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Pocoyó vuelve a la vida bursátil

Zinkia, creadora del popular personaje de dibujos animados infantil Pocoyó, ultima su regreso a cotización en la Bolsa española.

Zinkia, creadora de Pocoyo, quebró y resucitó.

Zinkia, creadora de Pocoyo, quebró y resucitó.

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Cuando una empresa entra en concurso de acreedores -lo que comúnmente se conoce como insolvencia y suspensión de pagos- es difícil que salga de esa situación. De hecho, la mayoría ‘muere’ y se liquidan sus activos. Sólo un puñado de sociedades -apenas un 5% en España- sale de esa situación y vuelve a operar con normalidad.

Zinkia, creadora de Pocoyó, será una de ellas. La empresa que preside José María Castillejo Oriol está en la recta final para volver a cotizar en bolsa, evento que podría producirse a partir de la semana que viene y que está pendiente de trámites con los reguladores. Su cotización ha permanecido congelada desde febrero de 2014 cuando los gestores del Mercado Alternativo Bursátil (MAB) la suspendieron debido al concurso de acreedores al que tuvo que acogerse la empresa para poder sobrevivir.

Vuelta al corriente de pagos

Esa situación judicial se resolvió el pasado 3 de septiembre, cuando el juez levantó el telón del concurso con la opinión favorable del administrador concursal, después de completar la refinanciación de su deuda, de unos 13 millones de euros. Zinkia ha logrado alargar los plazos de devolución y ha convertido a sus bonistas en acreedores ordinarios.

Casi 20 meses después, la empresa ha comenzado a actualizar sus estados financieros ante el MAB -de quien depende que sus acciones vuelvan a cotizar- y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que está encima de Zinkia debido a los bonos que tenía emitidos desde 2010 y otra emisión de obligaciones truncada en octubre de 2013. Los primeros bonos quedarán completamente extinguidos el próximo 12 de noviembre. También porque por aquellas fechas multó a la sociedad y su presidente José María Castillejo con 160.000 euros por posible manipulación de mercado en operaciones realizadas en 2011.

Su presencia en bolsa ha permanecido suspendida desde febrero de 2014. Debutó en el verano de 2009, convirtiéndose en la primera acción del llamado Mercado Alternativo Bursátil (MAB), dirigido a las pymes y 'startups'. La empresa vale en bolsa unos 11 millones de euros, a razón de 0,48 euros por acción. Dos informes distintos de los administradores concursales de Zinkia valoraron la compañía entre 67 y 69 millones.

Las claves de su resurrección

El concurso es una etapa difícil para una empresa. Tiene protección judicial para no pagar a sus proveedores, pero es difícil que su negocio vaya mejor que antes. Su reputación y capacidad de seguir vendiendo se ve mermada. Zinkia se ha convertido en una de estas excepciones. Llegó a un acuerdo con sus acreedores, renegoció los plazos de pago y ha comenzado a devolver el dinero que debía.

Zinkia ha regresado a beneficios en el primer semestre de 2015, con unas ganancias de 84.000 -frente a las pérdidas de 700.000 euros un año antes- y unos ingresos netos de 3 millones de euros. La clave de este retorno a la senda sostenible se encuentra en la venta de licencias para la explotación de la marca Pocoyó, que le ha permitido mantener un flujo continuo de ingresos por el pago de royalties.

También ha crecido su negocio publicitario a través, sobre todo, de sus canales en Youtube y las aplicaciones en Android e iOS. Pocoyó sigue haciendo las delicias de los niños. La audiencia a los primeros se ha duplicado en el último año, según la empresa.

Zinkia cuenta con 45 canales, 3,8 millones de suscriptores y suma 3.800 millones de reproducciones de vídeo, según datos de Google. Sus Apps también cuentan con decenas de millones de descargas en todo el mundo. Estas cifras le convierten, con toda probabilidad, en la marca española de entretenimiento con mayor alcance internacional.

Guerra accionarial

Pero detrás de la historia de superación de Castillejo y Zinkia emerge una cruenta guerra accionarial que estalló desde que comenzó la crisis de la compañía. José María Castillejo, su presidente y dueño de dos tercios de las acciones a través de su sociedad de cartera Jomaca 98, comenzó a atravesar problemas financieros particulares que le llevaron a su propio concurso de acreedores.

Fue en paralelo al de Zinkia y a una profunda crisis con el resto de miembros de su consejo de administración, que acabó con la salida de Alejandro Ballestero y Juan José Güemes, exdiputados del PP y afines a Castillejo hasta que comenzó la crisis empresarial. En ese momento comenzó una guerra cuyo desenlace está pendiente.

Se trata del pulso que enfrenta al mayor accionista (con el 64%) y el segundo socio, con el 11%. Se trata del mexicano Miguel Valladares, dueño del grupo de medios Mival (Pulso, Sinembargo,mx…) y miembro de una fortuna familiar fraguada en la siderurgia (Aceros San Luis), las telecomunicaciones y en la política mexicana.

Valladares,  segundo socio de la empresa, ha sido prestamista del propio Castillejo, cuyas cuentas personales entraron en crisis. El empresario azteca vio esa debilidad y reforzó su posición acreedora sobre el presidente de Zinkia con la compra de un crédito de 16 millones a Bankia por apenas 3 millones.

La garantía ese préstamo eran las propias acciones de Zinkia. Con ese derecho en la mano, Valladares pretende ejecutar la participación de Castillejo y tomar el control accionarial: podría alcanzar más del 60% de Zinkia. La guerra de accionistas está a punto de reanudarse en el terreno judicial. Por el camino, Zinkia, la empresa que inauguró el MAB en 2009, puede volver a cotizar tras su concurso.