombre, en un asunto de tan pocos meses, las apariencias pueden incluso superar esas cualidades. (…) Tendrás que presentarte siempre tan bien preparado para hablar como si en cada una de las causas se fuera a someter a juicio todo tu talento”.

2.- Cuida del núcleo interno y de tus ‘amigos’

El que luego fuera pretor y gobernador de la provincia de Asia explicó así a su hermano mayor el win-win que supone la relación entre un candidato y sus colaboradores más cercanos: “Procura que aquellos que te deben algo se den cuenta de que no van a tener más oportunidad que ésta para demostrarte su agradecimiento. (…) Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Cuando eres candidato, la palabra ‘amigo’ tiene un significado mucho más amplio que en tu vida corriente”.

Sin embargo, Quinto contó así en su carta la dificultad que entraña lograr el apoyo de los más íntimos: “Cuanto más íntimo es un amigo, cuesta mucho más esfuerzo conseguir que te aprecie y que desee que alcances el mayor prestigio posible”.

3.- Cuidado con los apoyos inesperados

“El agradecimiento puede venir de aquellos que te deben algo y también de aquellos a los que les pueda interesar debértelo”, escribió Quinto. Además, concretó, los apoyos siempre se dan por tres razones: “Beneficios, expectativas o simpatía sincera”, aunque ésta última es la menos frecuente.

4.- No hay ningún hombre imposible de convencer

Quinto recomendó a su hermano no dar a ningún votante por perdido. Para conseguir la aceptación de los más contrarios le aconsejó colocarse cerca del poder: “No existe nadie de quien no puedas lograr apoyo. Si te ganas la amistad de los hombres más importantes, podrás contar fácilmente con la del resto”.

5.- La especial importancia de los indecisos

Una vez que convences a un indeciso, pensaba Quinto, éste pelearía mucho más por tu causa que cualquier otro: “Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te apoyarán mucho”.

6.- Los jóvenes, una importancia extraordinaria

Así relataba Quinto a su hermano Marco la especial importancia que cobra la gente joven en plena campaña electoral: “Alimenta la esperanza de los más jóvenes. Su edad los empuja fácilmente a la amistad. Es extraordinariamente grande y digno de admiración el celo que ponen estos muchachos a la hora de buscar votos, de salir al encuentro de las gentes, de propagar las noticias y de acompañar al candidato”.

7.- La necesidad de la multitud y el séquito

“De la afluencia del séquito se podrán deducir los medios y apoyos con los que vas a contar. Considero muy necesario y conveniente que vayas siempre rodeado de una gran multitud”.

8.- Un breve retrato de los enemigos

En un mundo lleno de “engaños, traiciones y perfidia”, decía Quinto, existen tres clases de enemigos: “Los que se han visto perjudicados por ti, los que sin motivo alguno no te aprecian y los amigos de tus competidores”.

9.- ¿Cómo convencer a un enemigo?

Dado que Quinto no daba a nadie por perdido para apoyar una causa, explicó a Marco cómo convencer incluso a aquellos que le despreciaban o se habían enemistado con él: “Justifícate ante los que has perjudicado y hazles ver que, si te brindan su amistad, podrás ayudarles en el futuro. Ante los que, sin motivo alguno, no te aprecian, dedícate a alejar de ellos ese sentimiento hostil haciéndoles algún favor. Da afecto a los amigos de tus competidores. Incluso si fuera necesario, para ganártelos, da afecto a los propios competidores”.

10.- Cómo lograr el fervor del pueblo

“El pueblo desea que el candidato lo conozca por su nombre, lo halague, mantenga un trato asiduo con él, sea generoso, suscite la opinión popular y ofrezca una buena imagen en su actividad pública. Haz que salten a la vista tus esfuerzos por conocer a los ciudadanos. Es necesario simular aquellas cualidades que no posees. Procura ser accesible día y noche. Abre las puertas de tu casa y también las de tu alma”, pidió Quinto a su hermano mayor.

11.- El arte de la adulación

Quinto consideraba la adulación algo negativo en la vida corriente que, sin embargo, cobraba en campaña una gran relevancia. En plena carrera electoral, apostaba por dominar este arte y transformarlo en votos: “Aunque en la vida corriente constituya un defecto vergonzoso, se hace imprescindible en una candidatura. La adulación es reprobable cuando los halagos corrompen a un hombre, pero cuando lo hacen más amistoso, entonces no tiene por qué ser tan censurada”.

12.- Promete incluso aunque no puedas cumplir

Quinto escribió un método que contemplaba la victoria a pesar de todo. Hablaba de un pueblo vulnerable que el político podía manejar a su antojo. Al ciudadano le gusta que le prometan, pensaba Quinto, y por eso hay que hacerlo, incluso a sabiendas de que en un futuro esas promesas no serán correspondidas: “Los hombres no solo quieren recibir promesas. Quieren que se las hagan con liberalidad y deferencia. Aquello de lo que no seas capaz, niégate a hacerlo amablemente o no te niegues; lo primero es propio de un hombre bueno, pero lo segundo es propio de un buen candidato. A menudo surgirán imprevistos que impedirán aprovechar la promesa a quienes la han recibido. Las promesas quedan en el aire, no tienen un plazo determinado de tiempo y afectan a un número limitado de gente; por el contrario, las negativas te granjean indudable e inmediatamente muchas enemistades”.

Con cinismo, malicia jocosa y un pragmatismo desbordante, Quinto Tulio Cicerón mandó una carta a su hermano llena de argucias y triquiñuelas con las que ganar unas elecciones. Dos mil años después, las promesas sin cumplir, la importancia de las multitudes, la adulación y la esperanza de los jóvenes siguen marcando las campañas electorales. Con este breviario electoral, Marco Cicerón ganó por unanimidad y se convirtió en uno de los hombres más poderosos de Roma.