Empleo

Radiografía del empleo: España es el país con más contratos temporales de la eurozona

Esta es la tierra del empleo precario y los contratos en fraude de ley

Un barrendero en el centro de Madrid

Un barrendero en el centro de Madrid Reuters

La dualidad del mercado laboral español es un grave problema y, para solucionarlo, los partidos políticos idean fórmulas como el contrato único, el contrato estable progresivo, abaratar el despido, etc. Fórmulas que buscan evitar un problema crónico de España, o como se dice en economía, estructural.

A la hora de analizar los datos de la evolución del tipo de contratación es importante tener en cuenta que la reforma laboral de 2012, que modificó las condiciones de las dos tipologías de contratos de modo que los indefinidos pasaban a tener algunas de las características de los temporales, como es el caso del periodo de prueba.

La lenta agonía del contrato indefinido

En los últimos años del boom ladrillero, entre 2006 y 2008, la firma de contratos indefinidos se multiplicó. En este tiempo casi 12 de cada 100 contratos nuevos eran fijos, llegando algunos meses a superar el 15%. Esto hizo que en unos pocos años subiese el porcentaje de los contratos indefinidos en 10 puntos, desde el 65% hasta el 75%.

Con la llegada de la crisis, el porcentaje de indefinidos todavía subió más, hasta casi el 80% en 2013, según los datos de la EPA (Encuesta de Población Activa), pero esto no se produjo porque se crearan muchos más contratos fijos, sino porque la mayor parte de los que se destruían eran temporales. Por mucho que sorprenda, ocho de cada 10 trabajadores de ese año eran fijos (sin contar la economía sumergida).

De hecho, a partir del año 2010 (y salvo un breve lapso en 2012) los nuevos contratos que se firmaban eran mayoritariamente temporales, lo que volvía a ampliar la dualidad en el mercado laboral español. Desde entonces, de los nuevos contratos que se firmaban, menos de un 9% eran indefinidos; el resto, todos temporales, según los datos del Ministerio de Empleo.

La reforma laboral del PP no modificó la tendencia del número de contratos indefinidos que se firmaban. Estaba en niveles muy bajos antes de que Mariano Rajoy llegase a La Moncloa y sigue en niveles muy bajos actualmente. Este es un grave problema para el mercado laboral español y ha provocado que lentamente haya ido cayendo el porcentaje de indefinidos sobre el total de trabajadores de España. Al cierre de 2015, un 74% de los contratos eran indefinidos, cuatro puntos menos de los que había en 2013.

A la cola de Europa

A pesar de las reformas y lascontrarreformas, España es el país de la eurozona con mayor tasa de temporalidad. Que uno de cada cuatro trabajadores no tenga un contrato indefinido es una anomalía que sería impensable en la mayor parte de los países europeos, pero que en España es la norma general. Según los últimos datos consolidados de Eurostat, los del cierre de 2014, el porcentaje de temporales en España era del 24%, mientras que la media de la eurozona era del 15,3%, casi la mitad.

Algunos países en los que la situación económica es mucho más complicada, tienen una situación mejor en lo que a la dualidad se refiere. El mejor ejemplo es el de Grecia, que al cierre de 2014 tenía una tasa de temporalidad del 11,6%. Una vez más, el mercado laboral de España destaca de los demás en Europa… y no precisamente para bien.

Los sectores sin cualificación

Los sectores con un nivel de cualificación más bajo y unas necesidades de contratación más estacionales son los que sufren en mayor medida el problema de la temporalidad. Tanto es así que en la agricultura, casi dos de cada tres empleados tienen un contrato temporal y sólo un tercio son indefinidos. El sector de la construcción no tiene un escenario más benigno, aquí el porcentaje de contratos fijos es del 58% y el 42% restante son todos temporales.

La temporalidad en estos sectores ha sido la tónica general durante la última década, según los datos de la EPA. Al inicio de la crisis, el porcentaje de indefinidos aumentó en todos los sectores, como consecuencia de la cantidad de trabajos temporales que se destruían, pero con el tiempo, como no se firmaban nuevos fijos, los porcentajes se han reequilibrado con los que había antes de la crisis.

Una posible solución para este tipo de sectores en los que la demanda de mano de obra es tan estacional es la modalidad de contrato fijo discontinuo. Esta figura nunca ha tenido éxito en España, pero podría darle al trabajador cierta estabilidad, ya que puede ser llamado en las épocas de trabajo y en las temporadas bajas, trabajar en otra empresa o sector.

La temporalidad se concentra en el sur

El trabajo temporal y el desempleo van de la mano en España. Esta situación tiene sentido, ya que se concentran la mayor exposición a empleos que tienen mano de obra poco cualificada y con una alta tasa de paro. Andalucía es la comunidad autónoma con peor índice de contratos indefinidos, ya que apenas el 64,5% de los trabajadores de la región son fijos, esto es, diez puntos por debajo de la media nacional y casi 20 puntos por debajo de Madrid, la comunidad con más porcentaje de trabajadores fijos.

Extremadura, Murcia y Canarias también están en los puestos de cola, con un porcentaje de contratos indefinidos del 65,9, 66,8 y 67,5%, respectivamente. Por el contrario, las comunidades con empleos más cualificados y una economía más próspera se sitúan entre los mejores puestos, como es Cataluña (79,7% de empleos fijos), País Vasco (76,1%) o La Rioja (81%).

Se cierra la brecha entre hombres y mujeres

Hacia mediados de los años dos mil, la brecha de la temporalidad entre los hombres y las mujeres era amplia, de hasta cinco puntos porcentuales. El 70% de los hombres con contrato eran indefinidos, mientras que entre las mujeres, el porcentaje caía hasta el 65%. Esta distancia se mantuvo hasta finales de 2006, cuando empezó a reducirse.

En 2016 esta brecha puede darse por cerrada del todo. El 74% de los contratos, tanto en hombres como en mujeres, son indefinidos, el mismo nivel en los dos sexos. Los dos porcentajes están casi unidos desde 2014, lo que invita a pensar que esta es la nueva situación estructural de la economía española.